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Rocha en el banquillo: cuando la acusación cruza la frontera

Por Alejandra Del Río

 

Ya no es especulación. Ya no es rumor político ni filtración interesada. Es un documento judicial.

La acusación presentada por fiscales federales de Estados Unidos, que el mismo gobierno Norteamericano comunico a través de su embajada en México, —el Indictment revelado con detalle por The New York Times— coloca al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, en el centro de una acusación que rebasa cualquier precedente reciente: presunta colaboración sistemática con el Cártel de Sinaloa, facilitando operaciones de tráfico de drogas, protección institucional y uso del aparato gubernamental para garantizar impunidad.

Rocha Moya, Goberndaor actual del Estado, Enrique Inzunza, Senador de la República por Morena, Juan de Dios Gamez Mendivil, Presidente Municipal de Culiacán, Enrique Díaz Vega Secretario de Administración y finanzas de Sinaloa, Dámaso Castro, Vicefiscal de Sinaloa, Alberto Jorge Contreras Ex comisario general de la Policía de Investigación, Gerardo Mérida, ex Secretario de Seguridad de Sinaloa, José Antonio Dionisio Hipolito, exsubdirector de la Policía Estatal de Sinaloa, Juan Valenzuela Millán Comandante de la Policía Municipal de Culiacán, entre otros, todos ellos Morenistas, TODOS son nombrados en la acusación por el Gobierno de los Estados Unidos, como cómplices del Cartel de Sinaloa.

No se trata de una mención tangencial. El documento describe —según lo publicado— una red de complicidades donde funcionarios públicos habrían operado como engranajes de una estructura criminal, incluyendo señalamientos sobre financiamiento ilícito de campañas y acuerdos de protección a cambio de control territorial.

Es, en términos claros, la judicialización internacional de la narcopolítica.


El peso del indictment: más que una acusación

En el sistema estadounidense, un indictment no es una declaración política: es una acusación formal sustentada en evidencia presentada ante un gran jurado.

Eso significa que lo que hoy enfrenta Rocha Moya, no es una narrativa mediática, sino un expediente que, de sostenerse, podría derivar en órdenes de aprehensión internacional, solicitudes de extradición y sanciones colaterales.

El documento, de acuerdo con lo publicado, detalla:

  • Presuntos vínculos operativos con células del Cártel de Sinaloa.
  • Participación indirecta en esquemas de protección institucional.
  • Posible intervención del crimen organizado en procesos políticos locales.

Si una parte de esto se acredita, el impacto no será local. Será sistémico.Ante la gravedad de los señalamientos, la reacción del gobernador en X fue inmediata, pero predecible, Rocha Moya rechazó categóricamente las acusaciones, calificándolas como falsas, sin sustento y producto de intereses ajenos a la realidad de Sinaloa. Insistió en que no existe ninguna prueba presentada formalmente en México y defendió su trayectoria política, apelando a su legitimidad democrática.

El mensaje siguió tres líneas claras:

  1. Negación absoluta de los hechos.
  2. Cuestionamiento a la jurisdicción estadounidense.
  3. Narrativa de persecución política.
  4. Y el apuntalamiento… decir que son ataques al sacrosanto Movimiento de Regeneración Nacional, abriendole una puerta (Línea) a la Presidenta para que salga con 3 horas de retórica mañanera, pero esta vez no es tan fácil, la respuesta que de doña Claudia será al Gobierno de los Estados Unidos, al que no puede llamar mentiroso ni hostil, ni opositor.

No hubo, sin embargo, en la respuesta de Rocha un elemento clave: desmontaje puntual de las acusaciones.

Y en política, lo que no se desmiente con precisión… se convierte en afirmación.

La presidenta hasta el día de ayer, ha mantenido una postura consistente: respaldo político al gobernador bajo el argumento de soberanía y debido proceso y ha invitado una y otra vez a detractores y al mismo gobierno de los Estados Unidos a que presenten sus denuncias acompañadas de pruebas, muy bien Presidenta Sheinbaum, qui está su acusación, su carpeta de investigación y sus pruebas… y casualmente las redes de doña Claudia se quedaron mudas hace 11 horas, ni declaraciones, ni defensas, ni cantos del himno nacional, ni nada, mas que la rápida llegada de Rosa Icela pálida al Palacio Nacional.

Este es el momento  donde la ecuación cambia, donde salir a defender es declarar complicidad, porque defender a un funcionario bajo investigación interna es una cosa, pero defender a un funcionario señalado en un indictment federal estadounidense es otra muy distinta.

La diferencia es el costo internacional.

Cada vez que el gobierno mexicano desestima las acusaciones sin exigir transparencia o cooperación, envía una señal incómoda a Washington: que la prioridad no es esclarecer… sino  encubrir y contener.

Y eso erosiona la confianza.

En la relación bilateral, la línea ya se tensó de más, México y Estados Unidos no tienen ya margen para una crisis de credibilidad en materia de seguridad.

Menos aún en un contexto donde el tráfico de fentanilo, el control territorial del crimen organizado y la presión política interna en Estados Unidos están en su punto más alto.

El caso Rocha introduce un elemento disruptivo:
la posibilidad de que actores políticos de alto nivel estén vinculados —según acusaciones formales— con estructuras criminales y estos son solo los primeros, todo Baja California, Tamaulipas y hasta Tabasco, ya empezaron a temblar.

Si México no actúa, Estados Unidos lo hará unilateralmente y esto no se puede dudar cuando los marines norteamericanos fueron no por un Gobernador, por un Presidente en funciones a Venezuela hace apenas 4 meses.

El verdadero fondo de esto es que el Estado Mexicano está bajo sospecha,

Este caso no es sobre un gobernador, es sobre la percepción internacional de nuestro país, sobre las miles de acusaciones de los sinaloenses que han encontrado oídos sordos en el gobierno tras mas de 600 días de guerra en Sinaloa entre carteles amañados con un gobierno corrupto que mira hacia otro lado.

Cuando un documento judicial extranjero sugiere que el crimen organizado ha penetrado estructuras de gobierno, lo que se pone en duda no es una persona… es el Gobierno Morenista en su totalidad y la integridad institucional del país.

Y esa duda tiene consecuencias:

  • En inversión
  • En turismo
  • En cooperación internacional
  • En estabilidad política
  • En las negociaciones comerciales

 

El gobierno mexicano está frente a una decisión histórica:

Ignorar la acusación y cerrar filas…
o abrir el caso y demostrar, con hechos, que el Estado no protege a nadie.

La primera opción protege a su gente, nos distancia definitivamente del gobierno de Trump y es una invitación tácita a una intervención en México de un gobierno que no se lo piensa dos veces, actua y opera, sin importar las tonaladas de retórica sobre soberanía, ni los ríos de tinta comprada por la 4T.
La segunda protege el futuro, cambia radicalmente el discurso y la postura de la Presidenta y la hace romper con el Gobierno anterior. Ambas opciones tienen un costo altísimo.

Lo que ya no es opción es minimizar lo que está ocurriendo.

Porque el problema ya dejó de ser interno.

Y México, hoy, está siendo observado por si no se habían dado cuenta en Palacio Nacional y en la mismísima Chingada.

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