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Columna de opinión

El reloj de Morelos: Un mes para dejar de ceder

Fred Alvarez Palafox

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Fred Alvarez Palafox
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Por Fred Alvarez Palafox..

 

Como lo he venido advirtiendo, Morelos nos acaba de restregar en la cara la fractura operativa que impone la realidad en el terreno. Esta semana, los bloqueos y la zozobra desatada por el grupo “Pueblos Unidos” en la zona oriente obligaron a las autoridades a tomar una decisión de supervivencia pura: liberar a un presunto líder criminal, apodado “El Güero del Gym”, para evitar que la región ardiera.

La crítica ha sido fulminante, y con razón. Podemos entender el pragmatismo táctico del control de daños frente al riesgo inminente de una masacre civil, pero las cosas por su nombre: cuando el crimen tiene el músculo suficiente para doblarle las manos al Estado y rescatar a los suyos, el discurso de autoridad queda hecho añicos. Frente a la humillación, el fiscal estatal intentó escudarse torpemente en un leguleyo “Estado de derecho”, mientras la presidenta Sheinbaum optó por la contención, evitando morder el anzuelo de la reyerta mediática para enfocarse en la urgencia real: la reestructuración.

 

Imagen de Reforma.

El diagnóstico que se revisó en Palacio Nacional ayer es crudo y matemáticamente insostenible: Morelos opera con apenas mil policías estatales para 36 municipios. Es la radiografía de un abandono sistémico total. En medio de este desastre heredado, la Presidenta lanzó un merecido voto de confianza al secretario de Seguridad local, el general José Luis Bucio Quiroz. Y coincido: el general está haciendo el trabajo en la trinchera y los delitos han comenzado a bajar desde su llegada.

Sin embargo, un buen estratega no puede hacer milagros si lo dejan solo. De poco sirve el despliegue de Bucio si falta coordinación institucional, presupuesto y, sobre todo, voluntad política local para respaldarlo.

Por ello, las palmaditas en la espalda presidenciales llegaron con un ultimátum. La instrucción directa a la gobernadora Margarita González (Morena) marca un viraje táctico ineludible: tienen exactamente un mes para presentar un plan operativo que reconstruya a sus corporaciones locales.

El mensaje es nítido: la Guardia Nacional no será más el eterno parche de emergencia de gobernadores omisos. Los estados tienen que asumir el costo y la carga de su propia paz.

Le daremos el beneficio de la duda a esta exigencia de planeación a corto plazo. Pero el reloj ya está corriendo. Tienen treinta días. Y en la tensión diaria de Morelos, un mes es una eternidad; sobre todo cuando quienes controlan la calle acaban de comprobar que, si aprietan lo suficiente, el Estado cede.

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