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Veracruz ante el espejo nacional

Astrolabio Político

Por: Luis Ramírez Baqueiro

“El futuro no es un regalo, es una conquista”. – Robert Kennedy.

 

La crisis de Sinaloa no debe leerse en Veracruz como un episodio lejano. Rubén Rocha Moya pidió licencia temporal, no renunció, tras señalamientos vinculados al caso de Los Chapitos en Estados Unidos. Ariadna Montiel asumió la dirigencia nacional de Morena el 3 de mayo de 2026. Héctor Yunes Landa renunció al PRI tras 45 años de militancia.

Veracruz entra a una nueva fase política: la de la resistencia, el reacomodo y la depuración narrativa.

Lo ocurrido en Sinaloa golpea directamente a Morena porque coloca sobre la mesa el tema más delicado para cualquier fuerza gobernante: la sospecha de vínculos entre política y crimen organizado. Aunque cada entidad tiene su propia realidad, el impacto nacional contamina el ambiente local. La oposición intentará llevar esa sombra a Veracruz, no necesariamente con pruebas, sino con ruido. Y en política, a veces el ruido basta para erosionar.

Ahí se inscribe la ofensiva permanente contra la gobernadora Rocío Nahle García. A Nahle se le acusa de todo: de lo que ocurre, de lo que no ocurre y hasta de lo que heredó. Esa campaña interminable tiene un propósito claro: instalar la idea de un gobierno fallido antes de que el gobierno termine de ordenar la casa. No se busca debatir resultados; se busca desgastar autoridad.

Pero también hay que decirlo: Morena ya no puede gobernar solo con la fuerza de la marca. El caso Sinaloa obliga a cerrar filas, sí, pero también a limpiar perfiles, revisar alianzas y evitar que los impresentables se escondan bajo la sombra del movimiento. Veracruz será una prueba mayor para esa nueva etapa.

 

La llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia nacional de Morena no es menor. Representa disciplina territorial, estructura social y control político. Para Veracruz puede significar mayor vigilancia desde el centro, menos tolerancia a los grupos locales que juegan por la libre y una operación más fina rumbo a los procesos electorales. El mensaje es claro: Morena quiere orden, no tribus desbordadas.

En la oposición, la renuncia de Héctor Yunes al PRI confirma la descomposición de un partido que perdió territorio, narrativa y autoridad moral. Su salida tras 45 años puede presentarse como acto de dignidad, pero también revela oportunismo tardío: muchos abandonan el barco cuando ya no queda botín ni timón.

Veracruz queda, entonces, ante una paradoja: Morena enfrenta el desgaste nacional de sus propios escándalos, pero la oposición tampoco aparece como alternativa limpia, sólida o creíble.

Por eso el desafío de Nahle no será solo gobernar. Será sostener el control político sin caer en triunfalismos, responder con resultados y no con pleitos, y demostrar que Veracruz no será rehén ni de campañas negras ni de herencias podridas.
La batalla que viene no será únicamente electoral. Será por la credibilidad. Y en Veracruz, quien pierda credibilidad, pierde futuro.

Al tiempo.

astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

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