Columna de opinión
La Costumbre del Poder: ¿Dónde medir el valor del peso?
Gregorio Ortega Molina
* El ser humano necesita, requiere para vivir, de lograr una satisfacción, por pequeña que sea. Si les arrebatan la sonrisa los despojan de la esperanza y la dignidad de soñar que un día podrían ser como los de enfrente, porque desconocen del valor del peso. Allá lo pagarán los promotores de la Ley Claudia
Gregorio Ortega Molina
Los mexicanos desconocemos el valor real de nuestra moneda. Si los gobernantes de hoy mienten por necesidad, por hábito, ni manera tenemos de saber cuántos pesos se requieren para poner comida en la mesa de los pobres, a diferencia de los manjares con los que quedan satisfechos los acaudalados.
La pobreza condiciona los ámbitos de la libertad. Hay sitios donde los desastrados no entran por vergüenza o porque se los impiden. Los pobres afean el ambiente, y ni idea tienen de lo que se necesita para pagar un médico particular, vestir con decoro y alimentarse a satisfacción. Sufrirían un infarto al conocer los montos de las colegiaturas, ya no digamos las cuotas al enviar a los vástagos a doctorarse en las universidades de fuera.
Podemos cerrar los ojos a la realidad, sobre todo cuando se descubre que respirar cuesta, disfrutar de un día de sol en las calles de la ciudad, embelesarse con los aparadores o los productos que venden los ambulantes, y si hace calor, babear por un agua fresca o una nieve. Ahí están los parámetros del valor del peso.
Esto que sucede no es consecuencia directa de las decisiones de los gobernantes de hoy. Ocurre hace décadas. Recuerdo que durante uno de mis solitarios paseos por 5 de Mayo, me detuve en la puerta de la dulcería Celaya, para contemplar cómo un padre de familia hacia un esfuerzo para complacer a sus hijos. Preferí no ser testigo del desenlace. Hace unos meses me sucedió lo mismo a las puertas de un 7Eleven. Más duro, más cruel, ante las lágrimas de una madre que carecía del poder económico para regalar un dulce a su hijo, que le suplicaba…
Pero insisten en la Ley Claudia. Desconozco las consecuencias, pero no la tendrán fácil, porque si los despojas de un taco por pésimas decisiones económicas, es un crimen grave arrebatarles la sonrisa, la alegría de una burla, de una jocosidad, pues como dijo María Félix un su papel de Juana Gallo: si no hay balas, échenles mentadas, que también duelen.
El ser humano necesita, requiere para vivir, de lograr una satisfacción, por pequeña que sea. Si les arrebatan la sonrisa los despojan de la esperanza y la dignidad de soñar que un día podrían ser como los de enfrente, porque desconocen del valor del peso. Allá lo pagarán los promotores de la Ley Claudia.
@OrtegaGregorio
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