RELATO
Siempre supe que el mundo era un lugar muy cruel; sin embargo NUNCA imaginé que en este mismo lugar me sucedería algo muy bonito.
Soy un joven de raza negra, que toda su niñez fue burlado por su aspecto. Yo no era guapo ni mucho menos. Tampoco tenía ninguna gracia, sino todo lo contrario. Era tímido y miedoso… Y, aun hoy en el presente lo sigo siendo.
¡Pero con él no soy así! Solamente cuando estoy junto a su lado me olvido de mi mismo, y de lo que soy. Entonces me siento feliz, porque él es mi amigo. ¿Y sabes qué es lo más chistoso? Pues que él es un hombre blanco.
Lo conocí un día en el lugar donde yo trabajaba. Soy de un pueblito del condado de Ventura, California. No tengo padres. Mi madre murió de cancer, y mi padre, pues la abandonó antes que yo naciera. Desde entonces vivo en casa de una tía materna, el único familiar que tenía mi madre.
Ser una persona de raza negra es muy difícil y doloroso. Lo digo porque así es. Antes, cuando era yo un adolescente, lloraba mucho, pero ahora ya casi no. Tal vez y todo se deba a mi amistad que tengo con él. Como ya he dicho antes: él es un hombre blanco, y tiene unos setenta años.
Y solamente cuando estoy con él platicando no siento odio de mi mismo, y del color de piel que tengo. Pero luego siempre regreso a lo mismo, cuando vuelvo a estar solo andando por la vida. Entonces enseguida pienso en él…
Nunca he querido preguntarle por qué él no me odia, como a veces, de manera paranoica, pienso y temo que el resto de su gente lo hace, y porque si es blanco no me llena de insultos. No me atrevo a hacerlo.
A veces paso muchas horas pensando en todo esto.
No lo sé. No es que yo esté lleno de prejuicios, pero la verdad es que no puedo entender que exista una amistad entre un hombre blanco y un “nigger”…
No me gusta la gente, no me gusta nadie, pero él es diferente. Él sí me gusta. Con él me siento a gusto. Cuando estoy con él no pienso en si mi color de piel le causa asco.
En cambio; cuando voy a cualquier lugar público, como un supermercado, siempre me pongo nervioso. Siempre estoy a la espera de que alguien me grite o de que me hagan ver de que no soy bienvenido.
No lo sé. Ahora ya no sucede, porque los tiempos dizque han cambiado un poco. Pero recuerdo que, cuando tenía cuatro o cinco años, siempre sucedía… No estaba permitido que personas de color negro entrasen en tiendas, y un montón de lugares más. Y cuando uno de “nosotros” lo hacia, enseguida le hacían todo tipo de cosas feas.
El mundo es un lugar muy horrible…, pero aquí es donde encontré la amistad de un hombre muy bueno. Y, aunque trato y sigo tratando de entenderlo, no puedo.
Cuando estoy con él, no siento miedo. Ni de mí, ni de nadie… Pero apenas él se va y yo vuelvo a sentirme inseguro. Entonces es cuando vuelvo a odiar este mundo y a toda su gente… Porque solamente cuando estoy con él, la vida parece tener un poco de sentido.
Y no sé qué es lo que haré cuando me falte él… Tal vez y sea yo quien muera primero; no lo sé. Pero la verdad es que tengo mucho miedo. Él es todo lo que tengo. Él es la única persona a quien he amado de verdad… Y quisiera explicarlo, pero no puedo.
No me gusta la gente, esto es todo lo que sé. Pero él es diferente. Cuando estoy con él, me siento a gusto. No pienso para nada en si soy un joven de una raza que por siglos ha sido “rechazada”…
Cuando estoy con él, sí miro el color de su piel. Pero luego no entiendo cómo es que está sucediendo: que dos personas tan “diferentes” estén sentadas una frente a la otra; hablando, mirándose, como si fuesen IGUALES entre sí…
En este mundo cruel… Él siempre ha sido mi único amigo, el único con el que jamás me he sentido a disgusto con lo que soy: “UN JOVEN DE RAZA NEGRA”…
ANTHONY SMART
Septiembre/06/2017
12:03 p.m. Miércoles