* Hay muchos elementos para suponer que hay contubernio entre autoridades y delincuentes. ¿Es un arreglo entre nazis? Quizá si modificamos la óptica y consideramos la ideología, entenderemos lo que sucedió en Ayotzinapa, en San Fernando, en Allende, en Acteal, y ahora ocurre en muchas poblaciones de México, notoriamente en Culiacán. O en el rancho Izaguirre. Son algo más que delincuentes comunes, son nazis disfrazados de pistoleros y de autoridad constitucional. ¿Será?
Gregorio Ortega Molina
En alguna época fui objeto del sarcasmo de algunos amigos, porque durante un viaje a Europa incluí la visita a algunos campos de exterminio. No es una experiencia que deba repetirse puesto que la cicatriz dejada es indeleble y supurante. No arroja pus, sí imágenes que regresan durante las noches de insomnio o pesadillas.
Recuerdo algo más que los zapatos amontonados. Tengo presentes, todavía, las monturas de lentes -algunos con sus cristales- detrás de una vitrina tan enorme como la pecera de un acuario; de igual manera las dentaduras postizas, la ropa, las maletas, las muletas y, lo que lleva al dolor extremo, las fotografías de niños, adolescentes, mujeres, hombres, todos todavía con la vida en los ojos, porque desconocen que las regaderas son las cámaras de gas, y muy pronto se convertirán en nada, en humo que salió de la chimenea del horno crematorio.
Las fotografías de los endomingados, de los sonrientes, de los que festejan, de los recién casados. Son las que fueron vomitadas desde el fondo de las maletas, o de las bolsas de las damas, o de las carteras de los varones. En todas se percibe la alegría de vivir, la confianza, la paz interna.
Nos damos cuenta de que el horror nunca nos abandona, regresa con nuevo rostro, pero los nazis siempre quieren dejar huella, ya sea desde el crimen organizado o desde el gobierno.
De lo sucedido en este México nuestro carecemos de las fotografías de los ejecutados y después cremados. Imposible saber si tuvieron la oportunidad de ser felices por un momento, unos meses, un año. La nota de Pablo Ferri, publicada el último diez de marzo en El País debiera facilitar la comprensión de lo que no puede ser comprendido. Comparto:
“En medio de la resaca por la discusión de los aranceles, con medio México mirando hacia la frontera norte, el horror se ha hecho paso discretamente por el centro del país. Un grupo de familiares de personas desaparecidas de Jalisco ha denunciado estos días el hallazgo de un centro de exterminio del crimen, en Teuchitlán, un pueblo a poco más de una hora de Guadalajara, la capital estatal. En el rancho, de algo más de media hectárea, las buscadores han encontrado hornos crematorios, fosas, restos… Una imagen ha recorrido las redes sociales, una foto de centenares de zapatillas abandonadas, sugerencia de la misma cantidad de ausencias, personas que pudieron pasar por allí.
“Sucede lo de tantas veces en México. No se trata de un predio desconocido, de un lugar apartado, de un espacio fuera del radar de las autoridades. Al contrario. En septiembre, la Fiscalía de Jalisco inspeccionó el lugar, tras la detención de 10 personas, y el rescate de dos, secuestradas y retenidas en el rancho. La dependencia encontró allí el cuerpo sin vida de una persona, decenas de fragmentos óseos quemados, armas, casquillos… Ya entonces, las autoridades tenían la idea de que aquello, además de un centro de exterminio, había sido un campo de entrenamiento de reclutas para el grupo criminal imperante en la zona, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Pero, por algún motivo, se quedaron a medias”.
Hay muchos elementos para suponer que hay contubernio entre autoridades y delincuentes. ¿Es un arreglo entre nazis? Quizá si modificamos la óptica y consideramos la ideología, entenderemos lo que sucedió en Ayotzinapa, en San Fernando, en Allende, en Acteal, y ahora ocurre en muchas poblaciones de México, notoriamente en Culiacán, el rancho Izaguirre. Son algo más que delincuentes comunes, son nazis disfrazados de pistoleros y de autoridad constitucional. ¿Será?
Suplantar la realidad con desinformación
Circula un video de nueve minutos para dar cuenta de la captura, por parte de la secretaría de Marina -se infiere por el uniforme que muestran-, de un “sofisticado dentro de comunicaciones con tecnología de punta”, ubicado en Sinaloa, oculto bajo tierra, a muchos metros de profundidad.
Ahí decomisaron documentos -que no pudieron ser destruidos por los narcos, que no se ven por ningún lado, más millones de dólares empaquetados al alto vació, y se dio seguimiento a un sofisticado sistema de “exportación” de criptomonedas.
Obvio, no se ve la entrada por la cual se puede acceder al búnker ni un paneo de su interior, son tomas fijas.
Obvio, todo indica el esfuerzo por dar la imagen de que, ahora sí, se combate al narco.
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@OrtegaGregorio