Columna de opinión
La misteriosa popularidad de Claudia Sheinbaum
Fernando Meraz Mejorado
NEMESIS
Fernando Meraz Mejorado
Todo el mitin había transcurrido en un ambiente de tensión. El auditorio, en mayoría de acarreados, gritaba consignas contra las fallas de la administración Claudista pidiendo seguridad en las calles de pueblos y ciudades, medicinas que no llegan, presupuesto para escuelas y hospitales, coto al crimen organizado, atención a los baches y socavones en áreas urbanas y carreteras locales y federales. ¡Basta de corrupción oficial!, ¡No más mentiras!, ¡Ayotzinapa vive! ¡La lucha sigue!, ¡Queremos la verdad!, ¡Que se vayan Augusto y su pandilla de La Barredora. ¡Que aparezcan nuestros hijos, nuestras hijas y mujeres, reclutado, secuestrados y desaparecidos! Todo en medio de gritos y abucheos que cada minuto subían de tono.
***
Finalmente la presidente estalló: “Si siguen con estos gritos, mejor nos vamos”. El latigazo restalló más que contra la concurrencia, sobre las espaldas de los organizadores, miembros del séquito, coordinadores y hasta los más de cien efectivos militares del aparato de seguridad de la comitiva.
***
La dama ante el micrófono palidece, su discurso se atropella, las frases no salen en el orden establecido, se atropellan en la boca. Por más que trata de impostar la voz no lo consigue. Sus manos se afertan al atril, con impotencia. La sonrisa con la que abrió su intervención se ha diluido, ya es la mueca dura, tiesa, autoritaria que usualmente la caracteriza.
Después de cada frase, busca con ansiedad la reacción de su auditorio pero esta no se ve. Poco antes recurrió al tema del reparto de dinero. “Les quiero decir que ya hemos repartido miles de millones a los jóvenes estudiantes y a los miembros de la Tercera Edad. Apenas levantó una decena de aplausos desganados.
Luego optó por invocar a su predecesor y pidió una ovación “Para nuestro presidente López Obrador”. También recurso vano, solo un murmullo desolado se levantó de las primeras filas del auditorio, de los machuchones beneficiados con el botín político y los contratos y prebendas.
***
Pero en gran mayoría el auditorio es ajeno, indiferente. La gente oye a la presidente sin escucharla. Aquí hay campesinos, ejidatarios, obreros, maestros de primaria y secundaria, anas de casa, comerciantes, empleados que no ocultan su molestia por haber sido obligados a venir en el acarreo organizado por los dirigentes locales del gran partido.
***
Furiosos, el gobernador, los alcaldes y los dirigentes del gran partido, mandan mensajes amenazantes a sus subordinados. “Que aplaudan, jodidos”. “¿Pues a que vinieron?”, “Que no chinguen”. “Que griten porras, que lancen vivas”. “Muevanse carajo, después haremos cuentas”.
***
Más columnas de Fernando Meraz Mejorado
Fernando Meraz Mejorado
Crónica: El reloj del continente
NEMESIS Fernando Meraz Mejorado El tiempo corre implacable, como un torrente que no retrocede, mientras el mundo entero fija su mirada…
Leer columna →
Fernando Meraz Mejorado
Cuando el águila brava se divierte jugando a los volados con la vida y con la muerte
Fernando Meraz Mejorado Como si quisiéramos que se ya se acabara este año, cuando algunos senderos parecen abrirse, mientras otros siguen…
Leer columna →
Fernando Meraz Mejorado
Ya viene la tormenta política
NEMESIS Fernando Meraz Mejorado Ya se despierta en cada capital, en cada cabecera municipal, ese latido que precede a la elección:…
Leer columna →
Fernando Meraz Mejorado
El secuestro, robo del aliento
Fernando Meraz Mejorado El secuestro no es solo un hecho criminal, es el secuestro mismo de la vida humana — como…
Leer columna →