Magno Garcimarrero
Como mi proctólogo tiene su consultorio a una cuadra de mi casa, nomás doblando la esquina, salí caminando y en el zaguán hacia la calle me topé con mi hermano cuate que de pura coincidencia iba también con el mismo médico.
Antes de cubrir el primer tramo de la vía ya nos habíamos enterado mutuamente de nuestra consulta que, era a la misma hora porque seguramente la empleada del médico, confundida por los nombres iguales, había creído que éramos sólo una persona; pero ya viendo desde la acera la puerta del consultorio Benjamín me dijo:
“Oye, yo me rajo, ve tu sólo a que te meta el dedo el doctor y de la receta que te dé sacas copia y me la pasas al rato”—“¡Ah que chistosito! ¿Y si mejor tu entras a consulta y me das copia de la “receteada”?
Después de reírnos de buena gana le aclaré que el facultativo me había informado que en la actualidad todos esos análisis se hacían en sangre por lo que la vieja práctica digital era obsoleta.
Benjamín con sus siempre afinadas ocurrencias puso cara de circunstancia y dijo: “Los tiempos pasados siempre fueron mejores”.