Columna de opinión
Tomás=dídimo=dividido=doble=duplicado
Magno Garcimarrero Ochoa
Magno Garcimarrero
En este 3 de julio han transcurrido 183 días del año, y faltan por transcurrir exactamente otros 183 días para que termine el año sidéreo.
Hoy 3 de julio de acuerdo con el santoral católico está dedicado al apóstol Tomás (el incrédulo), aquél que dudó de la reaparición de Jesús, según se cuenta en el evangelio de Juan.
La conmemoración de Tomás en ese día que marca la mitad justa del año, viene desde 1582, cuando el Papa Gregorio XIII impuso su calendario en los países católicos de Europa: Italia, España, Portugal.
No es casual que el día que divide el año en dos partes iguales, esté dedicado a un santo cuyo nombre significa precisamente eso: división, duplicidad, mitad o dualidad.
Es curioso que a Tomás también se le conozca con el nombre de Dídimo que hace alusión a la duplicidad o a la división en dos, y que, ambos nombres se hayan usado históricamente para referirse a los gemelos, mellizos o cuates.
Más aún, en anatomía, epidídimo es un órgano, situado sobre cada uno de los testículos. La palabra significa ni más ni menos: “encima de los cuates”.
Los investigadores de mensajes cifrados y elucubraciones esotéricas, han creído hallar la noticia de que el apóstol incrédulo tenía por nombre verdadero Judas y que, los apelativos de Tomás y Dídimo eran sólo apodos con que se le identificaba, y han querido suponer que la ocultación de esa condición, hecha por la Iglesia, es porque ésta difundió durante siglos la afirmación de que Jesús era unigénito, lo que contrarió la circunstancia de que Tomás y Jesús eran gemelos.
Pero no para ahí el asunto, el fraile dominico Diego Durán, (1537 Sevilla-1588 México) expresó en su “Códice Durán” la creencia de que el apóstol
Tomás llegó de algún modo al Anáhuac y que aquí fue conocido como Ce Acatl Topilzin, y por otro nombre: Quetzalcóatl, apodo que, además de la ya súper sabida interpretación ideográfica de “serpiente emplumada”, semánticamente se puede traducir perfectamente por “divino gemelo” o “santo cuate” o sea: Santo Tomás.
El propalar esta hipótesis, les costó grandes castigos de la Santa Inquisición a Carlos Sigüenza y Góngora (1645-1700), al historiador italiano Lorenzo Boturini (1702-1756) al bachiller en cánones José Ignacio Barunda (1740-1800), y a Fray Servando Teresa de Mier (1765-1827).
¿Cómo la veis desde ahí? M.G.
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