Columna de opinión
La Costumbre del Poder: Responder al agravio de AMLO con sarcasmo, es error tan grave como el de Carlos Salinas al hacerse español
Gregorio Ortega Molina
* Error responder al agravio, el desdén, el avasallamiento verbal de Andrés Manuel López Obrador con sarcasmo y memes. La amenaza en contra de la democracia, de la República, que convierte al presidente de los mexicanos en un peligro real, no debe tomarse a la ligera. Va por todo
* ¿Cuál será ahora el testamento político de Carlos Salinas? ¿Pondrá las rodillas debajo del escritorio para redactar sus verdaderas memorias presidenciales? ¿Nos dirá la neta de la muerte de Colosio? Él sabe cómo y por qué
Gregorio Ortega Molina
Error responder al agravio, el desdén, el avasallamiento verbal de Andrés Manuel López Obrador con sarcasmo y memes. La amenaza en contra de la democracia, de la República, que convierte al presidente de los mexicanos en un peligro real, no debe tomarse a la ligera. Va por todo.
Por lo pronto terminará por desnaturalizar la función del Congreso y de la SCJN, ahora apéndices del poder Ejecutivo. El INE será visto con desconfianza, y, créanlo o no, se esforzará por posponer las elecciones presidenciales de 2024, con la promesa de celebrarlas en 2028. Ya sabrán si se avienen, unos con la idea de conservar su riqueza, otros para que no los despojen de su parcelita de poder, y otros más para eludir caer en chirona.
No se trata de un candidato, una alianza político-electoral segura, sino de la articulación de un proyecto capaz de rescatar a la República por medio de la auténtica y sin dobleces reforma del Estado, la tan necesaria y tan pospuesta transición. No lo veo.
La mega marcha del 27 de noviembre será un éxito para Palacio Nacional y la verdadera espada de Damocles sobre México y su futuro. Ya después, como dicen los avezados columnistas y los inteligentes articulistas, verán quién la tiene más grande.
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Si hay uno de los expresidentes que se pasa de listo, es Carlos Salinas de Gortari. Desde que conoció a Adolfo López Mateos supo que necesitaba terciarse la banda presidencial y mandar.
Contribuyó a cambiar el rostro de México, amplió las posibilidades de su integración al bloque de América del Norte, abrió la patria a la inversión extranjera y, de algún modo, mejoró la calidad de vida, aunque le tembló el pulso al dejar pendientes reformas como la laboral y a la ley minera. Y se amilanó ante el desbordamiento de las ambiciones personales e ilegales de su hermano mayor, Raúl.
Desde que Ernesto Zedillo tomó posesión, Salinas remó contracorriente para recuperar el lugar que él cree merecer en la historia. Nada lo inquietó, ni el encarcelamiento de su hermano Raúl, mucho menos la desaparición de Justo Ceja, su caja de Pandora, su baúl de los secretos. Se fue sin decir ni pío.
Aguantó todo, para sacar del desván de los trebejos su identidad de sefardita y buscar, así, la nacionalidad española. ¿Por qué hasta ahora? ¿Qué sabe? ¿A qué se debe su negación de la Patria, de su identidad nacional? ¿A qué o a quién le teme? Imposible saber el por qué a estas alturas necesita hacer alarde de que puede irse sin temor, y más vale que lo den por muerto, a pesar de haber alimentado con cash y a través de Manuel Camacho Solís al entonces incipiente movimiento de Andrés Manuel López Obrador.
No son pocos los mexicanos de origen sefardí, y no los veo en la necesidad de reclamar una nacionalidad española como “detente” ante lo que se espera como epílogo de un sexenio que puede llegar a prolongarse hasta los diez años. Ni José Andrés de Oteyza llevó su identidad de “churumbel” tan lejos, porque nunca se sintió mexicano.
José López Portillo cometió el dislate de visitar el pueblo de sus ancestros, y todo mundo lo felicitó por reconocer sus orígenes, pero tuvo buen cuidado de rasurarse las patillas de tabernero que se había dejado como secretario de la Hacienda Pública. ¿Cuál será ahora el testamento político de Carlos Salinas? ¿Pondrá las rodillas debajo del escritorio para redactar sus verdaderas memorias presidenciales? ¿Nos dirá la neta de la muerte de Colosio? Él sabe cómo y por qué.
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@OrtegaGregorio
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