Cicuta
Jaime Flores Martínez
Viernes 29 de mayo del 2026.- Convencido que con esa declaración se jugaba su futuro político, el actual secretario de Seguridad del país Omar García Harfuch se atrevió a exonerar al impresentable gobernador con licencia de Sinaloa Rubén Rocha Moya.
¡Metió las manos al fuego por un narcogobernador!
Y no se trata de juzgar a la ligera a Rocha Moya, sino resaltar que Estados Unidos lo acusó públicamente de tener vínculos con el narcotráfico.
Aunque autoridades del vecino país solicitaron a México su detención con fines de extradición, el secretario García Harfuch lo libró de cualquier responsabilidad penal.
¡Salió en la mañanera a lavarle la cara!
Aunque el martes 19 Cicuta aludió el riesgo que corre Harfuch al exonerar a Rocha, vale la pena subrayar que un personaje considerado “técnicamente impecable y un estratega de la seguridad”, está en riesgo de perder su capital político.
Hasta el 13 de mayo, fecha de sus desafortunadas declaraciones, este hombre era considerado el natural sucesor de la actual presidenta Claudia Sheinbaum.
Esa mañana, en una declaración pública que todavía retumba en los pasillos del poder, Harfuch prácticamente absolvió al gobernador con licencia de Sinaloa Rubén Rocha Moya al asegurar que “no existen elementos” en su contra.
Así, sin matices, sin reservas y —sin siquiera— el clásico “las investigaciones continúan”, sería difícil concebir que Harfuch está consciente que se daba un monumental disparo en el pie.
En un México dominado por la narcopolítica, las palabras pesan más que las balas y Harfuch acaba de cargar sobre sus hombros una responsabilidad que puede pulverizarle el futuro político.
El problema no radica únicamente en defender a Rocha sino el verdadero problema nace de las implicaciones de esa defensa.
Son dos rutas para interpretar la postura del secretario y la primera resulta demoledora.
Esa primera ruta indicaría que Harfuch desconoce el tamaño de la relación política y criminal que —desde hace años— se comenta alrededor del mandatario sinaloense y el entorno de Los Chapitos. Significaría que el hombre encargado de la seguridad nacional vive desconectado de los expedientes, de la inteligencia militar, de los reportes estadounidenses y de la realidad criminal de Sinaloa y a eso se le llamaría incapacidad.
Y una incapacidad de ese tamaño no admite medias tintas, pues nadie puede dirigir la seguridad de un país infiltrado por el narcotráfico.
Quedaría claro que ignora lo que conocen periodistas, agencias extranjeras, analistas, operadores políticos y buena parte de la población sinaloense.
La segunda ruta luce todavía peor.
En este caso Harfuch sí conoce el fondo del asunto, aunque decidió proteger políticamente a Rocha.
Habrá quien señale que optó por convertirse en muro de contención de un personaje cuya administración quedó marcada por sospechas de cercanía, tolerancia y/o sometimiento al crimen organizado.
Eso, evidentemente se le llamaría “complicidad”.
Aquí habría que resaltar que ambas hipótesis destruyen cualquier aspiración presidencial y también cualquier narrativa de hombre eficaz.
Al traste se iría cualquier imagen de policía moderno que se intentó vender durante años.
Harfuch ya no podrá refugiarse en la ambigüedad pues el mismo se colocó en el centro del incendio.
Nadie —aparentemente— le exigió exonerar a Rocha Moya. Nadie lo obligó a meter las manos al fuego por un gobernador cuya figura se convirtió en sinónimo de descomposición política en Sinaloa.
El secretario pasó por alto algo elemental en política: defender a un personaje tóxico provoca contaminación inmediata.

Ah
A propósito de eventuales sucesores de Sheinbaum, la misma presidenta deberá entender que, así como agiganta a TV Azteca al lanzarle señalamientos, de la misma forma doña Claudia construye un monstruo en la figura de la panista Maru Campos gobernadora de Chihuahua.
La persecución contra Campos la engrandeció ya ante los ojos de los mexicanos.
Doña Claudia comete errores gravísimos y parece no darse cuenta. Cicuta ya lo refirió: los enanos crecen al ser señalados con el dedo.
Luévano
Practicante de un nivel de vida de millonario que incluye el gusto de utilizar camionetas lujosas y ropa de diseñador italiano, el ex dirigente del PAN de Tijuana Raúl Felipe Luévano Ruíz no tiene empacho en alardear ante empresarios que es uno de los “brokers” oficiales de los gobiernos de Morena.
Por eso Luévano afirma que “quien quiera hacer negocios” con los gobiernos de Marina del Pilar Ávila Olmeda e Ismael Burgueño Ruiz debe acercarse a él “con las maletas”.
Quien también fuera secretario de Gobierno de Tijuana asegura que “le va mejor” con MORENA que con el disminuido partido blanquiazul.
Habrá que recordar que Raul Felipe fue cesado por el entonces alcalde Juan Manuel Gastélum alias “El Patas” (QEPD) por tratar de “picarle los ojos”.
Positivo
Qué bueno que los diputados bajacalifornianos atienden las demandas de quienes tienen hijos con algún tipo de discapacidad y son intermitentemente rechazados al buscar el ingreso de esos menores.
Hace apenas unos días, los legisladores locales lanzaron un exhorto a la Secretaría de Educación y a la Comisión Estatal de Derechos Humanos para que redoblen la atención en colegios particulares que incurren en discriminación y practican la no inclusión al tratarse de niños con capacidades diferentes.
Esos menores requieren más atención y desgraciadamente en muchas ocasiones son rechazados.
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