Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.
(El Mar, Jorge Luis Borges)
La noche cae sobre Boca del Río, Veracruz, a esta hora, las palmeras sucumben ahítas de sol, comienzan su sueño bajo el sopor de la luz convertida en alcohol, nos diría Lara.
Son las 18:30, después del habitual ‘lechero’ recorremos el boulevard Ruiz Cortines, la duda inquieta, sábado de fiesta en la portentosa zona conurbada ¿cambiarán los invitados una placentera velada por acudir a la presentación del libro “Tecomar”.
Amables jóvenes (futuras y futuros ingenieros navales, esperamos), atienden a los asistentes que llegan al auditorio de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Ciencias del Mar de la Universidad Veracruzana, más de cien sillas se despliegan a lo largo y ancho del sitio, mediante un código QR quedamos registrados. Sillones distribuidos para realizar el conversatorio, el atril para la conducción del evento y un magnífico arreglo floral, engalanan el pódium.
Por fortuna, frisando las siete de la tarde, el público responde y las expectativas se cumplen: un numeroso quorum está dispuesto a escuchar las disertaciones del autor, arquitecto don Carlos Viveros Figueroa, los comentaristas, licenciado Juan Pablo Calderón Patiño y la doctora Luz Alicia Iturbe de Garay, además del maestro de ceremonias, licenciado Teodoro Zamudio Moreno.
Tal como corresponde al protocolo, el doctor Martín Aguilar Sánchez (director de la facultad) y la maestra ingeniera naval Edna Rosas, dieron la bienvenida al evento, mismo que contó con el copatrocinio de la Asociación Mexicana de Egresados de la Universidad Marítima Mundial, A.C. (AMEUMM) , además, de la señora María Karam (de la empresa REYLAVER).
Momento especial, fue el arribo del Capitán de Altura, don Carlos Mariscal, quien fuera el encargado de cubrir la ruta Bremen-Tuxpan, precisamente, en el buque mercarte Tuxpan, que durante un tiempo fue la nave insignia de la empresa Tecomar, el Capitán llegó escoltado, más bien dicho, arropado, por su esposa e hija, dando pie a una imagen gallarda que se manifestaba en el entusiasmo del experimentado marinero, por reencontrarse con sus antiguos compañeros de emprendimiento.
Así pues, entrando en materia, podemos afirmar que lo expresado por los comentaristas se convierte en apuntes para un manual de lo que se debe hacer para impulsar, de nueva cuenta, a la Marina Mercante Mexicana.
En principio, admitir que las diferentes administraciones federales, al menos de los años noventa a la fecha, han quedado a deber en la materia, pareciéramos un país que crece hacía adentro (siempre viéndonos el ombligo) y dejamos en manos de otros, el transporte de la mercadería que producimos al extranjero.
En términos prácticos, no hay una arquitectura legal que facilite el desarrollo del transporte multimodal (marítimo, terrestre, aéreo y ferroviario), podemos señalar, como parte de esas carencias, la inexistencia de estímulos fiscales, la inseguridad, la falta de planeación estratégica, la cuasi extinción de la flota mercante, las pocas de oportunidades laborales para los egresados de las escuelas náuticas y la competencia desleal ante navieras extranjeras que ofrecen fletes a precios muy bajos, situación que hace imposible el desarrollo competitivo de una flota mexicana.
En suma, se padece una crisis estructural a la que sólo se le dan soluciones aparentes, por ejemplo, cambiar el nombre de Administración Portuaria Integral (API) por el Administraciones del Sistema Portuario Nacional (ASIPONA), lo cual, es gatopardismo puro.
Desde luego, dicha crisis estructural requiere de la competencia de expertos en todas las materias vinculadas a la Marina Mercante, pero, sobre todo, de la voluntad política de las administraciones federales, sin la cual, se torna imposible encontrar salida al entuerto.

En este contexto, las lecciones que plasma Carlos Viveros en su libro nos permiten hacer un variopinto de conclusiones, a saber:
En principio, el proyecto de constituir la primera naviera del país especializada en el transporte de contenedores en Tuxpan, aunque sonara como una aventura del tenaz Fitzcarraldo, se consolidó. A pesar del duro bregar contra el burocratismo, los intereses de grupos fácticos, el desdén local y la falta y/o precariedad de todo tipo de financiamiento, Tecomar zarpó desde 1973 (en medio de la crisis del fordismo y la existencia embrionaria de la globalización) y para principios de los noventa, logró que el puerto alcanza el segundo lugar nacional en el manejo de contenedores, hazaña que no se ha repetido.
No hay recetas mágicas, como lo señaló Viveros, hay que identificar oportunidades a partir de la ubicación de problemas logísticos en el manejo de la carga, a partir de ello, proponer soluciones viables para desfacer las dificultades.
Además, hay que vincular a sectores productivos, como puede ser el caso de las armadoras de automóviles, con el objetivo de que la planificación estratégica esté vinculada con la realidad productiva del país y, evitar con ello, emprendimientos destinados al fracaso.
Por último, en lo que corresponde a las autoridades estatal y municipal (en este caso le estado de Veracruz y el municipio de Tuxpan), deben abandonar su ‘dependencia’ del gobierno federal, para impulsar el desarrollo portuario integral, esto implica, buscar la asesoría de expertos y hacer un intenso trabajo de cabildeo con inversionistas tanto nacionales como extranjeros. No sobra decir que, es tan indispensable como lo anterior, que las vías del tren, tendidas desde el porfiriato, lleguen por fin de Beristaín (en la Sierra Norte de Puebla) a la zona portuaria tuxpeña.
El trabajo no es sencillo, quizá, sea más complicado que resistirse al canto de las sirenas o luchar contra la furia de Poseidón, pero, estamos seguros que, como todo marinero que se jacte de serlo, si hay el talento y compromiso suficiente, se podrá ubicar a la Estrella Polar para llevar a puerto seguro a las mujeres y hombres que buscan generar un sistema portuario, amigable con el Medio Ambiente, en la región costera más cercana al Valle de México.
Sólo así podremos desterrar la profecía , de Aureliano Babilonia, después de descifrar los pergaminos:
“…y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.
Javier Roldán Dávila
Boca del Río, Veracruz, seis de junio de 2026.