Fuera de Todo
Denise Díaz Ricárdez
La mayoría de las mujeres, sin duda alguna hemos sido víctimas de violencia de género, sobre todo antes que el tema era inimaginable que estuviera sobre la mesa en una comida familiar, ser mujer representaba muchas veces; obedecer, no opinar y no participar.
Esa situación de no ser vista ni escuchada y que decir, muchas veces violentada física y psicológicamente. Resulta un caso (como muchos) en una ciudad del sur de Veracruz, donde habitaba un matrimonio cuyo patriarca solía llegar a diario de pésimo humor, a golpear a su pareja.
Cuando el sujeto falleció luego de una borrachera habitual, todo el vecindario fue al velorio a acompañar a la viuda, bajo el supuesto de que por fin dejaría de sufrir estos actos violentos, como quedó de manifiesto en el velorio. El sujeto a tres metros bajo tierra supuso un alivio para la viuda. Pero vaya sorpresa: el vecindario siguió escuchando gritos en la casa adjunta y cuando fueron a ver qué ocurría, la viuda admitió que se autoflagelaba porque así recordaba a su querido marido.
Es que la violencia de género entre sus tantos matices nos deja en claro que las víctimas, en su mayoría mujeres quedan con huellas tan profundas y laceradas en su bienestar mental que pueden permanecer años en ese estado de abuso constante.
Grave el caso de todas y cada una de las mujeres que se nos vienen a la mente o el más reciente de una influencer que decide terminar con su vida, dejando en la orfandad a 2 menores debido a los años de violencia psicológica infringida por su pareja sentimental.
Esa violencia también se traslapa al ámbito laboral, donde muchos jefes abusando de su jerarquía marginan, hacen groserías de todo orden a sus empleados (hombres y mujeres) y eso sí aparentan ante sus superiores que son lo mejor de lo mejor.
Muchas personas por apremios económicos aguantan y aguantan esos desplantes no obstante que en privado sus compañeros en el mejor de los escenarios alientan a aguantar en lo que corren a ese jefe.
Solamente que estas situaciones se encuentran en muchas familias, en el gobierno, en las empresas, en las escuelas, en los transportes.
Sin dejar de reconocer que ese fenómeno de violencia de género es algo que viene desde muy atrás de la historia, ahora se reconoce la necesidad de atemperar y que las campañas de derechos humanos nunca cesen en nuestro país.