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La visa de Andy y el mensaje para AMLO

José Luis Parra

 

Andrés Manuel López Beltrán asegura que la cancelación de su visa para entrar a Estados Unidos es un ataque contra su padre.

Tiene razón.

Andy, por sí solo, poco representa para Washington. Su verdadero peso está en el apellido. En la sangre.

Y ahí está precisamente el mensaje.

Si Estados Unidos no quiere, no puede o no considera conveniente llegar directamente hasta Andrés Manuel López Obrador, por el riesgo de provocar una crisis política en México, siempre puede empezar por donde más duele.

La familia.

La cancelación de la visa de Andy, revelada por él mismo en una carta dirigida a Donald Trump y publicada en X para después retirarla, no llegó acompañada de explicación pública sobre las causas.

Pero tampoco cayó del cielo.

Desde Washington se han repetido señalamientos sobre políticos mexicanos y presuntos vínculos con el crimen organizado.

Ahora el golpe toca directamente la puerta de Palenque.

Porque Andy no es cualquier hijo.

Dentro del proyecto político lopezobradorista fue colocado como uno de los responsables de cuidar la franquicia familiar dentro de Morena y garantizar la continuidad del movimiento fundado por su padre.Campañas y elecciones

Bonita encomienda.

Hasta que apareció Estados Unidos.

Y la bandera de la continuidad quedó salpicada por algo mucho más complicado que una disputa interna de Morena.

La narcopolítica.
La presidenta Claudia Sheinbaum queda otra vez atrapada entre dos fuegos.
Por un lado Estados Unidos.
Por el otro López Obrador.
Y en medio, ella.
No es precisamente una posición cómoda.

Sheinbaum ha tenido que proteger políticamente a personajes cercanos a su antecesor señalados desde Estados Unidos. Entre ellos Rubén Rocha Moya.

Ahora aparece Andy.
Y mañana quién sabe.

Según la información que circula en las entrañas del poder, desde hace semanas existía preocupación en Palenque por alguna acción estadounidense contra los hijos del expresidente, particularmente contra Andy.

Incluso se habría analizado la posibilidad de buscar refugio en algún país fuera del alcance de Washington.

Los nombres obvios:

Rusia y China.

Nada más.
Pequeño detalle.
Una cosa es querer llegar y otra que quieran recibirlo.

En política internacional nadie regala protección. Mucho menos cuando el huésped puede convertirse en moneda de negociación con Estados Unidos.

Todo cuesta.

Y bastante.

Andy tampoco ayuda demasiado a su causa.

Su relación con Sheinbaum, que alguna vez fue cercana, se habría deteriorado por sus excesos, descuidos y exhibición de una vida económica difícil de explicar políticamente.

Pero proteger a Andy significaba también proteger a López Obrador.

Y, de paso, evitar el enojo del patriarca.

Porque Claudia tiene la Presidencia.

Pero todavía no necesariamente todo el poder dentro de Morena.

Son cosas diferentes.

Sheinbaum parece convencida de que si entrega una pieza ante las presiones estadounidenses vendrán por otra.

Probablemente tenga razón.

Pero negarse tampoco significa que dejarán de pedirlas.

Ahí está el problema.

La confrontación verbal con Estados Unidos no ha reducido las presiones.

Al contrario.

La izquierda más radical de la 4T quisiera romper lanzas con Washington y voltear hacia Moscú y Pekín.

Muy revolucionario.

Nada más faltaría preguntarles a rusos y chinos si también quieren entrarle al pleito.

Porque una cosa son los discursos antiimperialistas y otra los intereses de las grandes potencias.

Andy decidió enfrentar su problema de otra manera.

Escribiéndole a Trump.

Y ahí empezó el espectáculo.

En su carta del 13 de agosto calificó la cancelación como una “canallada” atribuida al secretario de Estado Marco Rubio y a Christopher Landau.

Y fue más lejos.

Pidió prácticamente sus cabezas.

Que Trump los destituya.

Caray.

Andy no pecó de ingenuo.

Pecó de algo peor.

Porque exigirle al presidente de Estados Unidos que despida a dos de sus principales colaboradores por haberle retirado una visa es colocarse voluntariamente frente al paredón político.

Después pidió que Trump le aclarara si estaba enterado.

Y que moralmente debía responderle.

Como dicen en el barrio:

Nomás le faltó poner fecha y hora.

Su padre entendió mejor a Trump.

López Obrador siempre prefirió llevar la relación directamente con él y dejar los pleitos con los subordinados.

Le funcionó.

Pero aquel era otro momento.

Otro gobierno.

Y otra relación.

Hoy el escenario es muy diferente.

Estados Unidos mantiene investigaciones sobre redes políticas, económicas y criminales mexicanas que habrían operado durante el sexenio anterior.

Y la presión gira especialmente alrededor del fentanilo.

Coincidentemente, el mismo día de la revelación de Andy, el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, lanzó desde Panamá otra advertencia contra los cárteles dedicados al tráfico de esa droga y habló de acciones en tierra.

Traducción:

La temperatura sigue subiendo.

Para Sheinbaum son dos pésimas noticias en un mismo día.

Su respuesta era previsible.

Injerencismo.

La derecha.

Ataque político.

No tiene mucho más espacio.

Porque defender demasiado a Andy la acerca al problema.

Abandonarlo la enfrenta con López Obrador.

Y entregar una pieza quizá solamente abra el apetito estadounidense.

Difícil juego.

Desde Palenque todavía falta escuchar al expresidente.

Hablará.

Eso parece inevitable.

La pregunta no es si López Obrador responderá.

La pregunta es qué tanto sabe Washington y hasta dónde piensa llegar.

Por lo pronto empezó con una visa.

Parece poca cosa.

Pero en política los mensajes importantes rara vez necesitan muchas palabras.

A veces basta un sello:

Cancelada.

Y cuidado.

Porque cuando Estados Unidos empieza a abrir cartas, nadie sabe cuántos nombres vienen dentro.

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