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La guerra que viene

José Luis Parra

 

Mientras el régimen dedica buena parte de su tiempo a la grilla política, a medir aspirantes y destapar corcholatas para las sucesiones gubernamentales, una amenaza mucho más seria avanza silenciosamente por el mundo.

No reparte candidaturas.

Tampoco levanta la mano en mítines.

Se llama inteligencia artificial.

Y ya aprendió a hackear.

Más de cien gigantes tecnológicos, financieros y de infraestructura, entre ellos OpenAI, Microsoft, Google, Amazon, IBM, CrowdStrike, Visa y Mastercard, lanzaron una advertencia que debería encender focos rojos en todos los gobiernos: En los próximos meses los ataques cibernéticos impulsados por inteligencia artificial serán mucho más extendidos y sofisticados.

No hablan de ciencia ficción.

Hablan de lo que viene.

O, peor todavía, de lo que ya empezó.

La inteligencia artificial puede localizar vulnerabilidades, desarrollar herramientas para explotarlas y acelerar operaciones que antes requerían especialistas y mucho tiempo. El delincuente informático también se está modernizando.

Y no necesita mayoría calificada.

En Estados Unidos las grandes empresas tecnológicas están pidiendo una movilización prácticamente general para fortalecer la defensa digital. Gobierno, empresas, bancos, desarrolladores de inteligencia artificial y especialistas en ciberseguridad tendrían que trabajar juntos.

La preocupación llegó también a la alianza de inteligencia conocida como Five Eyes, integrada por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, cuyos integrantes han advertido que la inteligencia artificial puede transformar fundamentalmente el escenario de la ciberseguridad.

No es poca cosa.

Porque ahora imagine ese escenario en México.

Un país donde los sistemas gubernamentales no precisamente tienen fama de inexpugnables y donde ya hemos tenido suficientes botones de muestra para saber que los hackers no necesitan tocar la puerta.

Pemex ya conoció el problema con aquel ataque de ransomware que paralizó parte de sus sistemas informáticos.

Y a finales de 2025 el propio gobierno federal tuvo que reconocer investigaciones sobre la posible vulneración de bases de datos personales pertenecientes a diversas instituciones públicas.

Es decir, tenemos antecedentes.

Ahora agréguele inteligencia artificial al atacante.

Bonita combinación.

Bueno, hay que reconocer que México no está totalmente cruzado de brazos. En el actual sexenio Claudia Sheinbaum puso a José Antonio Peña Merino, mejor conocido como Pepe Merino, al frente de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones.

La ATDT concentra buena parte de la política tecnológica del gobierno, digitalización de trámites, datos, infraestructura tecnológica y, también, ciberseguridad.

Y aquí viene lo interesante.

La Agencia ya presentó un Plan Nacional de Ciberseguridad que contempla centros especializados, evaluación técnica de sistemas gubernamentales, capacitación de servidores públicos, ejercicios de simulación de ataques y coordinación para proteger infraestructura crítica.

Incluso se habla de construir una legislación general en materia de ciberseguridad.

Muy bien.

Por lo menos existe diagnóstico.

Pero aparece una pregunta inevitable:

¿Ese plan fue diseñado para enfrentar la velocidad con que está cambiando la amenaza?

Porque una cosa es proteger computadoras contra el hacker tradicional y otra enfrentarse a sistemas de inteligencia artificial capaces de buscar vulnerabilidades a velocidades imposibles para un equipo humano.

Los mismos genios tecnológicos que construyeron estas herramientas están advirtiendo del peligro.

Y cuando el fabricante de la pistola avisa que la pistola puede dispararse sola, quizá convenga escucharlo.

Pepe Merino tiene entonces una responsabilidad mucho mayor de la que aparentemente representa digitalizar trámites, crear plataformas gubernamentales o simplificar la burocracia.

Tiene bajo su responsabilidad parte de la puerta digital de México.

Y detrás de esa puerta están datos personales, sistemas gubernamentales, comunicaciones, infraestructura estratégica y servicios públicos.

Por cierto, mientras esta amenaza tecnológica crece aceleradamente, acá seguimos enfrascados en discusiones sobre los Derechos de las Audiencias.

Derechos que no aparecieron ayer.

Su origen constitucional viene desde la reforma de telecomunicaciones de 2013 y ahora nuevamente ocupan espacios políticos, mediáticos y burocráticos con los nuevos lineamientos sometidos a consulta.

Importante el tema, claro.

Pero también hay prioridades.

Mientras discutimos quién diferencia información de opinión en radio y televisión, la inteligencia artificial podría estar aprendiendo a diferenciar qué servidor gubernamental tiene abierta una puerta.

Pequeño detalle.

Entonces la pregunta para Pepe Merino no sería si México tiene un Plan Nacional de Ciberseguridad.

Ya sabemos que sí.

La pregunta correcta sería otra:

¿Ese plan sirve para la guerra informática que viene?

Porque el gobierno puede presumir plataformas, estrategias, centros nacionales, simuladores y hasta una futura Ley General de Ciberseguridad.

Perfecto.

Pero los hackers no leen el Diario Oficial.

Buscan vulnerabilidades.

Y ahora tienen inteligencia artificial para encontrarlas.

Ojalá Pepe Merino y su equipo estén varios pasos adelante.

Porque en política siempre existe la posibilidad de corregir una candidatura equivocada.

En ciberseguridad, después del hackeo, ya para qué.

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