Por Alejandra Del Río
Hay derrotas que son producto de una mala campaña. Otras son consecuencia de una coyuntura adversa. Y luego están aquellas que nacen de la soberbia política. Lo ocurrido en Coahuila este fin de semana pertenece a esta última categoría.
Los resultados son contundentes: el PRI ganó las 16 diputaciones locales en disputa. Carro completo. Morena perdió todo, incluso después de haber reforzado su estructura política y su liderazgo en el estado. Y mientras tanto, el PAN y Movimiento Ciudadano enfrentan la posibilidad real de perder su registro local tras haber rechazado una alianza con el priismo coahuilense.
Hace apenas unos meses advertimos lo que ocurriría. Se les dijo una y otra vez a los dirigentes panistas que romper la alianza era un error estratégico monumental o bien se debilita la oposición entera frente a un partido oficial al que se ve dispuesto a todo por ganar o se pierde la certeza en las elecciones.
El PRI mantenía una estructura territorial sólida en Coahuila, una maquinaria electoral aceitada y una capacidad de movilización que ningún otro partido opositor posee actualmente en la entidad, pero pudieron más los prejuicios que la inteligencia política.
Desde la dirigencia nacional encabezada por Jorge Romero Herrera se tomó la decisión de dinamitar una coalición a nivel nacional que había demostrado ser competitiva. Según sus propios argumentos, el PRI se había convertido en una carga para Acción Nacional. La realidad acaba de demostrar exactamente lo contrario.
Hoy los números exhiben con brutal claridad quién sostenía realmente el peso electoral de la oposición en Coahuila. Mientras Morena fue incapaz de ganar una sola diputación local, el PRI obtuvo una votación que supera ampliamente a la de sus adversarios y consolidó su hegemonía política en el estado.
Los datos son todavía más dolorosos para quienes apostaron por la ruptura: el PRI obtuvo alrededor de veinticinco veces más votos que Morena en diversas regiones estratégicas del estado, una diferencia que no admite interpretaciones ni discursos de autoengaño, aunque ya evidentemente los políticos morenistas como
Monreal salieron a denunciar la elección, por que todos sabemos que no aceptan jamás una derrota.
La elección deja varias lecciones; La primera es que las elecciones no se ganan en las redes sociales ni en las conferencias de prensa, ni cambiando logotipos, Se ganan en el territorio. Y en Coahuila el PRI sigue teniendo los cuadros necesarios, así como en Coahuila el partido que líderes Alejandro Moreno se está fortaleciendo por todo el país.
La segunda es que la política no se trata de filias o fobias personales. Las alianzas existen para sumar fortalezas y compensar debilidades. Cuando un partido decide romper una coalición exitosa únicamente por cálculos internos o rivalidades ideológicas, termina enfrentándose a la realidad de las urnas. Y la tercera es quizá la más importante: Morena no es invencible.
Durante años se ha construido la narrativa de que la maquinaria oficial es imparable. Coahuila demuestra exactamente lo contrario. Cuando existe organización, estructura territorial, liderazgo local y cercanía con la ciudadanía, Morena puede ser derrotada de manera contundente.
Paradójicamente, quienes terminaron facilitándole el camino al oficialismo no fueron sus adversarios naturales, sino algunos dirigentes opositores empeñados en pelear entre ellos.
El resultado es devastador para el PAN. No sólo quedó relegado a la irrelevancia electoral en una de las entidades donde históricamente había sido competitivo, sino que además enfrenta el riesgo de perder presencia institucional por una decisión que pudo evitarse.
Por eso vale la pena recordar algo que muchos prefirieron ignorar, se les invitó a la mesa y se les advirtió, se les dijo que dividir a la oposición beneficiaría únicamente a Morena.
La fortaleza electoral del PRI en Coahuila no era una percepción sino una realidad comprobable, no quisieron escuchar y hoy las urnas hablaron por ellos.Y las urnas, a diferencia de los dirigentes, salvo cuando las desaparecen los narcos…nunca se equivocan.