( J Newman)
Una manera de interpretar el éxito del Obradorato es que el discurso del líder, su persona y su estilo vinieron a reconciliar consigo mismo a ese mexicano sombrerudo dormido al pie de un nopal de la imágen icónica q todos llevamos dentro desde siempre al decirle y actuarle q legítimamente ESE SOMOS, que ASÍ ESTÁ BIEN, que toda otra versión nos ha sido impuesta por los enemigos del pueblo en beneficio sólo de ellos, que a lo largo de la historia nacional ha habido tres y medio grandes y heroicos intentos de vencer y desterrar a esos impostores abusivos para recuperar la real identidad, autonomía, justicia y gloria del primigenio humanismo mexicano, que muy lamentablemente esos tres y fracción primeros intentos transformadores acabaron fracasando ante la reiterada arremetida de la traición conservadora pero que esta, la Cuarta Transformacion, la encabezada por el, LA SUYA, es y será la definitiva, la irreversible, la invencible, el arribo triunfal para restaurarle al pueblo de México en ese su dignísimo pedestal sentado al pie del emblemático nopal del escudo nacional donde ese sombrerudo, cada uno de nosotros, es la encarnación del águila soberana sobre la serpiente de la traición sometida por sus garras !
Esencialmente ese y no otro es EL MENSAJE que, por más que se diga y se piense lo contrario, ha sido y sigue siendo la imágen idílica que el Obradorato vino a recuperar y legitimar para nosotros, el catecismo tropical en el que todos, de un modo u otro, aplaudiendo, fingiendo que no, temiendo la expulsión, hemos hallado la imágen propia, la versión que más fielmente nos conviene y acomoda. Hacerle caso al trastornado predicador, hacer nuestra su redentora propuesta, nos lleva ya, sin dudas que socaven ni falsos imperativos impuestos, a admirar y obedecer a ese moreno autóctono que ha rescatado y enaltecido nuestra verdad, nuestra identidad, nuestra visión, nuestra coartada y con ello ha trazado nuestra misión grabándola con candente hierro en nuestros lomos. Arrear con la Cuarta y definitiva Transformación al son de su gran pastor y los, por él, pastores designados !
Frente a esta patética epopeya en curso, atónito, disperso, ensimismado, incrédulo e incierto, subsiste, al menos como hipótesis, ese otro mexicano hereje frente al dogma, atribulado entre los que marchan guiados por el flautista, su pandera, sus noroños y los demás marchantes de ese mercado sobre ruedas. Ese que se resiste a sentarse y mirarse al pie del nopal, ese al que el zócalo lleno de gritantes de cuarta le aturde y le aterra. Ese que ha quedado al margen de la turba redentora, la mira con espanto y se pregunta si habrá vida nacional luego del nopal y del sombrero ?