El mapa del poder global se redibuja con una velocidad que los marcos tradicionales de seguridad y comercio no procesan tan rápidamente. La competencia geopolítica entre Estados Unidos y China probablemente se gane en los laboratorios de semiconductores y los algoritmos de inteligencia artificial.
Lo anterior, ha motivado que en Estados Unidos el gobierno hilvane alianzas con actores internos y aliados externos que convergen en ideales e intereses, con el propósito de asegurar el futuro y la soberanía no solo de aquel país, sino de toda la región norteamericana.
La paradoja está en aspectos clave como la seguridad energética, el liderazgo tecnológico y el acceso a minerales críticos, así como la protección del mercado regional, líneas que el gobierno del presidente Donald Trump ha trazado con claridad desde su regreso a la Casa Blanca.
Siendo honestos, la guerra del siglo XXI no se ve como la del siglo pasado. Ya no son sólo tanques ni misiles. Es quién controla los chips que mueven la economía global y quién tiene la inteligencia artificial más poderosa para tomar decisiones en tiempo real. En ese tablero, China lleva años jugando con la clara estrategia de convertirse en el proveedor de todo, para que el mundo entero dependa de ella. Su proveeduría tecnológica (redes 5g, semiconductores, IA, robótica industrial) se expande tanto en servicios de telecomunicaciones e internet, como en ámbitos gubernamentales -aduanas, tráfico, seguridad- e incluso militares, incluyendo servicios de inteligencia. Todo ello contrasta con las necesidades de estabilidad y autonomía estratégica de la región norteamericana.
Gran parte de lo que mueve a Norteamérica llega desde Asia. ¿Cuánto? En el sector farmacéutico, en el de semiconductores y electrónica, la dependencia de México y Estados Unidos respecto a Asia rebasa el 85%. Más de ocho de cada diez piezas clave de la economía regional vienen de allá. Es decir, total vulnerabilidad.
Esta semana, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, dijo que, al margen de las difíciles negociaciones en torno al T-MEC, el mayor punto de confluencia entre ambos países es definir cómo reemplazar importaciones de terceros países en sectores estratégicos que tienen alta dependencia asiática.
La oportunidad para México es enorme. En el sector de semiconductores, México hoy participa con apenas entre el 3% y el 4% de lo que compra Estados Unidos, pero Washington busca mover a Norteamérica al menos el 70% de su consumo. Ebrard estima que México podría aspirar a producir hasta el 30% de ese volumen.
La industria farmacéutica norteamericana vale 1.4 billones de dólares, mientras que México exporta actualmente 1,800 millones de dólares en medicamentos, con enorme potencial de crecimiento si se sustituyen principios activos que hoy vienen de India y China. Las conversaciones formales del T-MEC arrancan el 26 de mayo. Estamos a nada.
Los fundadores de las apps que usas todos los días, los ingenieros que construyeron los algoritmos que te recomiendan música y te sugieren qué comprar, ahora también apoyan inteligencia y estrategias militares y acceso a los secretos de defensa de la potencia más grande del planeta.
Los diplomáticos actualmente están negociando aranceles, y mientras tanto, en el mundo tech ocurrió algo igualmente significativo. Palantir, una influyente tecnológica de Silicon Valley, publicó un resumen de 22 puntos del libro The Technological Republic, escrito por su propio CEO, Alex Karp, provocando un sinnúmero de reacciones en la industria tecnológica.
¿Qué dice ese manifiesto? En pocas palabras, que los gigantes tecnológicos no pueden seguir viviendo en su burbuja de ganancias mientras el país que los hizo posibles necesita que se pongan al frente de su defensa. El documento plantea convertir a Estados Unidos en una “República Tecnológica” donde las grandes compañías del sector no solo piensen en fines comerciales, sino también militares, implicándose activamente en la seguridad nacional y la competencia geopolítica.
En el primer punto destaca que Silicon Valley tiene una deuda con el país que hizo posible su crecimiento, y sus ingenieros tienen la obligación de participar en la defensa de la nación.
Y hay un argumento que cambia toda la conversación sobre el futuro de los conflictos, es decir, la disuasión global ya no girará en torno a armas nucleares, sino a sistemas basados en inteligencia artificial. Ahora el gran debate es ver quién va a controlar las armas creadas con IA.
El 13 de junio de 2025, ejecutivos de Meta, Open AI y Palantir, Andrew Boswoth, Kevin Weil y Shyam Sankar y Bob McGrew, fueron nombrados tenientes coroneles del ejército estadounidense. Así nació el Destacamento 201, la primera unidad militar de la historia pensada para que la inteligencia de Silicon Valley sirva directamente a la estrategia de defensa estadounidense.
Si esta “República Tecnológica” va a funcionar, necesita reglas claras, transparencia real y supervisión independiente. Sin eso, el poder que se concentra en pocas manos puede convertirse en el mismo problema que quiere resolver.