José Luis Parra
El patriótico sistema político mexicano color guinda empieza a mostrar grietas por todos lados.
Nada nuevo.
Cuando hay poder suficiente para repartir, todos son hermanos, compañeros y camaradas.
El problema aparece cuando llegan las candidaturas.
Ahí la fraternidad revolucionaria suele durar menos que una encuesta.
Morena y sus aliados entraron a la verdadera prueba rumbo a 2027: repartir gubernaturas, diputaciones, alcaldías y demás posiciones sin que los damnificados salgan gritando fraude, imposición, dedazo, nepotismo o traición.
Difícil tarea.
Porque todos quieren transformación.
Pero, de preferencia, encabezada por ellos.
La designación de las llamadas corcholatas estatales empieza a dejar heridos políticos y algunos ya lanzaron su propio Grito de Independencia.
En Guerrero, el dirigente estatal del Partido del Trabajo, Victoriano Wences Real, desconoció el resultado de la encuesta que favoreció a Beatriz Mojica como coordinadora de la Defensa de la Transformación y virtual candidata de Morena a la gubernatura. Su argumento fue sencillo: el PT no participó en la revisión de las mediciones y, por lo tanto, no avala el procedimiento.
Primer aviso.
Después vino Zacatecas.
Y ahí la familia comenzó a discutir frente a las visitas.
Verónica Díaz Robles fue designada coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación en medio de protestas y gritos contra el monrealismo. La senadora con licencia pertenece políticamente al grupo cercano al gobernador David Monreal y además fue esposa de Luis Enrique Monreal Ávila, hermano de David y Ricardo Monreal.
El apellido, aunque sea por afinidad pasada, pesa.
Y mucho.
El PT llegó al proceso reclamando mecanismos adicionales para revisar las mediciones. Propuso encuestas espejo y Morena rechazó esa posibilidad. Además, la dirigencia morenista no publicó los cruces completos ni los porcentajes de las encuestas que dieron como ganadora a Verónica Díaz.
Así que el remedio llamado encuesta, creado durante años para evitar el viejo y desprestigiado dedazo, empieza también a necesitar médico.
Porque cuando gana uno, la encuesta es democrática.
Cuando pierde el otro, es cuchareada.
Qué cosas.
Geovanna Bañuelos, la carta fuerte del PT en Zacatecas, tampoco acudió al anuncio de Verónica Díaz. Apenas dos semanas antes Alberto Anaya había declarado públicamente que Zacatecas era prioridad nacional para su partido y que quería a Bañuelos en la gubernatura.
No parece un pequeño desacuerdo.
El hermano menor creció.
O por lo menos eso cree.
Durante años PT y Verde encontraron en las alianzas una espléndida fórmula para sobrevivir, crecer, obtener posiciones y convertirse en necesarios cuando al partido grande le faltaban votos.
El problema de ser bisagra es que después de abrir muchas puertas uno termina creyéndose dueño de la casa.
Y quizá eso está ocurriendo.
El PT tiene además una historia peculiar. Nació en 1990 de diversas organizaciones sociales y académicos han documentado los señalamientos sobre apoyos del gobierno salinista para impulsar su formación y restarle terreno al entonces naciente PRD; incluso desde aquellos años se habló de la cercanía de Alberto Anaya con la familia Salinas de Gortari. El propio partido ofrece una versión distinta de su origen y reivindica como raíz a movimientos populares de varios estados.
Así es la política mexicana.
Hasta para nacer existen varias actas.
Lo cierto es que el PT sobrevivió.
Y bastante bien.
De acompañante pasó a socio y de socio pretende convertirse en accionista con derecho a reclamar gubernaturas.
Pero el hermano mayor parece recordar quién tiene la mayoría de las acciones.
El antecedente inmediato tampoco ayuda. Desde agosto Geovanna Bañuelos advertía que la alianza en Zacatecas podía descarrilarse, mientras Morena, PT y Verde habían diseñado meses antes un mecanismo común para procesar las candidaturas de 2027.
Las reglas estaban.
El problema llegó cuando aparecieron los ganadores.
Y, principalmente, los perdedores.
Ahora vendrá la famosa Operación Cicatriz.
Morena ya tenía meses intentando recomponer la relación con sus aliados ante las fricciones por las candidaturas y el reparto político rumbo a 2027.
Aunque habría que revisar el botiquín.
Porque una cosa es cerrar una pequeña herida.
Y otra coser un aliado que considera que lo dejaron fuera del reparto.
Todavía faltan más designaciones.
Más encuestas.
Más ganadores.
Y, obviamente, más derrotados.
Así que apenas estamos viendo el principio de la temporada de independencia dentro de la llamada Cuarta Transformación.
Todos unidos por el proyecto.
Hasta que el proyecto tiene nombre y apellido.
Entonces aparecen las convicciones.
Las personales.
Y en política, como ya sabemos, las cicatrices también tienen memoria.