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Columna de opinión

Seis décadas de solidaridad

Roberto Abe Camil

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Roberto Abe Camil
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Las Fuerzas Armadas de México han construido una historia de gloria en los campos de batalla, pero también otra de solidaridad con el pueblo ante la adversidad. Al honor en la línea de fuego, se añade no sin menos valor, el altruismo que despliegan soldados, marinos, aviadores y ahora guardias nacionales ante los desastres naturales o accidentes que se dan a lo largo y ancho del territorio nacional. La naturaleza es generosa con México, pero ello también viene acompañado de ciclones y terremotos. Desafortunadamente el crecimiento anárquico y desordenado en las zonas urbanas, será siempre tierra fértil para accidentes fatales. Hace un par de días, la Secretaría de la Defensa Nacional, conmemoró los sesenta años del Plan DN-III-E, que tiene su par en la Secretaría de Marina, con el Plan-Marina.

La ceremonia contó con la presencia de los Agregados Militares, Navales y Aéreos acreditados en nuestro país como invitados especiales y dio cuenta de la capacidad y profesionalismo de los soldados mexicanos ante casos de desastre, no en vano nuestra tropas también han estado presentes hombro con hombro, con militares extranjeros cuando las emergencias han golpeado a naciones amigas.

La relación de accidentes y tragedias van de la mano de nuestra historia, se han documentado calamidades desde tiempos antiguos, no solo con temblores, epidemias, inundaciones o erupciones volcánicas sino también con accidentes fatales, como aquel que ocurrió el 6 de marzo de 1862, cuando estalló el polvorín de la Brigada Oaxaca, en el edificio de la Colecturía en San Andrés Chalchicomula. La terrible explosión causó miles de muertos entre militares y civiles, el General Zaragoza perdió alrededor de 1,800 efectivos que iban en marcha a reforzar al Ejército de Oriente en las semanas previas a la Batalla de Puebla.

En la memoria colectiva del pueblo mexicano se cuenta con la constante gratitud hacia los efectivos que participan en el Plan DN-III-E, pero también con el recuerdo de soldados cubiertos de polvo o de lodo, en 1985 en la Ciudad de México o en Acapulco en 2023. En lo personal, guardo una imagen que dice todo: al ocurrir el terremoto de 2017, en Jojutla, Morelos vi muy pronto llegar a la plaza principal, un transporte con tropas de infantería. Los muchachos ágiles descendieron del camión cambiando de inmediato los fusiles por picos y palas para correr a rescatar heridos y recuperar cuerpos.

Hoy prácticamente todos los elementos del Ejército Mexicano tienen entrenamiento para actuar al ordenarse la implementación del Plan DN-III-E, pero también se cuenta con unidades de élite para atender accidentes y desastres naturales como lo es el Batallón de Atención a Emergencias (B.A.E), que puede desplegarse a cualquier punto del territorio nacional en menos de 6 horas y a misiones internacionales en 24 horas. Particularmente son muy apreciados por la población, los perros rescatistas de las Fuerzas Armadas. En el ejército, “Proteo” un pastor alemán que participó en misiones dentro y fuera de México, murió en Turquía y el gobierno turco en reciprocidad, regaló al Ejército Mexicano a “Arkadas”, otro pastor alemán y precioso ejemplar que ahora sirve junto a su manejador, un policía militar. La Armada de México tuvo a “Frida”, una golden retriever que se ganó el cariño de los mexicanos trás el terremoto de 2017. Particular mención y reconocimiento merece el personal de Sanidad Militar, por su sacrificio y desempeño durante la pandemia de Covid 19.

El 27 de octubre de 1959, años antes de la creación del Plan DN-III-E, el huracán Linda de categoría 5, también conocido como el “ciclón del 59”, golpeó con furia las costas de Colima, en uno de los desastres naturales más graves que ha conocido el Pacífico mexicano. Se estima que 2,000 personas fallecieron y que el 40% de las viviendas del puerto de Manzanillo fueron destruidas.

Peró el ciclón también irrumpió en el campo, los ríos crecieron, comunidades quedaron aisladas, las casas destruidas, cosechas y ganado se perdieron, no pocos campesinos estuvieron incomunicados y desprotegidos en sus parcelas. En aquella zona se encontraba el Teniente Coronel de Caballería Manuel Pérez Alfaro, quien mandaba al 34 Cuerpo de Infantería de Defensas Rurales. Pérez Alfaro ordenó a sus rurales aún a riesgo de perder sus propias vidas, poner a salvo a los campesinos y al ganado. Los rurales auxiliaron sin descanso a la población, varios quedaron heridos o fueron arrastrados por los ríos crecidos.

Algunos de ellos en medio de la emergencia, se enteraron de que sus casas fueron arrasadas o que habían perdido a algún familiar. En la localidad de Minatitlán, estaba acuartelada una partida del 25 Batallón de Infantería. La pequeña unidad era mandada por el joven Teniente Jesús Cortés Botello, quien mientras auxiliaba a la población, murió arrollado por una avalancha de agua, ramas y rocas, su cuerpo pudo ser rescatado al quedar atorado en un recodo.

Cuando la tragedia cesó, las tropas y los rurales se dieron a la tarea de organizar la reconstrucción, restablecer los servicios, evitar el pillaje y brindar seguridad a la población. Los sucesos de 1959 en Colima, fueron anteriores al Plan DN-III-E, que se aplicó por primera vez en 1966, pero sin duda alguna son un orgulloso antecedente del sistema militar de protección civil que no solo ha cumplido seis décadas de vida, sino que se ha desplegado en más de 87,000 ocasiones dentro y fuera de nuestras fronteras dando cuenta de las virtudes y el humanismo que son prendas características de los soldados de México.

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