Por Fred Alvarez Palafox
Hoy, Gioconda Belli nos demuestra que no existe decreto ni destierro capaz de silenciar a una pluma verdaderamente libre. Al alzarse como la primera mujer centroamericana en ganar el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026, su voz emerge no solo como el eco herido de su amada Nicaragua, sino como un rugido universal frente a la indiferencia política y las fronteras que se empeñan en fragmentarnos.
El reconocimiento a su trayectoria merece una profunda felicitación: a la autora por su inquebrantable resistencia, y al jurado internacional —compuesto por Carmen Alemany, Xavi Ayén, Alain Mabanckou, Carmen Musat, Francisco Noa, Graciela Goldchluk y Sabina Longhitano— por una decisión objetiva e incuestionable.
Con absoluta precisión, el jurado destacó su capacidad para revitalizar “la expresión poética del cuerpo, el deseo y el goce femenino”, forjando una obra multigeneracional donde convergen lo colectivo, el erotismo y la historia.
Como bien señaló Carmen Alemany durante el anuncio, el caso de Belli es paradigmático. Su exilio convierte su voz en un reflejo global, demostrando cómo supo combinar lo íntimo y lo público para erigirse como “una voz del goce y de lo utópico” que mantiene viva la esperanza. A su vez, el periodista Xavi Ayén apuntó la brutal contradicción que envuelve este galardón: la ganadora del Premio FIL enfrenta una condena de muerte civil al no poder ser leída legalmente en su propio país.

Si bien el galardón reconoce su valor estrictamente literario, en el universo de Belli la poesía y la política son indivisibles: el dolor del desplazamiento forzado atraviesa la médula de sus letras. Condenada al destierro por la tiranía de Ortega y Murillo, y despojada por decreto de una nacionalidad que le sobra en el alma, Gioconda se niega a habitar el victimismo. En su lugar, transforma el exilio en un puente de solidaridad y nos lanza una advertencia lúcida: nuestra época padece una severa crisis de imaginación. Así, desde su afán por revivir la voz de Enheduanna —la mujer que inauguró la literatura al firmar una obra con su nombre 1,500 años antes que Homero—, hasta su fe inquebrantable en que otros mundos son posibles, sumergirse en su obra es un genuino acto de resistencia vital.
“No tengo dónde vivir. / Escogí las palabras. / Allá quedan mis libros / Mi casa. El jardín, sus colibríes / Las palmeras enormes… / Me fui con las palabras bajo el brazo / Ellas son mi delito, mi pecado / Ni Dios me haría tragármelas de nuevo.”
En estos versos, Belli confirma que el mayor delito de un intelectual frente al autoritarismo es usar la voz. Como he afirmado antes, despojar a una persona de su patria es un retroceso hacia la barbarie, el eco brutal de la sentencia de Hannah Arendt: “Ser despojado de la nacionalidad es ser despojado del mundo”. No obstante, al ver a una Gioconda inquebrantable frente a nosotros, comprendemos una verdad absoluta: aquel que logra llevarse las palabras bajo el brazo, jamás pierde su verdadero hogar.
Felicidades Gioconda y espero verte de nuevo en nuestro país…
Para la historia inmediata!