José Luis Parra
Dicen que el ejercicio del poder desgasta. En México, además, suele exhibir.
Prometer siempre fue la parte fácil. Gobernar es otra historia. Y cuando un movimiento político pasa de oposición a régimen, descubre algo que durante años criticó desde la barrera: los ciudadanos terminan cobrando facturas.Análisis político México
Morena construyó en pocos años una montaña de votos que parecía inexpugnable. Hoy comienzan a aparecer las primeras grietas. Algunas provocadas por errores propios, otras por circunstancias externas, pero todas sumando en una misma dirección: el desgaste.
La percepción, para bien o para mal, termina convirtiéndose en realidad política.
Y las percepciones no ayudan.
La etiqueta de narcopartido que impulsan sus adversarios ya no se limita a Sinaloa. Empieza a extenderse por distintas regiones del país. Se acumulan además los problemas que afectan directamente el ánimo ciudadano: la inseguridad, el huachicol fiscal, los tropiezos de Pemex, los sobrecostos de obras emblemáticas y una larga lista de funcionarios que parecen especialistas en administrar discursos, no gobiernos.
Como si faltaran ingredientes, apareció otro frente innecesario: el futbol. La afición mexicana podrá dividirse en casi todo, menos en la pasión mundialista. Sin embargo, la CNTE decidió declarar la guerra al Mundial y desde Palacio Nacional tampoco surgió precisamente una defensa entusiasta del evento. Pelearse con los aficionados rara vez es una estrategia inteligente.
Todo suma.
Y cuando todo suma, las encuestas empiezan a reflejarlo.
Las mediciones que circulan en Sonora, tanto dentro como fuera del gobierno estatal, muestran síntomas que ya aparecen en otras entidades: una caída gradual de la marca Morena y un deterioro de la imagen presidencial.
No es casualidad.
A nivel local, la situación se agrava por los rumores, versiones y especulaciones sobre eventuales problemas judiciales que podrían alcanzar al gobernador Alfonso Durazo en Estados Unidos. Sean ciertos o no, ya forman parte de la conversación pública. Y en política la conversación suele ser más poderosa que la verdad jurídica.
Por eso llamó la atención el reciente informe de labores de la senadora Lorenia Valles. Hubo abrazos, sonrisas y protocolo. Lo que no hubo fue una defensa cerrada del gobernador.Análisis político México
La prudencia también comunica.
Lo mismo ocurre con el resto de los aspirantes morenistas. Durazo enfrenta incluso dificultades para reunirlos en un mismo proyecto político. Por ahora, el mayor logro parece haber sido convencerlos de no abandonar sus cargos antes del 21 de junio.
Cuando el jefe político batalla para ordenar a los propios, algo está cambiando.
Y donde unos observan problemas, otros detectan oportunidades.
Movimiento Ciudadano ya comenzó a mirar hacia Sonora con interés. En Monterrey, Dante Delgado y Jorge Álvarez Máynez analizaron durante el fin de semana un escenario que hace apenas unos meses parecía improbable: impulsar al senador Luis Donaldo Colosio como candidato a gobernador.
La apuesta tiene lógica.
Los principales perfiles de Morena llegan desgastados. Javier Lamarque carga el peso de la violencia en Cajeme. Lorenia Valles mantiene presencia institucional, pero escasa estructura territorial. Y Célida López arrastra una biografía política demasiado amplia para los tiempos de pureza ideológica que presume la 4T.
Mientras tanto, Colosio aparece como una figura relativamente fresca en un escenario donde los negativos comienzan a pesar más que los positivos.
Pero quizá lo más preocupante para Morena ni siquiera está en Sonora.
Está en Washington.
Porque aún falta que entren en escena las acusaciones provenientes del gobierno estadounidense. Un proceso que algunos observadores consideran encaminado hacia acciones formales del Departamento de Justicia y que podría modificar profundamente el tablero político nacional.
Si eso ocurre, la erosión que hoy reflejan las encuestas podría acelerarse.
Por algo Morena, PT y Verde vuelven a caminar juntos rumbo a las próximas elecciones.
El olor a victoria entusiasma.
El olor a desastre une.
Y en algunos cuartos de guerra ya empieza a sentirse ese aroma.
La percepción los está alcanzando.
Y cuando eso sucede, generalmente las urnas vienen detrás.