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Cuando la información se convierte en arma. El caso de los grooming gangs en el Reino Unido bajo la lente de la Infocracia

POR FERNANDO PESCADOR GUZMÁN.

 

El filósofo y escritor coreano Byung Chul Han ha denominado como Infocracia a la presente era, caracterizada por un poder político que ya no se sostiene en grandes relatos ideológicos ni en proyectos de largo aliento. Actualmente, la autoridad se disputa en un ecosistema saturado de datos, imágenes y mensajes que circulan sin pausa

En este entorno, lo que importa no es la verdad, sino la visibilidad, la viralidad y la capacidad de generar afectos inmediatos. Pocas controversias ilustran este fenómeno con tanta claridad como el debate británico sobre los llamadas grooming gangs, redes de explotación sexual infantil, con su cifra, repetida hasta el cansancio, de “250,000 víctimas”.

La enorme cifra, que ha sido utilizada en discursos políticos, campañas digitales y debates televisivos, no aparece en ningún informe oficial del gobierno británico. Ni en la Auditoría Nacional sobre Explotación Sexual Infantil en Grupo (2025), ni en la Investigación Independiente sobre Grooming Gangs (2026) existe un respaldo estadístico que respalden tal cantidad de víctimas. A la fecha, no existe un estudio, registro o metodología que permita sostenerla. Sin embargo, en la lógica infocrática, la veracidad es secundaria frente al impacto emocional.

Han sostiene que la información contemporánea es “aditiva, no narrativa”. Es decir, se acumula sin orden, sin contexto y sin jerarquía, impidiendo la construcción de comprensión. El objetivo, en cambio, es la producción de “intensidades afectivas”. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con el tema de estos grooming gangs, pandillas integradas por paquistaníes musulmanes. Cada nuevo caso en ciudades como Rotherham, Rochdale, Telford, se suma como un elemento más en un torrente de indignación. La complejidad desaparece. Lo que queda es un clima emocional que exige respuestas rápidas, contundentes y, a menudo, simplificadas.

El contexto descrito arriba no significa minimizar la gravedad de los hechos. Las investigaciones oficiales han documentado fallas institucionales profundas, especialmente en ciertas ciudades donde la policía y las autoridades locales ignoraron denuncias, desestimaron testimonios y permitieron que redes de abuso operaran durante años. Pero pasar de cientos de víctimas a cientos de miles no es un ejercicio analítico, sino un salto infocrático. Es la transformación de un problema real en un símbolo político.

En la Infocracia, explica Han, la información se convierte en “positividad que agota”, un flujo constante que satura la capacidad de juicio crítico. La cifra de “250,000” prospera precisamente porque es simple, contundente y compartible. Condensa una década de escándalos en un solo número que provoca horror inmediato. En ese proceso, deja de ser un dato, que nunca lo fue, y se convierte en un artefacto político. Un monstruo de Frankenstein que cobra vida propia con un potencial destructivo extenso. Porque este artefacto se presta para múltiples agendas.

Algunos actores lo utilizan para denunciar supuestos encubrimientos institucionales. Otros lo emplean para vincular el fenómeno con debates sobre inmigración, multiculturalismo o tensiones étnicas. En un entorno donde la información circula sin fricción, la cifra se vuelve un arma retórica que puede ser empuñada por cualquier bando.

El Estado británico, por su parte, se encuentra atrapado en la misma dinámica. La Auditoría Nacional y la investigación independiente insisten en la necesidad de mejorar los sistemas de datos, definir con precisión qué constituye explotación sexual en grupo y evitar generalizaciones que distorsionen la realidad. Pero en el espacio digital descrito por Han, la verdad es lenta y la indignación es instantánea.

Porque cada matiz técnico puede interpretarse como evasión y cada intento de contextualizar puede verse como complicidad.

Para los lectores latinoamericanos, este fenómeno no es ajeno. En la región, temas como la violencia de género, la migración, la corrupción o la inseguridad también se convierten en tormentas infocráticas, donde cifras sin verificar circulan más rápido que los informes oficiales. Y al revés, ante las propias cifras oficiales de desaparecidos y los llamados de apoyo de la ONU el gobierno de México reacciona con ira y evasivas alegando “soberanía”. La lógica es la misma, la política se desplaza del terreno de la deliberación al de la agitación emocional.

El caso británico muestra cómo un problema real, la explotación sexual infantil, puede ser absorbido por la maquinaria infocrática hasta convertirse en un campo de batalla simbólico. Las víctimas, que deberían estar en el centro de la discusión, terminan reducidas a “munición numérica”. Y la complejidad del fenómeno, que incluye fallas institucionales, dinámicas locales y patrones delictivos diversos, queda eclipsada por la potencia viral de un número que nunca existió.

Han advierte que, en la Infocracia, la democracia corre el riesgo de ser reemplazada por una política de datos sin verdad, donde lo que importa no es comprender, sino reaccionar. El desafío, tanto en el Reino Unido como en América Latina, es resistir esa lógica e intentar desacelerar, verificar y contextualizar. En otras palabras, recuperar la capacidad de pensar más allá del ruido comunicacional.

SAGRADAS ESCRITURAS: Mateo 5:3-10

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Fuentes:

Han, B. C. (2022). Infocracia: la digitalización y la crisis de la democracia. Taurus.

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