José Luis Parra
La vida es un meme.
Y la política también.
La gente ya no sabe bien si reír o llorar.
Y los políticos, como siempre, para llorar.
Y para reír también.
Dicotomía perversa.
Y mafiosa también.
¿A poco estamos ignorando esa cantidad industrial de gobernantes y políticos detenidos o señalados por sus presuntos vínculos con delincuentes?
No.
Y eso lo saben los delincuentes.
Y los políticos también.
¿Hasta cuándo?
Hasta que la gente se canse y defina en qué bando se queda.
Del lado de quienes solamente se lamentan.
O de quienes decidan cortar por lo sano.
Mientras definen, tenemos que seguir viendo el espectáculo.
Porque ahora resulta que hasta los memes entraron al debate nacional.
Sí.
Los memes.
Esos dibujitos, fotografías alteradas y ocurrencias que durante años han servido para burlarse del presidente en turno, del gobernador, alcalde, diputado, senador o político que tuvo la mala fortuna —o el mérito— de convertirse en material para la creatividad popular.
La política mexicana siempre ha tenido caricatura.
Antes era con tinta.
Ahora es con Photoshop.
Antes aparecía en los periódicos.
Ahora llega por WhatsApp.
La diferencia es tecnológica.
La burla es la misma.
Y el poder tampoco ha cambiado demasiado.
Nunca le ha gustado que se burlen de él.
El dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, encendió la alarma este fin de semana al advertir sobre posibles afectaciones a memes, sátiras, parodias, caricaturas y otras expresiones de crítica política por la reforma en materia de propiedad industrial que actualmente se procesa en el Senado.
El pleito está alrededor del famoso artículo 403 Bis de la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial.
La iniciativa original planteaba castigar el uso, reproducción o imitación, a escala comercial, de identidad gráfica institucional, dominios electrónicos u otros signos oficiales cuando fueran utilizados para inducir al error o engaño.
Y ahí empezó el problema.
Porque una cosa es perseguir a quien fabrica una página falsa del SAT para vaciar cuentas bancarias.
Y otra muy diferente perseguir al ciudadano que utiliza el logotipo de una dependencia para burlarse del gobierno.
Entre una cosa y otra existe un pequeño detalle.
Se llama libertad de expresión.
Ante las críticas de la oposición, las comisiones del Senado modificaron la propuesta original. La nueva redacción acota la conducta sancionable al uso de identidad gráfica o documentos oficiales, a escala comercial, para engañar con la intención de cometer un ilícito. También redujo la pena propuesta.
Morena sostiene, por ello, que los memes no están en peligro.
El PAN sostiene que las garantías deben quedar perfectamente claras.
Y ahí está precisamente el asunto.
Las leyes no deberían necesitar explicación posterior para tranquilizar a los ciudadanos.
Mucho menos cuando pueden tocar la crítica al poder.
Porque si algo caracteriza al poder es su enorme capacidad para interpretar las leyes dependiendo de quién esté sentado enfrente.
Jorge Romero resumió su postura con una frase bastante aprovechable políticamente: si al gobierno le molestan las críticas, que responda con resultados; y si le incomodan los memes, que deje de dar motivos.
Bonito.
Hasta parece meme.
Pero el tema merece bastante más seriedad que la guerra cotidiana entre Morena y PAN.
Porque hoy gobierna Morena.
Mañana quién sabe.
Y una herramienta jurídica ambigua que hoy pudiera beneficiar a unos, mañana puede caer en manos de otros.
Las leyes sobreviven a los gobiernos.
Los abusos también.
México tiene suficientes problemas como para agregarle uno bastante ridículo: ciudadanos preguntándose si una ocurrencia publicada en Facebook puede terminar convertida en expediente.
La piratería debe combatirse.
El fraude también.
La suplantación de instituciones públicas, por supuesto.
Pero la sátira política debe quedar fuera de cualquier sospecha.
Clarito.
Sin interpretaciones.
Sin letras chiquitas.
Sin necesidad de que algún senador explique después qué quiso decir el legislador.
Porque un gobierno democrático debe aguantar críticas.
Y también burlas.
Incluso las injustas.
Incluso las de mal gusto.
Incluso las que duelen.
Es parte del paquete.
Quien quiera gobernar sin críticas se equivocó de profesión.
Puede dedicarse a otra cosa.
A vender seguros.
Aunque también ahí encontrará memes.
Por cierto.
Tal vez el verdadero problema de nuestra política no sea que existan demasiados memes.
Es que existen demasiados políticos empeñados en convertirse en uno.
Y para eso no necesitan reforma alguna.
Ellos solitos hacen méritos.