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Visas: soberanía, palomitas, mariposas y drones

Por Fred Alvarez Palafox

 

A veces, la diplomacia se quita el traje de gala para dejarnos ver el choque frontal de dos orgullos nacionales. En la arena de nuestra política binacional, las indirectas suelen golpear con mucha más fuerza que los nombres propios.

Ocurrió este fin de semana. La embajada estadounidense desempolvó en X un video de febrero donde el secretario de Estado, Marco Rubio, lanzaba una advertencia de hielo: “Nadie tiene derecho a una visa… es un privilegio”. Un mensaje institucional, sí, pero con una dedicatoria inconfundible tras la polémica por el retiro del documento al hijo del expresidente López Obrador. El recordatorio burocrático fue claro: en su casa, ellos deciden quién cruza la puerta. Ni los apellidos ni los códigos postales importan.

 

Pero del lado sur del río Bravo, el guion se lee distinto. Desde Tampico, la presidenta Claudia Sheinbaum atajó el portazo envolviéndolo en la bandera de la soberanía. “Una visa no define a una persona”, sentenció. Sin necesidad de nombrar la controversia, dejó claro que un documento extranjero es apenas un trámite de entrada y que, en México, nadie manda más que el pueblo.

Y cuando el cuadrilátero parecía ya instalado, reapareció el subsecretario de Estado Christopher Landau. El exembajador, que horas antes sugería preparar “palomitas” para observar el show, dio un giro inesperado. Apelando a la bellísima y frágil metáfora de la mariposa monarca, soltó una advertencia de guante blanco: el “drama político” ocasional no debe distraernos de nuestra supervivencia compartida.

El problema es cómo no distraerse cuando los propios protagonistas atizan el fuego. Ahí está José Ramón López Beltrán, sonriendo frente a un Buc-ee’s en Texas con un escueto “Saludos”. Un intento innecesario de apagar el rumor sobre la cancelación de su visa, que termina rayando en la provocación para alguien que aún arrastra el fantasma de la “Casa Gris” de Houston.

 

Mientras la mirada pública se clava en la foto de la tienda de conveniencia, la política cruda opera en el Congreso. Como bien documentó Bajo Reserva, varios legisladores de Morena firmaron un pronunciamiento de “defensa de la soberanía” para escudar a Andy. Lo revelador no fue quién firmó, sino quiénes callaron: ni el PT ni el Partido Verde asomaron la cabeza. El miedo a ser boletinados por Washington pesa más que aquello de que “amor con amor se paga”. Es, tal vez, el primer deslinde silencioso de los aliados.

Al final, cuando se apagan los micrófonos y cesan los aplausos fáciles, la verdadera maquinaria bilateral exige atención: seguridad, migración y comercio. La gran duda es si seguiremos comiendo palomitas frente a este teatro de vanidades pasajeras, o si lograremos, por fin, enfocar la mirada en lo que realmente define la vida de millones en ambos lados de la frontera.

Y ese parece ser, justamente, el mensaje de Ronald Johnson. Este domingo, el embajador de EU en México utilizó su vitrina digital no para la diplomacia de coctel a la que a veces estamos acostumbrados, sino para poner sobre la mesa dos cartas fuertes de la cooperación binacional. Son mensajes que delinean, sin rodeos, el pragmatismo de la era Trump-Sheinbaum: tecnología militar y cero tolerancia a la impunidad transfronteriza.

 

El primer apunte que deja el encuentro no se lee en los discursos, sino en el terreno estrictamente táctico. Cuando Driscoll, secretario del Ejército estadounidense, estrechó manos con la plana mayor de la Sedena, no solo firmó una Declaración de Intención. Este documento está muy lejos de ser otro papel destinado a acumular polvo en los archivos burocráticos; en realidad, es una llave maestra. Una que abre la puerta para que México entre de lleno al mercado digital del Pentágono.

El objetivo no tiene dobleces: armar a nuestras tropas con drones y sistemas antidrones a precios accesibles. Y es que, para quienes viven la confrontación diaria contra los cárteles, ha quedado claro que la valentía ya no basta. Hoy, la superioridad tecnológica se erige como el único escudo real para hacer frente a una violencia que, implacable, asedia a ambas naciones.

El segundo apunte es un golpe seco en la mesa de la justicia. Johnson dejó claro que, bajo el impulso directo de los presidentes de ambos países, la advertencia para el crimen organizado ya no admite matices: no hay refugio al otro lado de la frontera. Para muestra, la repentina agilidad del aparato judicial. En un solo día, Washington devolvió a México a tres prófugos: un operador del CJNG buscado por violar la ley de armas en Guanajuato, un presunto homicida reclamado en Zacatecas y un estafador. (Imagen de Reforma

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