Columna de opinión
La Costumbre del Poder: ¿Todos con Juan Ramón?
Gregorio Ortega Molina
* Necesitamos un líder que no se convierta en el Carlos Andrés Pérez mexicano, pues vean dónde colocó a Venezuela después de su regreso a Miraflores
Gregorio Ortega Molina
El grave problema inmediato que enfrentamos 120 millones de mexicanos, es que nos caiga encima un político mesiánico, seguro de él mismo -auto convencido y seducido por los halagos de los lambiscones-, de que es el único que puede salvarnos, tiene con qué y, además, hemos de mostrarnos agradecidos y ansiosos de que se haga con el poder.
Me cuentan, me dicen, me avisan, me advierten: “es Juan Ramón” el llamado por la divinidad. Él resolverá los temas del nacionalismo y la reforma del Estado. Reordenará al país.
Quienes lo convocan a salvar a la patria, aseguran que detrás del ex rector de la UNAM y ex secretario de Salud, se suman, ya, personalidades como Manlio Fabio Beltrones, los doctos intelectuales del CIDE y El COLMEX, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y todos aquellos que en su momento contribuyeron a la creación del Frente Democrático Nacional y El Grupo San Ángel; también el cascajo del PRD y los disidentes panistas que no confían en Margarita Zavala. ¿Será?
Naturalmente actúan con absoluta discreción, pues “no se trata de hacer olas antes de tiempo”, dicen ellos, y me pregunto si Juan Ramón de la Fuente es capaz de suscitar olas de simpatía, si los electores se sumarán en un porcentaje mayor para asegurarle el triunfo con más del 35 por ciento, si quiere gobernar con cierta holgura.
Y me pregunto, también, ¿cómo formará gabinete? ¿Tiene la autoridad moral y profesional suficiente, para convocar y subordinar a los más lúcidos de los mexicanos, con el propósito de que conceptúen y pongan en marcha la tan pospuesta transición?
¿Querrá, Juan Ramón, gobernar al viejo estilo priista, con un poder presidencial cada día más disminuido, o tendrá la humildad suficiente para descender de sus pretensiones y, como Adolfo Suárez organizó las honras fúnebres del franquismo proviniendo de esas filas, oficiar las exequias de la partidocracia y el presidencialismo?
¿Pactará la impunidad de los corruptos, o pondrá, al menos, a algunos de ellos a parir chayotes en la cárcel? ¿Regresará a las Fuerzas Armadas a las casernas y los cuarteles?
¿Quién o quiénes cilindrean a Juan Ramón de la Fuente? ¿Será cierto que es poseedor de virtudes que soy incapaz de descubrirle, por ceguera analítica, o sólo están muertos de miedo y urgidos de crear un espantajo capaz de asustar a AMLO?
Así no vamos a ningún lado. Necesitamos un líder que no se convierta en el Carlos Andrés Pérez mexicano, pues vean dónde colocó a Venezuela después de su regreso a Miraflores.
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