Publicidad
← Portada

Columna de opinión

Incendian el histórico Ayuntamiento de Limoges, durante las protestas que sacuden Francia

Alberto Carbot

3 visitas
Alberto Carbot
Publicidad

El fuego destruyó el campanario y gran parte del edificio, construido en 1883, que ya había sido atacado el pasado 1 de octubre

La ciudad francesa de Limoges, situada a unos 390 kilómetros de París, perdió este sábado buena parte de uno de sus edificios más representativos. Individuos encapuchados incendiaron el Ayuntamiento durante los disturbios registrados al término de una manifestación. El ataque ocurrió después de varias semanas de protestas estudiantiles, sindicales y ciudadanas contra el encarecimiento de la vida y el deterioro de los servicios públicos.

Alberto Carbot

 

El histórico Ayuntamiento de Limoges, inaugurado hace 143 años y protegido por las leyes francesas de conservación del patrimonio, sufrió este sábado un incendio devastador durante los disturbios registrados al término de una manifestación contra el encarecimiento de la vida. El inmueble perdió su campanario y buena parte de la cubierta, que se desplomó sobre varios pisos. Limoges es una ciudad del centro-oeste de Francia, capital del departamento de Haute-Vienne, perteneciente a la región de Nueva Aquitania, aproximadamente a 390 kilómetros de París por carretera.

Conocida internacionalmente por su porcelana, su actividad industrial y sus tradiciones artísticas, la ciudad se convirtió en uno de los escenarios más graves de violencia durante una jornada de movilizaciones que se extendió por buena parte del territorio francés. Los incidentes comenzaron después de una manifestación en la que participaron alrededor de cinco mil personas, según las autoridades departamentales. Un grupo de individuos encapuchados incendió primero un vehículo de la policía municipal frente al Ayuntamiento y posteriormente rompió los cristales para introducirse en el edificio, donde provocó el fuego. Las llamas avanzaron por una de las alas hasta alcanzar la estructura de la techumbre. Los bomberos intentaron contener el incendio mientras grandes columnas de humo se elevaban sobre el centro de Limoges.

A poca distancia, cientos de habitantes observaban cómo ardía el inmueble. Una empleada municipal, incapaz de contener el llanto, fue consolada por una representante del gobierno local, según relató un corresponsal de la Agencia France-Presse. El prefecto de Haute-Vienne, Maurice Barate, calificó los daños como una “catástrofe patrimonial” y declaró a la AFP que el edificio estaba “en gran parte perdido”.

 


Según su evaluación preliminar, la cubierta se había desplomado sobre los pisos inferiores, con excepción del ala oeste, mientras aproximadamente dos tercios de la fachada habían desaparecido. El campanario, de 43 metros de altura, una de las características más reconocibles del conjunto arquitectónico, también sucumbió al fuego. Barate precisó que en el interior se encontraban empleados municipales, policías y representantes de las autoridades cuando comenzó el ataque, aunque ninguno de ellos resultó herido. La magnitud del incendio impedía establecer todavía qué partes de la estructura podrían conservarse y cuáles tendrían que reconstruirse.

El alcalde Guillaume Guérin condenó la violencia de los atacantes y anunció que el gobierno municipal emprendería acciones judiciales para exigir responsabilidades. También expresó su preocupación por la gravedad de los daños y por la seguridad de las personas que se encontraban dentro del inmueble cuando comenzó el incendio. Las autoridades señalaron que los servicios públicos municipales continuarían funcionando mediante una reorganización de sus dependencias. En otros sectores de Limoges se registraron enfrentamientos entre manifestantes y policías, vehículos incendiados y saqueos de establecimientos comerciales.

El prefecto insistió en distinguir entre quienes participaron pacíficamente en la movilización y los individuos responsables de los incendios y destrozos. La identidad de los autores materiales del ataque al Ayuntamiento continuaba bajo investigación.

La violencia de este sábado tiene antecedentes en un movimiento de inconformidad que comenzó a tomar fuerza durante septiembre. Uno de sus primeros focos surgió entre estudiantes de enseñanza secundaria de los suburbios de París, donde profesores y alumnos protestaron por la falta de personal docente, las deficiencias de las instalaciones y la insuficiencia de recursos para atender a los escolares. Las movilizaciones se extendieron hacia otros establecimientos educativos y universidades. Durante las semanas siguientes se multiplicaron los bloqueos escolares, las concentraciones y las demandas de mejores condiciones de enseñanza.

 

Los estudiantes encontraron respaldo entre organizaciones sindicales, profesores y trabajadores del sector público, que denunciaban problemas semejantes en sus respectivos ámbitos laborales. Lo que inicialmente parecía una protesta limitada al sistema educativo comenzó a adquirir dimensiones nacionales.

A esas protestas se sumaron otras reclamaciones relacionadas con el aumento de los precios, la pérdida del poder adquisitivo, los salarios, las pensiones y el funcionamiento de los servicios públicos. Organizaciones como la Confederación General del Trabajo, CGT, respaldaron las movilizaciones y promovieron la participación de distintos sectores sociales. El movimiento comenzó a incorporar a empleados públicos, trabajadores, jubilados y participantes identificados con las protestas de los llamados chalecos amarillos, que sacudieron Francia a partir de noviembre de 2018.

Aunque las reivindicaciones y las organizaciones participantes no eran necesariamente las mismas, coincidían en expresar su descontento con las políticas económicas y sociales del gobierno del presidente Emmanuel Macron. La convocatoria del 17 de octubre había sido preparada durante las semanas anteriores y las autoridades nacionales habían advertido sobre el riesgo de nuevos enfrentamientos.

En Limoges, los incidentes tampoco comenzaron este sábado. El pasado 1 de octubre, durante otra jornada de movilizaciones juveniles, el Ayuntamiento había sido atacado y su puerta principal resultó dañada. También se registraron destrozos en las inmediaciones de la plaza que rodea el edificio. Al día siguiente, el gobierno municipal difundió un comunicado en el que condenó las agresiones y anunció que presentaría una denuncia judicial para identificar a los responsables y reclamar la reparación de los daños. Guérin agradeció entonces la actuación de los empleados municipales y expresó su rechazo a las agresiones contra instalaciones públicas. Dieciséis días después, el mismo inmueble volvió a convertirse en objetivo de los disturbios, esta vez con consecuencias considerablemente más graves. La coincidencia del lugar no demuestra, por sí sola, que los autores de ambos ataques fueran las mismas personas.

La jornada del 17 de octubre había sido convocada en distintas ciudades francesas mediante organizaciones sindicales, colectivos estudiantiles y redes sociales. El Ministerio del Interior calculó una participación aproximada de 550 mil personas, mientras los organizadores elevaron la cifra a 800 mil. En París se registraron enfrentamientos entre manifestantes y policías, particularmente en los alrededores de la plaza de la República, mientras en Lyon, Marsella, Burdeos y otras ciudades hubo incendios, saqueos y daños a edificios públicos. Los reportes difundidos durante la noche elevaron a más de mil 200 las detenciones en el conjunto del país, cifra que no debe confundirse con las detenciones específicas de Limoges.

El primer ministro Sébastien Lecornu condenó las agresiones y atribuyó parte de la violencia a grupos radicales, mientras las fuerzas de seguridad enfrentaban cuestionamientos por el uso de sus dispositivos antidisturbios. La protesta social y los actos de violencia callejera terminaron ocupando simultáneamente la atención de las autoridades francesas y de los medios internacionales.

 

Un edificio vinculado a la historia republicana de Francia

La construcción del Ayuntamiento de Limoges fue posible gracias a una importante herencia que Alfred Fournier, un acaudalado propietario de la ciudad, dejó al municipio en 1873. Hasta entonces, las autoridades locales habían ocupado instalaciones que resultaban insuficientes para atender las necesidades de una población en crecimiento. El antiguo Ayuntamiento, levantado en 1811, era una construcción mucho más modesta, de una sola planta y con un pequeño campanario central.

El 1 de noviembre de 1877 se convocó un concurso arquitectónico para levantar una nueva sede municipal, cuyo proyecto ganador correspondió al arquitecto parisino Charles-Alfred Leclerc. Los trabajos comenzaron en 1879 y concluyeron cuatro años después. El edificio fue inaugurado el 14 de julio de 1883, aniversario de la toma de la Bastilla, durante la Tercera República francesa, que buscaba consolidar sus instituciones después de la derrota ante Prusia y las convulsiones políticas de la década anterior.

Leclerc concibió un edificio monumental inspirado en el antiguo Ayuntamiento de París, destruido por un incendio durante los acontecimientos de la Comuna de 1871. El proyecto de Limoges combinaba elementos de la arquitectura francesa del Renacimiento tardío con características propias del estilo Luis XIII. El conjunto estaba dominado por un campanario de estructura metálica, revestido con elementos ornamentales de zinc. La referencia al antiguo Ayuntamiento parisino añade una circunstancia histórica al desastre de este sábado, pues ambos edificios, separados por más de siglo y medio, terminaron gravemente dañados por incendios ocurridos en medio de episodios de violencia política y social.

El valor del Ayuntamiento no se limitaba a su fachada. En su construcción y decoración participaron artistas de reconocido prestigio, entre ellos los escultores Tony Noël y Adolphe-Martial Thabard, así como los pintores Henri-Paul Motte, Abel Trinocq, Jean-Joseph Weerts y Urbain Bourgeois. En el interior había pinturas históricas, techos decorados y una escalera de honor concebida como parte importante de la representación oficial del municipio. La fachada principal incorporaba mosaicos dedicados a personajes vinculados con la historia regional. Frente al inmueble se levantó, en 1893, una fuente monumental diseñada por Charles Genuys, realizada con granito, bronce y cerámica, con la participación de profesores y alumnos de la escuela de artes decorativas de la ciudad. La presencia de estos materiales recordaba la tradición artesanal de Limoges, particularmente su producción de porcelana y sus trabajos de esmalte artístico.

El 15 de enero de 1975, las autoridades francesas inscribieron las fachadas y cubiertas del Ayuntamiento, así como la fuente de la plaza, en el registro de monumentos históricos, una protección legal destinada a preservar determinados elementos del patrimonio arquitectónico nacional. La inscripción era parcial y no comprendía la totalidad del edificio, aunque sus interiores también contenían piezas artísticas de considerable interés. Esta distinción resulta importante para determinar las consecuencias patrimoniales del incendio, porque los daños afectan tanto a elementos protegidos expresamente por la legislación francesa como a espacios y objetos cuya situación deberá establecerse mediante un inventario especializado. La fuente monumental, ubicada frente al Ayuntamiento, forma parte del conjunto histórico, aunque hasta las últimas informaciones disponibles no existía una evaluación definitiva sobre posibles daños sufridos durante los enfrentamientos.

Limoges también ocupa un lugar particular en la historia de la Segunda Guerra Mundial. En mayo de 1940, después de la invasión alemana de Bélgica y de la capitulación de su ejército, integrantes del gobierno belga y numerosos parlamentarios se refugiaron en Francia. La ciudad acogió reuniones y deliberaciones relacionadas con la crisis política que enfrentaba el país ocupado.

El Ayuntamiento había sido objeto de importantes trabajos de restauración durante los últimos años. El 3 de diciembre de 2019, las autoridades inauguraron la fachada principal renovada, después de una intervención que incluyó limpieza de mampostería, reparación de esculturas, recuperación de mosaicos, sustitución de ventanas y modernización de la iluminación. Aquella primera etapa tuvo un costo aproximado de 960 mil euros, dentro de un programa de conservación más amplio. Ahora, el incendio obliga a realizar una nueva evaluación estructural y patrimonial para determinar qué elementos podrán recuperarse.

También será necesario establecer el destino de las pinturas, documentos, mobiliario histórico y demás objetos conservados en el interior. Hasta las últimas informaciones disponibles no se había difundido un inventario definitivo de las pérdidas. Mientras las autoridades investigan a los responsables del ataque y organizan la continuidad de los servicios municipales, Limoges enfrenta la perspectiva de reconstruir un edificio que acompañó su historia durante casi siglo y medio y cuya destrucción representa una pérdida considerable para el patrimonio arquitectónico francés.

Publicidad

Más columnas de Alberto Carbot