NEMESIS
Fernando Meraz Mejorado
Las palabras de la oposición frente al intento de Sheinbaum para imponer la censura en los medios de información, dibujan un paisaje inquietante: un horizonte donde la libertad de expresión podría convertirse en un pájaro obligado a cantar únicamente las melodías aprobadas por el jardinero del poder. Porque la censura rara vez llega anunciándose con botas y bayonetas; suele hacerlo envuelta en el lenguaje de la regulación, de la protección o del interés público. Se presenta con rostro administrativo, mientras va estrechando, casi imperceptiblemente, el cauce por donde fluye la crítica.
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En toda democracia llega un momento en que el poder siente la tentación de no conformarse con gobernar los territorios, sino también las palabras. Porque quien logra domesticar el lenguaje termina por moldear la realidad; quien decide qué puede decirse y qué debe callarse, comienza a escribir la historia, su historia, antes de que ocurra.
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Ayer legisladores del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano coincidieron en advertir que los lineamientos podrían convertirse en un mecanismo para restringir la libertad de expresión. A su juicio, el Estado se asoma peligrosamente a una puerta que, una vez abierta, puede conducir a la censura.
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Rubén Moreira, coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, sostuvo que los lineamientos reflejan el deseo de un gobierno dispuesto a controlar a los medios de comunicación. Acusó a Morena de mostrar un rostro censor y represivo, llegando incluso a comparar la propuesta con episodios autoritarios de la historia nacional. “Lo que están haciendo en Morena es tan grave que ni siquiera Victoriano Huerta –uno de los más despreciables villanos de la historia nacional– se hubiera atrevido a hacer lo que hoy trata de perpetrar Sheimbaum y la 4-T”.
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La presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López, advirtió que ninguna disposición legal debe convertirse en un instrumento de presión contra el periodismo. Señaló que existen conceptos ambiguos dentro de los lineamientos, especialmente aquellos que permitirían a una autoridad decidir qué información puede calificarse como falsa y, en consecuencia, imponer sanciones. En su opinión, esa facultad abre la puerta a la censura.
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Desde el Senado, Manuel Añorve calificó la iniciativa como una “ley censura”. Afirmó que el verdadero propósito sería castigar a los medios críticos y favorecer únicamente a aquellos cercanos al gobierno. Incluso advirtió que México podría transitar por caminos semejantes a los recorridos por regímenes donde la libertad de prensa ha sido severamente restringida.
Añorve añadió que el gobierno, tras perder la batalla de la narrativa pública, buscaría recuperarla mediante el control de los medios de comunicación y de las redes sociales.
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En el mismo sentido, el senador Néstor Camarillo, de Movimiento Ciudadano, afirmó que el régimen pretende vestir la censura con el ropaje de la protección ciudadana. Según su postura, los lineamientos no buscan fortalecer los derechos de las audiencias, sino construir un mecanismo de control político sobre las voces independientes. Advirtió que las multas y la eventual pérdida de concesiones podrían utilizarse como instrumentos para disciplinar a quienes cuestionen al poder.
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Frente a esas acusaciones, la presidenta Sheinbaum rechazó categóricamente que exista intención alguna de censurar a los medios de comunicación.
Pero tanto ha mentido ella para camuflajear la realidad que sus palabras ya no vibran ni siquiera en las hoquedades y gárgolas del recinto presidencial. – – oOo–