José Luis Parra
Hay una pregunta que comienza a repetirse con demasiada frecuencia en los corrillos políticos, en las sobremesas y hasta entre simpatizantes del gobierno: ¿quién está aconsejando a la presidenta?
La duda no nace de un error aislado, sino de una cadena de tropiezos que, lejos de corregirse, parecen acumularse. El episodio del Mundial de Futbol, los apagones, las protestas que escalan sin una respuesta política convincente y hasta un simpático pato que, por unas horas, logró desplazar de la conversación pública el caso Rocha Moya. Parecen estampas inconexas, pero todas tienen un punto en común: terminan erosionando la imagen de una mandataria que llegó al poder proyectando serenidad, control y capacidad para conducir al país.
No es un problema de gobierno únicamente. Es, sobre todo, un problema de comunicación política.Poder ejecutivo
Porque la política también se gana administrando percepciones. Cuando la agenda la dicta el adversario o, peor aún, la dicta el azar, alguien está fallando en el cuarto de guerra. Y cuando eso ocurre de manera recurrente, la pregunta deja de ser incómoda para convertirse en obligada.
Quienes rodean a la presidenta deberían ser los primeros interesados en proteger el activo político más importante del movimiento. Sin embargo, pareciera que algunos trabajan exactamente en sentido contrario. Cada crisis mal atendida, cada silencio prolongado y cada polémica innecesaria terminan debilitando una figura que, por perfil y carácter, difícilmente tendría necesidad de exponerse a ese desgaste.
La lista sigue creciendo.
Ahora se suma el enfrentamiento entre Morena y Grupo Salinas. El Tribunal Electoral resolvió que el partido puede utilizar la imagen de Ricardo Salinas Pliego en propaganda política sin necesidad de contar con su consentimiento. La empresa respondió denunciando persecución, debilitamiento institucional y anunció que llevará el caso hasta instancias internacionales.
Más allá de quién tenga la razón jurídica, la pregunta política vuelve a aparecer. ¿Era indispensable abrir otro frente? ¿Era necesario convertir a un empresario —con toda la polarización que genera— en protagonista permanente de la narrativa oficial?
Los gobiernos eficaces escogen cuidadosamente sus batallas. Los que pelean todas terminan desgastándose en las menos importantes.
Por eso la pregunta sigue ahí, cada vez con más fuerza.
¿Quién está aconsejando a la presidenta?
Porque, si el objetivo es fortalecer su liderazgo, hay quienes parecen empeñados en conseguir exactamente lo contrario.