Columna de opinión
La Costumbre del Poder: Carta responsiva vs mandato constitucional
Gregorio Ortega Molina
* Ojalá el dilema emotivo, emocional e incluso de contacto físico de niños y adolescentes se solucionara de manera tan simple como favorecer el socializar con los “amigos” que dejaron de hacerlo hace 14 o 16 meses. Sólo encontrarán el espacio propicio para comunicar lo que sucede en casa
Gregorio Ortega Molina
Cómo actuar cuando las importantes decisiones gubernamentales dejan de ser equivocadas para convertirse en estupideces. Exigen a padres de familia una carta responsiva para que las autoridades escolares y educativas puedan eludir la responsabilidad de los contagios, en los planteles gestionados por el Estado -si ocurren-, y sus consecuencias. ¿Dónde, entonces, el cumplimiento del mandato constitucional?
Ponemos a nuestros hijos en manos de los docentes y las autoridades escolares, con la certeza de que durante su permanencia en las instituciones educativas estarán seguros y regresarán a sus hogares sanos y salvos. Imposible olvidar que también la salud es, junto con la educación, un mandato constitucional. Ahora resulta que la 4T desea eludirlo, lavarse las manos, y dejar esa responsabilidad en manos de los progenitores.
Coincido en la importancia y urgencia de que niños y adolescentes regresen a clases presenciales, pero no para avalar la actitud irresponsable del gobierno federal ni a la trompa talega ante riesgos sanitarios difíciles de conjurar (hasta el 7 de septiembre 39 planteles en la república con contagios). La muerte en el aula pesará más que las sucedidas en hospitales y domicilios.
Leo en Vértigo los argumentos esgrimidos. Les comparto lo esencial: “A causa del encierro por la pandemia los especialistas calculan que entre tres y cuatro de cada diez niños sufren trastornos emocionales como alteraciones del sueño (pesadillas) o de tipo alimenticio como bulimia o atracones, así como falta de concentración en actividades escolares, mal humor y temor de que sus padres o ellos mismos enfermen de Covid-19.
“También sufren de hiperactividad, insomnio o aumento de berrinches, manifestaciones que pueden ser síntomas de ansiedad y depresión como resultado de que muchos menores no lograron procesar el encierro, así como la falta de actividad y de convivencia con sus amigos, situación que también han vivido sus padres y otros integrantes de la familia”.
Lo anterior nos muestra los suficientes elementos para considerar como prioritaria la crisis doméstica. Llevar a los chamacos a los planteles no resolverá la relación con sus padres y entre ellos y sus hermanos o sus tíos, porque es en los hogares donde deben encontrar un santuario para el desarrollo de sus emociones y de sus aptitudes para la vida, y resulta que es allí donde los entierran, problema que no se resuelve al contacto con los docentes y los amigos, sino que se multiplica, se contagia, se le hace circular entre los domicilios de los afectados.
Ojalá el dilema emotivo, emocional e incluso de contacto físico de niños y adolescentes se solucionara de manera tan simple como favorecer el socializar con los “amigos” que dejaron de hacerlo hace 14 o 16 meses. Sólo encontrarán el espacio propicio para comunicar lo que sucede en casa.
Desempleo de uno o dos de los padres. Divorcios. Empobrecimiento. Muerte de alguno o varios de los familiares. Maltrato físico. Violencia doméstica. Incesto o abuso sexual. Suicidio. Percepción clara de que el futuro no está en el cumplimiento de la ley, sino en la acera de enfrente, con la delincuencia organizada. ¿Así, o más claro?

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¿Dónde se decide la política migratoria mexicana? Todo indica que este jueves una Comisión de alto nivel recibirá instrucciones al respecto. La ultra panista se desemboza, mientras la pseudo izquierda gubernamental se emboza para servir con más exquisita pleitesía a los dueños de la pelota. Los tatamandones gringos que supervisan a Joe Biden y Kamala Harris. ¡Basta de dejarnos tomar el pelo!
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@OrtegaGregorio
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