InicioAlejandra Del Río“Infraestructura del absurdo: el costo de las obras que no sirven”

“Infraestructura del absurdo: el costo de las obras que no sirven”

Por Alejandra del Río

 

En México, la infraestructura dejó de ser sinónimo de desarrollo para convertirse en monumento a la obstinación política. No son obras públicas: son símbolos de poder construidos con dinero ajeno. Y ese dinero —el de todos— hoy está enterrado en proyectos que no operan, no producen o simplemente no funcionan.

El dato es brutal:

Las tres megaobras insignia del sexenio pasado —Tren Maya, Refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto Felipe Ángeles— alcanzaron un costo conjunto cercano a 1.18 billones de pesos.

Para dimensionarlo: ese monto equivale a multiplicar varias veces el presupuesto anual de sectores clave como ciencia, campo o salud.

El tren que no transporta… El Tren Maya fue vendido como motor turístico y detonador económico. La realidad es otra:

• Su costo pasó de 197 mil millones a más de 450 mil millones de pesos, con incrementos de hasta 176%.
• En operación, requiere subsidios desproporcionados: por cada peso que genera, llega a recibir hasta 108 pesos del erario.

No es un tren rentable, es un tren sostenido artificialmente.

Y lo más grave: no conecta polos industriales relevantes ni responde a una demanda natural de movilidad. Es, en esencia, un proyecto político con costos económicos permanentes y que causo daños ecológicos irreversibles.

Dos Bocas: la refinería que no refina… mas que problemas

La Refinería en Dos Bocas, es el paradigma de la improvisación energética:

• Se estimó en 211 mil millones de pesos y terminó cerca de 400 mil millones.
• Años después de su inauguración simbólica, sigue operando por debajo de su capacidad, es una refinería que se inunda, se incendia, se retrasa, se vuelve a retrasar, que no produce al nivel prometido… pero que ya consumió recursos equivalentes a décadas de inversión energética estratégica.

México apostó por refinar petróleo cuando el mundo apostaba por energías limpias.

No es solo un error financiero. Es un error de época, de tecnología y de proteccción al medio ambiente, que hoy además de costarle dinero a los mexicanos nos cuesta calidad de vida.

AIFA: el aeropuerto sin vuelos, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles nació marcado por su propia contradicción:

• Costó alrededor de 175 mil millones de pesos considerando la cancelación del aeropuerto de Texcoco.
• Esa cancelación por sí sola implicó tirar a la basura más de 140 mil millones de pesos.

Un aeropuerto construido… después de destruir otro, un capricho de López que nos dejo sin un HUB que no es necesario, ¡Es urgente!.

Hoy, su problema no es la infraestructura, sino la demanda.

Un aeropuerto sin conectividad suficiente, es un monumento a la incompetencia y a la falta de visión de los gobiernos morenistas.

El Interoceánico: trenes que ni siquiera se sostienen, El Corredor Interoceánico, presentado como alternativa al Canal de Panamá, enfrenta otra realidad:

• Requiere más de 24 mil millones de pesos en subsidios y enfrenta una bajísima demanda.
• Ha acumulado accidentes y problemas operativos desde su inicio.

Aquí no hablamos de sobrecostos solamente, hablamos de un peligro latente que ya costo vidas y que sigue sin tener un mercado real-

Pero el verdadero costo de todo esto es lo que México dejó de construir.

El problema no es solo cuánto costaron las inútiles obras de López Obrador,
es lo que México dejó de hacer con ese dinero.

Los sobrecostos acumulados superan los 673 mil millones de pesos.

Ese monto pudo haber significado:

• Hospitales equipados en todo el país
• Infraestructura hídrica en ciudades colapsadas
• Seguridad pública profesionalizada
• Energía limpia y competitiva

Pero no.

Se fue a trenes que no transportan, refinerías que no refinan y aeropuertos sin vuelos despegando.

Lo que todos quisieramos saber, es cual es la lógica política detrás del despilfarro.

Estas obras no se explican desde la economía, se explican desde el poder.

Son proyectos diseñados para:

• Dejar legado simbólico
• Consolidar control territorial
• Alimentar narrativa política

No importa que no funcionen, importa que existan.

Mientras tanto el país paga la factura

México no enfrenta un problema de falta de recursos, enfrenta un problema de falta de decisiones atinadas.

Tener un aeropuerto que funcionara como centro real de distribución y conectividad en Texcoco, hubiera costado una 5a parte de lo que costo cancelar ese proyecto, pagar a los proveedores y construir el adefesio que nadie utiliza (AIFA) y hoy tendríamos unas instalaciones aeroportuarias del nivel de Dubai, Singapur o Estambul, pero López hubiera tenido que tragarse sus críticas e inaugurar el mayor proyecto de Peña Nieto y como todos sabemos la vanidad le ganó al bien común.

Cuando un país invierte más de un billón de pesos en infraestructura que no genera valor, no estamos ante errores técnicos.

Estamos ante una forma de gobernar donde el presupuesto no es herramienta de desarrollo, sino instrumento de propaganda.

Y al final, como siempre, la factura no la paga el gobierno… la paga el país.

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