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Columna de opinión

Ahued y Cazarín: dos pilares hacia 2027

Luis Ramírez Baqueiro

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Astrolabio Político

Por: Luis Ramírez Baqueiro

“El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos”. — Michael Jordan.

 

Gobernar Veracruz exige algo más que ganar una elección y administrar un presupuesto. Su diversidad regional, sus desigualdades y la multiplicidad de intereses que conviven en sus municipios demandan capacidad para escuchar, negociar y convertir las decisiones en resultados. En esa ecuación, Ricardo Ahued Bardahuil y Juan Javier Gómez Cazarín representan dos apoyos estratégicos para el proyecto que encabeza Rocío Nahle García.

Conviene precisar sus responsabilidades: Ahued pertenece al gabinete estatal como secretario de Gobierno; Gómez Cazarín encabeza la delegación federal de Bienestar. Desde ámbitos distintos, ambos contribuyen a una relación indispensable entre gobernabilidad, presencia territorial y atención social.

La apuesta de Nahle por un gobierno itinerante, expresada en aquella premisa de hacer más territorio que escritorio, requiere una estructura que procese los problemas mientras ella recorre la entidad. Una gobernadora puede escuchar directamente una demanda, pero alguien debe encauzarla, coordinar autoridades y dar seguimiento a los acuerdos. Ahí adquiere relevancia el secretario de Gobierno.

Ahued aporta una trayectoria difícil de igualar dentro del equipo estatal: dos veces presidente municipal de Xalapa, diputado federal, diputado local, senador y administrador general de Aduanas. Ha conocido la administración desde el municipio, la representación legislativa y el Ejecutivo federal. Esa combinación le permite comprender tanto las urgencias ciudadanas como las restricciones institucionales para resolverlas.

A mi juicio, figura entre los funcionarios con mayor capital de confianza y experiencia pública del gabinete. Presentarlo como el mejor evaluado requeriría una medición comparable; reconocer el peso político de su carrera, en cambio, responde a una trayectoria verificable. Incluso su nombramiento en Aduanas recibió respaldo público del PAN en el Senado, un antecedente significativo de su capacidad para generar reconocimiento fuera de su propio espacio político.

La confianza entre Nahle y Ahued tiene, por ello, una utilidad concreta: permite distribuir responsabilidades sin diluir el mando. Ella imprime dirección y ritmo; él puede contribuir a que los conflictos encuentren interlocución antes de convertirse en crisis. Esa tarea suele producir menos fotografías que una inauguración, pero resulta indispensable para sostener cualquier gobierno.

La reciente nota publicada por VentanaVer sobre la autonomía de decisión de la gobernadora permite observar esa función política. El mensaje distingue entre asesoría política y personal de apoyo administrativo, reivindica que Nahle asume directamente sus decisiones y sostiene que la actuación gubernamental debe sujetarse a la ley.

En el contexto de los cuestionamientos contra la mandataria, esa explicación funciona como un dique político. Su eficacia, sin embargo, dependerá de que las aclaraciones estén acompañadas de información comprobable. Una acusación sin pruebas no debe convertirse en sentencia pública; una defensa institucional también gana fuerza cuando ofrece documentos y respuestas precisas. Ahued puede aportar serenidad y credibilidad a esa tarea.

Gómez Cazarín representa otra dimensión: la capacidad de mantener contacto con las comunidades y acompañar la ejecución de la política social federal. Su responsabilidad tiene una complejidad que suele perderse entre fotografías y publicaciones: atender localidades dispersas, coordinar equipos y dar seguimiento a necesidades que no se resuelven con una visita.

Su reciente recorrido por Hueyapan de Ocampo ofrece una muestra concreta. Según lo reportado, visitó pavimentaciones y banquetas en Cerro de Castro y El Aguacate, participó en un tequio y estuvo en la apertura de canchas de fútbol 7 en Hueyapan y la colonia Juárez. También reconoció la participación municipal y el respaldo de los gobiernos estatal y federal.

El valor político de esas acciones está en su utilidad cotidiana. Una calle transitable facilita desplazamientos y actividades productivas; un espacio deportivo amplía las posibilidades de convivencia. Pero esos resultados pertenecen también a las comunidades que participan y a las instituciones que aportan recursos. Reconocer ese esfuerzo compartido fortalece el liderazgo del delegado.

Ahí aparece la complementariedad: Ahued ayuda a construir acuerdos y estabilidad; Cazarín contribuye a acercar la acción pública a las localidades. Ambos pueden fortalecer la confianza en Nahle y en la presidenta Claudia Sheinbaum, siempre que esa coordinación produzca soluciones y conserve claridad sobre las responsabilidades de cada gobierno.

Rumbo a 2027, Morena enfrentará el desgaste de gobernar, el escrutinio ciudadano y una oposición que buscará capitalizar errores y pendientes. Su mayor riesgo sería creer que la marca partidista basta o permitir que las rivalidades internas desperdicien a quienes tienen experiencia y arraigo.

Prescindir del aporte de Ahued y Gómez Cazarín debilitaría dos capacidades fundamentales: interlocución y presencia territorial. Sería difícil compensar esa pérdida únicamente con propaganda.

Ambos son —y deberían ser reconocidos como— aliados estratégicos de Sheinbaum y Nahle. Su contribución más sólida a la disputa política vendrá del cumplimiento de sus responsabilidades: resolver, escuchar y rendir cuentas. Los programas sociales son derechos ciudadanos; su buena ejecución puede generar confianza, pero nunca debe confundirse con una obligación electoral.

La batalla de 2027 comenzará a definirse en la calidad del gobierno que hoy recibe la población. Ahued y Cazarín tienen condiciones para contribuir decisivamente. Morena haría mal en desaprovecharlos; ellos harían mal en conformarse con el reconocimiento.

Al tiempo.

astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

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