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VIII Congreso Nacional extraordinario de Morena con Rocha

Eduardo Sadot

 

Los principales miembros de MORENA, desde todos los niveles de decisión en los tres órdenes de la administración pública, se han desgañitado con el estribillo de que “no hay pruebas”, equivalente al “yo tengo otros datos”, frente a las acusaciones de que son objeto.

En sus inicios, en los regímenes posrevolucionarios, en la Cámara de Diputados se veía de todo: generales revolucionarios —del pueblo—, esos mismos que empuñaron las armas y alentaron los enfrentamientos en los tiempos de la Revolución. Muchos de ellos se convirtieron en legisladores con menos o igual nivel de escolaridad que los que están ahora, pero eran otras condiciones: las oportunidades de estudio no eran las que tenemos hoy. El nivel de analfabetismo del México pre y posrevolucionario era mayor; quizá por eso, al ser pocos los que tuvieron acceso a la educación, estos eran los ricos. Algunos, consciente o inconscientemente, velaban por sus intereses de clase, pero otros sí estaban conscientes de lo que sucedía en México: una mayoría de ignorantes empobrecidos en busca de oportunidades para enriquecerse —cualquier semejanza con lo que sucede hoy es pura coincidencia—.

Cuentan que en una de esas legislaturas posrevolucionarias, dos generales de la época, siendo ambos diputados, protagonizaron una escena en la Cámara. Uno de ellos increpó desde su curul al otro que estaba en la tribuna haciendo uso de la palabra —la anécdota se cuenta más o menos así—: el diputado desde su curul le gritó: “¡Es usted un ratero!”.

Y el diputado en la tribuna le contestó: “¡Usted a mí no me va a insultar sin pruebas! Lo reto a que me lo pruebe y que se disculpe”. Entonces, el otro diputado le respondió: “Lo estoy acusando de ratero, no de p… tonto, porque si usted fuera p… tonto habría pruebas para acusarlo; sí hay evidencias, pero no hay pruebas porque no es p… tonto”.

Algo así sucedió en el caso de Rocha Moya. En los tres órdenes de gobierno se multiplicaron los pronunciamientos de apoyo, quizá porque su cercanía con grupos económicamente poderosos de la delincuencia le permitió contar con recursos suficientes para apoyar candidaturas de MORENA en todo el país. Eso explica por qué hay muchos políticos comprometidos con Rocha Moya, capaces de gritar en pleno VIII Congreso Nacional Extraordinario: “¡No estás solo!”. Esto evidenció que apoyó a candidatos de MORENA en todo el país, a solicitud del líder, obvio, porque los intereses de quienes estaban con él también tenían presencia nacional.

Durante el Congreso se nombró presidenta a la exsecretaria del Bienestar; con ello se abre la oportunidad de presionar y cobrar en votos lo entregado en dinero desde el bienestar. No se necesita mucho para saberlo.

La crisis de credibilidad y confianza en MORENA es una realidad, no porque algunos mexicanos persistan en creer mentiras a pesar de las evidencias, sino como gesto de gratitud por los apoyos recibidos; eso no significa que la mayoría de los mexicanos piense igual.

La narrativa de MORENA como “narco partido”, en la mira de Estados Unidos y en ruta —según diversas acusaciones— de ser señalado como “partido terrorista”, está cada vez más presente en el discurso público. A ello se suman señalamientos sobre aportaciones de la delincuencia a campañas, así como la denuncia en Estados Unidos de Simón Levy, quien afirma haber presentado pruebas. De confirmarse, el proceso podría escalar a niveles más altos.

@eduardosadot
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