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Columna de opinión

El misterio de la jueza Vieyra: el peso de la toga y los silencios del poder

Fred Alvarez Palafox

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Por Fred Alvarez Palafox
@fredalvarez

 

La separación abrupta de un impartidor de justicia nunca es un trámite menor, pero cuando el escritorio que queda vacío pertenece a una de las figuras más emblemáticas —y polémicas— de la nueva era del Poder Judicial, el hecho exige una lectura clínica. La renuncia de la jueza federal Mariana Vieyra Valdés no es una simple vacante en el Centro de Justicia Penal Federal de Almoloya de Juárez; es el epílogo anticipado de una juzgadora que, en cuestión de meses, sacudió los cimientos políticos del país.

Con la frialdad propia de la burocracia, el Senado tramitó este martes 27 de octubre su salida. El oficio SEPLE./PLE./009/1903/2026 —turnado por el Órgano de Administración Judicial (OAJ) a Higinio Martínez, presidente de la Mesa Directiva— resulta jurídicamente impecable, pero informativamente estéril. Aprobado por unanimidad y en estricto apego a los artículos 76 y 98 de la Constitución, el documento omite el único detalle que exige la opinión pública: los motivos. Es precisamente este silencio institucional el que resulta ensordecedor frente a la compleja biografía de la juzgadora.

Para entender el “porqué” de su renuncia, es indispensable mirar cómo llegó y qué hizo una vez sentada en el estrado.Vieyra Valdés no era una jueza ordinaria; era el arquetipo de la reciente reforma judicial. Su historia es la de un ascenso que comenzó desde la base —meritoria, intendencia, chofer, secretaria— hasta ganar su plaza por concurso de oposición. Sin embargo, su consolidación llegó a través de las urnas. Postulada por los Comités de Evaluación de los tres poderes,compitió y ganó con más de 140 mil votos en el Estado de México.

Pero su victoria estuvo marcada por la sombra de la operación política: fue una de las apuestas del oficialismo, la candidata número 14, impulsada a través de las listas que circularon entre los votantes, lo que le valió el mote de la “jueza del acordeón”. Incluso, su paso por las urnas le dejó una multa del INE por irregularidades en la comprobación de los gastos de su campaña.

 

¿Por qué renunciaría alguien que escaló desde lo más bajo del organigrama, que superó un concurso de oposición y que acaba de ser validada por el voto popular y el respaldo del aparato estatal?

La respuesta parece esconderse en los expedientes que pasaron por sus manos.

Vieyra Valdés dictó resoluciones de un altísimo nivel político, mostrando un contraste diametral en sus fallos. Por un lado, en pleno año electoral, condenó a 89 años de prisión a Jaqueline Malinali Gálvez —hermana de la entonces candidata presidencial opositora Xóchitl Gálvez— por secuestro. Por el otro, ya como jueza electa, absolvió al polémico Israel Vallarta, poniendo fin a un caso de casi dos décadas y validando la narrativa del “montaje” televisivo y el efecto corruptor en el llamado caso Cazzez Crepin.

Y lo último, la traición. al Patria..

A este cóctel se suma su última y más explosiva actuación: haber obsequiado una orden de aprehensión por el atípico y gravísimo delito de “traición a la patria” contra el exfiscal de Chihuahua, César Jáuregui, además le tocó el manejo de delicadas carpetas vinculadas al millonario negocio del huachicol fiscal: los hermanos Farias Laguna.

El Senado podrá archivar el trámite, pero la interrogante sigue flotando en el aire. Cuando una jueza que manejó casos de este calibre decide despojarse de la investidura sin mediar una sola explicación, no solo se retira una funcionaria; se proyecta una inmensa sombra sobre la vulnerabilidad de la justicia en México. El silencio de Mariana Vieyra Valdés es,quizá, su sentencia más reveladora.

¿Por que renunció al cargo de jueza?

La respuesta diría Dylan está en el viento..

Para la memoria inmediata!

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