Columna de opinión
A nice lady
Luis Farías Mackey
Luis Farías Mackey
Las invitaciones a los jefes de Estado anfitriones del Mundial de futbol 2026 a su inauguración y clausura se han de haber pactado desde que se decidieron las sedes, años ha.
Cuando Sheinbaum se negó a acudir a la inauguración, que recayó en México, por miedo a ser abucheada, como siempre, no pensó en el ¿y luego?, es decir, en los hechos desinvitaba a los jefes de Estado de Estados Unidos y Canadá y le hacía la grosería a ambos de no acompañarlos en la clausura.
No hablemos ya de la ofensa a la selección nacional, afición mexicana y a los mexicanos en general que tuvimos que tragarnos con vinagre a Salama Hayek en lugar de la representante constitucionalmente electa.
Así estaba cuando se rehusó a acudir a otro evento, la Cumbre contra el Resurgimiento del Terrorismo Político la semana pasada en Estados Unidos, ni enviar representante, a lo que se sumaron la torpe politización de la explicación de la ausencia de México en la Cumbre, su negativa a arrestar preventivamente a Rocha Moya y su banda, su ridícula defensa de Marina del Pilar y el desplante del Departamento de Estado al novel embajador mexicano de usar los canales diplomáticos y no cartas personales.
Ante ello y de cara a la de suyo complejísima y desencontrada relación con Estados Unidos, decidió de último momento, con 24 horas de antelación, acudir a la clausura, lo que sin duda ha de haber alterado todos los protocolos de seguridad y logística meses antes definidos y debidamente previstos.
Trump y Carney han de haber dicho, nos desinvitas y te invitas de último momento como si fuésemos tus Luisas Marías Alcalde.
Urgida como está de autoestima, su ayudantía, léase todo el gobierno federal, le organizó acarreos que le aplaudieran hasta para ir al baño en el extranjero.
Ello a ojos de sus contrapartes ha de haber generado displicentes sonrisas.
Me atrevo a pensar, pues, que no fue invitada de último momento, que tampoco aprovechó la ocasión para plantear algún tema de la agenda bilateral con ningún otro jefe de Estado, que fue apostando a que con ello limpiaba su absurda y suicida ausencia en la cumbre antiterrorista y su renuencia a manejar las relaciones extranjeras con visión y dignidad de Estado.
Finalmente, más que fortalecer su imagen ante Trump la ha haber confirmado en su sitial de nice lady.
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