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Columna de opinión

La Costumbre del Poder: México viejo, enfermo y ultrajado V/V

Gregorio Ortega Molina

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Gregorio Ortega
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* “El hospital privado no le paga al médico por atender, le cobra por dejarlo trabajar. El médico, a su vez, no es empleado sino empresario de su propio consultorio dentro del hospital. La productividad no se mide en vidas salvadas, sino en camas ocupadas, quirófanos usados e insumos facturados. Así es como al paciente lo transforman en cliente”

Gregorio Ortega Molina

 

Por lo pronto nada indica que estén con el propósito de hacer que se cumpla el mandato constitucional de la salud. Somos, ya, un México de viejos y enfermos y, muy pronto, también de ultrajados, porque es lo que conviene a la narco economía para florecer, y de por sí es lo que tradicionalmente sirve y apoya a los políticos para conservar el poder.

Como corolario para coronar su proyecto, segaron el seguro popular, y encaminaron sus ansias de matadores con la desaparición del INAI y todo lo que se interpone en esta cuarta transformación, que en reversa y a velocidad de crucero conduce al proyecto de nación al horno crematorio. México inicia y culmina con Andrés Manuel, eso es lo que pregonan.

Mientras las instituciones públicas de salud se consolidan sobre barro fresco (salvo sus excepciones como Nutrición y el Siglo XXI), los hospitales privados sofistican sus métodos de corrupción y se mantienen dispuestos a cualquier desaire, porque sus directivos saben que son la única opción para esos mexicanos que se niegan a perder lo que conocimos como dignidad.

Esto es lo que se cuchichea en los pasillos de la lucha contra la corrupción: “¿Tienes seguro de gastos médicos mayores? Aquí es la pregunta que hace todo médico cuando determina que su paciente requiere cirugía. Aprovechan la opción de usar los insumos más costosos, inflan de tres a cuatro veces los precios, y se llevan jugosas comisiones con las casas proveedoras”.

Me indican que, si una cirugía de vesícula cuesta 58 mil pesos sin seguro, al asegurado le cobran 170 mil pesos. Todo en el mismo hospital y con el mismo médico. Si un stent cardíaco requiere de 35 mil pesos, con paciente asegurado sube a 150 mil. Y al tratante le corresponden 40 mil pesos de comisión.

Me afirman lo siguiente: “El hospital privado no le paga al médico por atender, le cobra por dejarlo trabajar. El médico, a su vez, no es empleado sino empresario de su propio consultorio dentro del hospital. La productividad no se mide en vidas salvadas, sino en camas ocupadas, quirófanos usados e insumos facturados. Así es como al paciente lo transforman en cliente”.

Debemos aceptar, con todo pesar, que es sólo una aproximación a lo que Andrés Manuel considera Dinamarca.

 

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En esto de los pesos y centavos para el cuidado de la salud, son más atentas y organizadas las mujeres, las amas de casa, las madres, las empresarias y ejecutivas. Comparte, de la bandeja de entrada, tres mensajes:

*18 millones de personas han migrado de los sistemas de salud del gobierno a los hospitales particulares, totalmente integrales e integrados al modo actual. Tan solo de 2018 a la fecha.

*El gobierno mexicano ya califica para ser juzgado por genocidio en las cortes internacionales. Pero el gobierno “en abstracto” no;  a quien se tiene que juzgar es a personas concretas como López Obrador, Sheinbaum, los secretarios de salud, los secretarios de hacienda que han estado de acuerdo con las míseras asignaciones a Salud y todos aquellos corruptos que le roban al sector.

*La medicina privada es una maldita bestia endemoniada por lo que cobran. (Dios nos lleve tranquilos en nuestro sueño).

@OrtegaGregorio

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