Columna de opinión
La Costumbre del Poder: Entre Ese montón de espejos rotos y Miramón el hombre
Gregorio Ortega Molina
* “Para Fuentes Mares, el hombre se revela en la duda, primero contrario a la intervención, después adicto al Imperio, enemigo de Maximiliano y leal a éste en el momento final. Con arcilla de letras, el escultor Fuentes Mares modela un héroe desgraciado”. Es también un montón de espejos rotos a los que resulta difícil reunir en una imagen coherente, como la actual historia de nuestra patria, quebrada por las veleidades de la regeneración nacional
Gregorio Ortega Molina
La vida no es plana, tersa, uniforme, sin sobresaltos. Lo expresa a la perfección el título del último libro de Gonzalo Celorio. El conjunto de nuestros años pasados como seres humanos, ya sea en el convento, en el ejército o en el desorden, es sólo eso, un montón de espejos rotos.
Celorio nos deja páginas memorables, como las que nos anticipan -con el ejemplo de su vejes- cómo sería vivir solo e independientes nuestros últimos años. O las que nos evocan la auténtica dimensión de Juan José Arreola, única y universal, distinta la de Rulfo e Ibargüengoitia. Lástima de Orso Arreola, que en nada ennoblece la memoria de su padre, y tiemblo ante esta reflexión, porque pueda que en nada enorgullecería yo al mío, o como Julito Scherer echa a perder la del suyo.
Encadeno mi lectura de Ese montón de espejos rotos a la memoria e imagen de Miguel Miramón, en esa biografía escrita por José Fuentes Mares, tan llena de información como para hacernos ver que no traicionó a la patria y, quizá, debió fallecer en ese mito de los niños héroes desde el Alcazar del castillo de Chapultepec.
De la página del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, rescatamos lo que les comparto: “El hombre que emerge de entre las líneas de los epistolarios es primero un joven audaz, vanidoso, conquistador; después un militar extraordinario, pero sin formación política, pronto a alejarse del país y que otros resuelvan los problemas a veces originados por él. Un presidente que no quería serlo pero que se adormecía con los honores y los halagos. Un político que dudó en qué partido serviría mejor, porque bien a bien, carecía de convicciones firmes como las de don Benito. Esas dudas que lo asaltaron en momentos importantes para su vida y la de su patria, esas dudas, se convirtieron en firmeza a la hora de la muerte. Para Fuentes Mares, el hombre se revela en la duda, primero contrario a la intervención, después adicto al Imperio, enemigo de Maximiliano y leal a éste en el momento final. Con arcilla de letras, el escultor Fuentes Mares modela un héroe desgraciado”.
Es también un montón de espejos rotos a los que resulta difícil reunir en una imagen coherente, como la actual historia de nuestra patria, quebrada por las veleidades de la regeneración nacional.
@OrtegaGregorio
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