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La oposición no puede darse el lujo de dividirse

Por Alejandra del Río

 

México enfrenta un momento crítico en el que la política deja de ser una cuestión de identidad y se convierte en una lucha por la supervivencia democrática: la oposición debe entender que dividirse hoy puede costarle el futuro del país.

Resulta revelador que Morena haya decidido no permitir el registro de una nueva fuerza política de izquierda, -Que siga la Democracia-, impulsada por Gabriela Jiménez y Edgar Garza. (ambos militantes de Morena de tendencia mas..

Claudista por así decirlo), si ni ese proyecto, cercanísimo al oficialismo prosperó, fué por que representaba un riesgo (aunque mínimo) de fragmentar la base electoral morenista y ese lujo no están dispuestos a dárselo.

El mensaje es claro, el partido en el poder entiende perfectamente que dividir el voto puede costar elecciones, paradójicamente, quienes hoy se presentan como una alternativa opositora parecen no haber aprendido esa misma lección, nii cuando ganaron intermedias uniendo sus votos después del aplastante triunfo de Obrador.

Con todo el respeto que merecen los ciudadanos y liderazgos que impulsan nuevas organizaciones políticas como Somos México, encabezado por Guadalupe Acosta Naranjo, ó Construyendo Sociedades de Paz, un remix de Encuentro Social, de Armando González Escoto, que reconoce como líder moral a Hugo Eric Flores fundador del PES (hoy diputado de Morena), considero que su aparición ocurre en el peor momento posible, no porque México no necesite nuevos partidos, al contrario, una democracia madura requiere nuevas ideas, nuevos liderazgos y una renovación permanente de su sistema político. Pero primero hay que conservar y garantizar la democracia y allí es donde México está hoy, perdiendo instituciones, división de poderes y leyes.

Además, hay un dato relevante que no suele mencionarse en el debate público: de acuerdo con la Ley General de Partidos Políticos vigente, los partidos políticos de nuevo registro enfrentan restricciones para participar en coaliciones durante sus primeras elecciones federales. Esto implica que, en la práctica, tendrían que competir sin alianzas amplias en el corto plazo, lo que contribuirá a una mayor dispersión del voto opositor en las elecciones del 2027.

Cuando el régimen concentra cada vez más poder, cuando desaparecen los contrapesos institucionales, cuando se debilitan los organismos autónomos y se modifica el sistema electoral desde el gobierno, la prioridad deja de ser construir nuevos proyectos personales para convertirse en defender las condiciones mínimas de competencia democrática y las garantías individuales.

Hoy la oposición ya no está integrada por dos o tres fuerzas políticas. Estamos hablando de probablemente ocho partidos que competirán por el mismo electorado (Aún hay dos en procesos de revisión)

En un sistema presidencial sin segunda vuelta, que si me preguntan a mí es lo que le urge a México, una segunda vuelta electoral, que permita muchas opciones opositoras y que al final solo queden dos fuerzas políticas en elecciones federales, pero del mismo nivel o al menos con posibiidadaes reales de competir.

Porque cada voto que abandona a las coaliciones con posibilidad real de competir contra Morena, termina disminuyendo las probabilidades de construir una mayoría alternativa y un sistema plural.

La matemática electoral es implacable. No importa cuántos partidos opositores existan si ninguno alcanza por sí solo la fuerza suficiente para disputar el poder, la fragmentación beneficia siempre al bloque dominante. Morena lo sabe, por eso protege su voto y fomenta la competencia opositora, el encono entre partidos y la creación de nuevas opciones.

Por eso trata de evitar cualquier división interna, por eso concentra cada vez más su fuerza política, mientras tanto, la oposición parece empeñada en hacer exactamente lo contrario.

La ilusión de estrenar un nuevo partido puede ser políticamente atractiva, pero electoralmente resulta profundamente irresponsable, cuando el país enfrenta una elección que puede definir el futuro de sus instituciones, especialmente del Congreso de la Umión que podría seguir cambiando nuestras leyes a modo por un a legislatura más, si esos partidos recien nacidos tienen limitaciones para construir alianzas amplias en sus primeras contiendas.

No se trata de cancelar ni de atacar la pluralidad, se trata de entender el momento histórico. Habrá tiempo para construir nuevas fuerzas políticas, nuevas agendas y nuevos liderazgos. Pero primero debe garantizarse que siga existiendo una democracia donde puedan competir en igualdad de condiciones.

Porque si el oficialismo continúa ampliando sus mayorías gracias a una oposición dividida, quizá cuando esos nuevos partidos estén listos para crecer descubran que las reglas del juego ya cambiaron y entonces será demasiado tarde.

La historia demuestra que las democracias rara vez desaparecen de un día para otro. Se erosionan lentamente, elección tras elección, mientras quienes pudieron detener ese proceso prefirieron competir entre sí antes que defender el sistema que hacía posible esa competencia, hoy estamos peligrosamente cerca de ese punto, simplemente la democracia mexicana no necesita más divisiones.

Necesita una oposición capaz de entender que, antes de disputar el liderazgo, debe garantizar que siga existiendo una elección verdaderamente competitiva, necesita ciudadanos informados que dejen de hacerle el caldo gordo a líderes que ven en el retroceso de México una oportunidad para meterse de nuevo al juego y recibir prerrogativas, por que sí, un nuevo partido político es un gran negocio para aquellos que saben a hacerlo, como lo hicieron en su momento las tribus del PRD de donde viene Acosta Naranjo, o Encuentro Social, postulando candidatos de chocolate para dividir el voto opositor.

También necesita de partidos políticos dispuestos a hacer coaliciones fuertes y a dejar de atacarse los unos a los otros, el PRI está dispuesto, el PAN y Movimiento Ciudadano por lo visto no han entendido tampoco el mensaje, solos no van a lograr nada, juntos pueden cambiar esta historia de terror con casi 9 años de tragedias que nos lleva aplicando Morena.

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