Por Fred Alvarez Palafox
@fredalvarez
Había señalado que la inauguración de la Academia Internacional de Capacitación Policial en Querétaro —encabezada por el gobernador panista Mauricio Kuri y el embajador estadounidense, Ronald Johnson— justificaba plenamente el reclamo institucional del Gobierno federal. En ese momento, le di la razón a la presidenta Claudia Sheinbaum cuando acusó desde la mañanera que el acuerdo se había tejido puenteando a la Cancillería y al Gabinete de Seguridad, violando el mandato constitucional que reserva esos pactos a la Federación.
El argumento oficial sonaba impecable. Pero tiene un defecto fatal: a la Presidenta le mintieron en su propia cara.
A veces, el fuego amigo quema más que la oposición. La mañana de este lunes vimos a Sheinbaum reclamar con una indignación genuina. Advirtió que llamaría a cuentas a los actores por orquestar el evento, presuntamente, a espaldas del Estado.
El problema de fondo es que la dejaron exhibirse. Los documentos cuentan una historia de omisiones que rozan la traición dentro de su propio equipo, porque el Gobierno de Querétaro no se movió en lo oscurito.
Desde el viernes 25 de septiembre de 2026 a las 9:30 de la mañana —diez días completos antes del coraje presidencial—, un oficio firmado por el mandatario estatal ya descansaba con sello de recibido en el escritorio del canciller Roberto Velasco.
El texto era diáfano para evitar cualquier paranoia soberana: precisaba en blanco y negro que la visita del 2 de octubre tenía efectos estrictamente protocolarios. Kuri fue tajante en el papel al garantizar que el encuentro no implicaba convenios directos ni intervención de agentes extranjeros. Todo estaba notificado y en regla.
El cortocircuito es aún peor. Como bien apuntó la senadora queretana Guadalupe Murguía al reportero Mayolo López de Reforma, el secretario de Seguridad estatal le mandó exactamente la misma alerta a Omar García Harfuch con cuatro días de anticipación.

¿El colmo del absurdo? Al evento que supuestamente ignoraba la Federación, asistieron físicamente elementos del Ejército y de la Guardia Nacional (las imágenes ahí están, a la vista de todos).
Pregunto, con todo respeto ¿Cómo llega la jefa del Estado mexicano a la tribuna más importante del país sin esta información básica en su tarjeta?
¿Quién en la SRE o en Seguridad decidió engavetar los oficios y dejar que la Presidenta armara un pleito diplomático fundamentado en mentiras?
Hay que decirlo como fue. La formalidad institucional se cumplió: Kuri avisó; Velasco y Harfuch sabían. El conflicto real no fue una súbita injerencia extranjera, sino una gravísima parálisis de comunicación interna.
Es humano que existan fallas operativas, pero en las altas esferas del poder, aislar de la verdad a quien toma las decisiones del país es una negligencia imperdonable. Permitir que la mandataria se exponga a un reclamo infundado no solo desgasta su investidura, sino que tensa gratis la relación bilateral.
Alguien en el gabinete no hizo su trabajo. Alguien le debe una explicación urgente a la Presidenta y, sobre todo, su renuncia por esa pésima costumbre de dejarla caminar a ciegas.
P.D. CSP entró al tema del embajador Johnson solo por una pregunta sobre los duros comentarios que AMLO hace en su libro “Pueblo” (donde lo califica de “entrometido policía”). Fiel a su investidura, la Presidenta evitó secundar el ataque; argumentó que debe mantener una postura diplomática, se limitó a decir que esa era “una opinión de López Obrador” y cortó el tema de tajo… solo para tropezar enseguida con afirmaciones sin sustento. Lástima.