RELATO
¿Cómo había llegado a detestarlo tanto? Él ya no lo recordaba.
Ahora, el solo hecho de mirarlo, le revolvía todo su interior. Luego, todo ese malestar, pasaba a convertirse en aborrecimiento. Y, de manera casi inconsciente, GoodHeart comenzaba a desearlo verlo muerto.
Porque entonces, como decía aquel dicho: “muerto el perro se acaba la rabia”. Y GoodHeart, ahora, lo sabía perfectamente: “solamente muriendo aquel, la paz y el silencio VOLVERÍAN A SER por siempre, otra vez, los habitantes de este mismo lugar que él ya venía temiendo desde hace ya un tiempo atrás”.
Ruido…, pero también su misma presencia. GoodHeart los había comenzado a detestar por igual. Y, aunque a veces su conciencia interior le dijese que hacía mal en desearle la muerte, él simplemente no podía callar esos mismos deseos y malos sentimientos.
“¡Muérete! Para que así ya no haya más ese maldito ruido…”
GoodHeart, que toda su vida había tenido un buen corazón, ahora había comenzado a albergar en ese mismo corazón todos esos deseos y sentimientos muy malos.
Pero no era su culpa. Aquella amenaza, en forma de ruido, es lo que había convertido su corazón bueno en uno malo.
En su mente, en completo silencio y secreto, GoodHeart, una y otra vez imaginaba gritarle a aquel, en su propia cara, antes de darse la vuelta, y así largarse de este lugar:
“SOLAMENTE REGRESARÉ AQUÍ, OTRA VEZ… ¡CUANDO TÚ TE MUERAS!”
ANTHONY FLEMING SMART
Mayo/18/2026
3:00 p.m. 3:17 p.m. Lunes