ESENCIA DE MUJER
POR YAZMÍN ALESSANDRINI
Cuenta la leyenda que, no hace mucho tiempo, México brilló en el concierto internacional, gracias a que dio cátedra como anfitrión al organizar tres eventos deportivos de talla primerísima envergadura: Los Juegos Olímpicos de 1968 y las copas mundiales de fútbol soccer de 1970 y 1986. En estas tres justas deportivas, México estuvo permanentemente bajo la lupa porque muchas naciones dudaron de que nuestro tendría la capacidad y el nivel para organizar tres competencias con la etiqueta de “mundial”.
Pero ante las dudas, nuestro gobierno, las instituciones y la iniciativa privada decidieron ponerse a jalar parejo para que dichas justas no sólo pasaran la prueba del ácido, sino que se convirtiern en el parámetro universal de organización, logística e infraestructura.
Así las cosas, México echó la casa por la ventana e hizo lo inimaginable para que esa Olimpiada y esas dos Copas del Mundo trascendieran como ejemplo del compromiso y lo bien hecho.
Estadios, la Villa Olímpica, la construcción del Sistema de Transporte Colectivo Metro, los ejes viales, mejoras en el Aeropuerto Internacional Ciudad de México “Benito Juárez” (AICM)… arquitectos, urbanistas e ingenieros se pusieron a trabajar en serio para transformar a nuestra capital y a nuestro país en un espacio digno para nuestros visitantes nacionales y extranjeros.
Sin embargo, a cuatro décadas de distancia de México 1986 y a dos semanas del juego inaugural entre México y Sudáfrica en el Estadio Azteza (Banorte, Ciudad de México, el Reino del Ajolote o vaya usted a saber cómo se va a llamar este viernes), no hay un solo gramo de entusiasmo por parte de los mexicanos por este evento internacional qu hace estallar de pasión a millones de aficionados, sobre a todo los del país anfitrión.
Faltan 13 días para que se inaugure la Copa del Mundo en la Ciudad de México y la única certidumbre que tienen los verdaderos aficionados a este deporte (el pueblo) es que este Mundial no es para ellos. La Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), los tres gobiernos involucrados en la organización de esta justa -México, Canadá y Estados Unidos- y los comités organizadores designados para este fin ya se encargaron de arrancarle a Juan pueblo la posibilidad de que acuda a presenciar en vivo alguno de los 13 partidos que se disputarán en suelo mexicano (CDMX, Guadalajara y Monterrey). La verdadd es que un mexicano promedio, ese que qusiera acudir algún estadio con su esposa y sus tres hijos ,ni de chiste podría costearse ese lujo… a menos que venda un riñón.
¿Dónde quedó la arenga esa de por el bien de todos primero los pobres?
Además, si nos ponemos a platicar sobre la infraestructura dispuesta para atender a los turistas que nos visitarán (muchos de ellos ya empezaron a llegar), la cosa se pone espantosa: Hay baches por doquier; el AICM está de pena ajena, inundado y con goteras; la principal vía turística de la capital (Paseo de la Reforma) está intransitable porque parece un tianguis de Iztapalapa; los accesos para llegar al Estdio Azteca son un deseastre.
Pero cuando menos ya hay una plaga de ajolotes morados dispuestos a darle la bienvenida a los turistas y también, si quieren, pueden ir a la estación del Metro Taxqueña a tomarse una selfie en el candelabro de almacenes el Triunfo.