El 18 de julio

 

Rodolfo Villarreal Ríos

 

La gran mayoría tenemos conocimiento de que, el 18 de julio de 1872, el Estadista Benito Pablo Juárez García bajo su calidad de Masón hubo de ir a presentarse ante El Gran Arquitecto del Universo. Sin embargo, pocas veces se aborda acerca de lo acontecido, respecto a su salud, durante los meses previos a esa marcha. De ello, nos ocuparemos en base a lo registrado en esa obra monumental, recopilada por Jorge Leonides Tamayo Castillejos, Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia.

Poco se menciona que, en octubre de 1870, don Benito tuvo un padecimiento que llevó al Congreso a instalase en sesión permanente previendo que lo peor pudiera suceder. Acorde con el diagnóstico de los médicos aquello fue “una parálisis del gran simpático”. Dado que este escribidor es el único doctor en su familia que nada sabe de Medicina, consultó con quien si conoce el tema y nos indicó que son tres las manifestaciones que se perciben en el lado afectado de la cara: párpado caído, pupila contraída y falta de sudoración que pueden ser el resultado de lesiones medulares, tumores (incluidos los de pulmón), accidentes cerebrovasculares o disecciones de la arteria carótida. El mal fue superado y el estadista Juárez pudo retornar a sus actividades al frente del país, entre las que se encontraban levantamientos militares y la revuelta surgida alrededor de El Plan de la Noria que encabezaba un demócrata de nombre José de la Cruz Porfirio Díaz Mori quien se oponía a la reelección.

Lo anterior, no impidió que el estadista oaxaqueño siguiera inmerso en el proceso para concluir la transformación de lo que era un conglomerado de feudos en una Nación. Ocupado en eso, estaba presto a celebrar el sexagésimo sexto año de vida mientras continuaba desarrollando las actividades propias del cargo. En ese contexto, el 20 de marzo de 1872, se reunió con el jurista, diplomático y periodista, Emilio Velasco quien era un editorialista del diario El Siglo diez y nueve quien, posteriormente, se convertiría en un férreo opositor del presidente Sebastián Lerdo De Tejada y Corral. En el transcurso de la conversación, el presidente mexicano sufrió un ataque cardiaco. Conforme a los conocimientos de la época, el médico diagnosticó angina de pecho. Nuevamente, aquello dio la impresión de que con tratamiento médico y tomando precauciones se superaba.

Así, transcurrieron los siguientes tres meses y medio, don Benito continuó ejerciendo el mando. “Todo hacia suponer que se había recuperado, pues no volvió a sentir molestias y tenía apariencia de disfrutar de cabal salud”. Entre el 6 y 8 de julio, recibió a un grupo de niños de un orfanatorio llamado la “Sociedad de Beneficencia para la Educación y Amparo de la Niñez Desvalida” fundada por el educador, benefactor y filántropo mexicano, Vidal Alcocer. De lo acontecido ahí, se retoma la crónica de quien fuera director de esa institución, un ciudadano de apellidos González y González.

Acorde con el relato de esta persona “diez o doce días antes de que aquel filantrópico ciudadano dejara de existir [se refería al estadista Juárez García], fui con veinte niños a verlo a Palacio y no se negó a recibirnos; los niños iban a darle las gracias por los beneficios que le habían hecho, y el que llevó la palabra en nombre de todos, lo hizo con tal naturalidad, expresó tan bien sus sentimientos, que el Sr. Juárez lo acarició y le hizo un obsequio.  Sentáronse todos los niños y, con ese candor propio de la inocencia, empezaron a platicarle tanto que no sabía a quien atender.

Después de media hora de conversación, dispuse que nos retiráramos y cada niño fue a despedirse., a cada uno le dio un peso para que compraran fruta. [Don Benito sí cargaba “cash”, no como otro de tiempos más recientes]. Cuando el último un chiquitín de seis años, muy gracioso y de una viveza extraordinaria, le abrazaba las rodillas, el Sr. Juárez se llevó la mano al corazón y se recargó contra un mueble; en su semblante se notó la palidez y un ligero gesto que hizo me dio a comprender que algo extraordinario le pasaba; preguntéle si quería que avisara a sus ayudantes y medio las gracias, diciéndome que no era nada, que había sentido una punzada en el corazón”. Aquello, terminaría por ser la antepenúltima llamada antes de cumplir con la cita.

El día 17, al igual que todos los días, el director de El Diario Oficial, Darío Balandrano, llegó puntual a las siete de la mañana para comentar con el presidente lo más notable que contenían los diarios de ese día. Mientras Balandrano leía, Juárez hacia alguna observación con respecto a la nota en cuestión. “Repentinamente, se levantó de su asiento, dio algunos pasos sin quejarse, Balandrano suspendió su lectura y le preguntó si se sentía indispuesto. –Estoy bien- contestó-, puede usted continuar”. Sin embargo, las cosas no andaban bien.

No había transcurrido mucho tiempo “cuando volvió a levantarse; rogó a Blandrano que esperase, y esta vez extendió su paso hacia el salón Iturbide. Regresó de nuevo y pidió que le sirviesen el desayuno, que tomó muy tranquilamente”. Trataba de aparentar que nada sucedía, pero después habría de admitir que se sentía enfermo y pidió comida de dieta. El semblante reflejaba que algo andaba mal, así se lo señaló quien apenas, el día 13, había tomado posesión como ministro de relaciones exteriores, José María Lafragua Ibarra. Nuevamente, con una sonrisa, lo negó y continuó con la conversación con quienes le acompañaban a la mesa. Ahí, precisó acerca de “los dos pensamientos que más le preocupaban: la reforma de la Constitución y la conclusión del ferrocarril de Veracruz el cual ya no lo vería terminado, pero que se inauguró el 1 de enero de 1873.

Aun cuando los síntomas eran poco prometedores, ello no impidió que el primero de los tres Estadistas que ha tenido esta Nación continuara trabajando y dictó cinco acuerdos. El primero, ordenó se devolviera al Consul de los EUA en La Paz, BCS, un bote que el vapor de guerra Ossipe había perdido durante una borrasca.

El segundo, dictaminó “que las religiosas indotadas, aun aquellas que por sus constituciones no introdujeron al convento capital alguno al profesar, reciban su dote de la Sección Sexta del Ministerio de Hacienda…” proporcionado la información comprobatoria correspondiente.

Tercero, “acordó que se dijera al gobernador de Durango, en confirmación de las órdenes expedidas por el general [Sostenes] Rocha [Hernández], que acogiera con benevolencia a todos los rebeldes que depusieran las armas, y librara salvoconducto a los soldados, cabos y sargentos que se presentasen, para que pudieran retirarse a sus casas”. Cabe anotar que no era la vez primera en que el general Rocha se mostraba magnánimo. Dos años antes en junio de 1870, le perdonó la vida al abuelo de su nieto, Ireneo Paz Flores, quien, en Charco Escondido, Tamaulipas, terminó la huida.

Desde San Luis Potosí, Paz iba en fuga de las fuerzas al mando de nuestro trastatarabuelo, el entonces coronel, posteriormente, general brigadier de caballería, Eugenio de Jesús González González, quien lo capturó y lo tenía listo para pasarlo por las armas de no haber intervenido don Sostenes, pero volvamos a don Benito. En el cuarto de sus acuerdos, “expidió un decreto, habilitando al joven don Vicente [Antonio José Zacarías] Pontones y Giral, de la edad que le faltaba [un año y meses, ya que nació en noviembre de 1852] para administrar libremente sus bienes”.

El quinto se relacionó con el indulto “a la pena capital a un desgraciado que había sido sentenciado a muerte por el Prefecto de Xochimilco, por los delitos de asalto y robo…Dado que el acusado no tenía malos antecedentes, le mandó poner en libertad quedando sometido únicamente a la vigilancia de la policía”. Tras de ello, por la tarde, salió a pasear en coche, como era su costumbre, con miembros de su familia. Por la noche, mientras su yerno e hija se iban al teatro, Juárez permaneció en casa charlando con el esposo de esposo de Juana Francisca Maza Parada, Manuel Dublan Fernández de Varela, y con su cuñado José Maza Parada.

Para cerrar el día 17, se puso a leer el que sería su último libro Cours D”Histoire des Legislations Comparees escrito por Jean Louis Eugène Lerminier Lerminier. El volumen quedó abierto en la página 232 en la cual terminaba la lección XIII. De ahí extrajo una cita que de puño y letra anotó: “Cuando la sociedad está amenazada por la guerra, la dictadura o la centralización del poder es una necesidad como remedio práctico para salvar las instituciones, la libertad y la paz”.  Mensaje del ayer para el hoy.

Tras de pasar una noche bastante mal, acompañado por su hijo Benito, al amanecer del 18 de julio, se solicitaron los servicios médicos y apareció quien fuera su doctor de cabecera, Ignacio Alvarado a quien se unirían después, Gabino Eleuterio Juan Nepomuceno Barreda y Rafael Lucio Najera.   Decidió no acudir a sus oficinas. Decía sentirse cansado, atribuyéndolo a no poder dormir. Recomendó a sus familiares que no hablaran públicamente con respecto a su indisposición y “sólo dijeran que padecía de un reúma en la pierna”.

Continuando con la narrativa que un cronista anónimo publicó el 20 de julio de 1872 en el periódico El Federalista, “estuvo todo el día con intermitencia de dolores agudos en la región cordial y de alivio pasajero”. Por la tarde, recibió, en su recámara, a José María Lafragua Ibarra y al ex gobernador de Puebla, el general Ignacio Alatorre Riva con el primero charló sobre asuntos generales y con el segundo sobre la situación en Puebla., “pero de vez en cuando se quejaba de cierta opresión de pecho que le impedía respirar con libertad”.

Tras de que su yerno, Pedro Santacilia Palacios, le informara que “el administrador de la Aduna de Veracruz había enviado un telegrama anunciando que el paquete americano no saldría ese día…sino el 19. -Vaya, me alegro- contestó el Sr. Juárez-, así llevará al extranjero la noticia de la toma de Monterrey”. Se refería a la lucha que, en el contexto del Plan de la Noria, se dio entre las tropas rebeldes comandadas por el general José Jerónimo de los Dolores Treviño y Leal que fueron derrotadas por las que encabezaba el general Diodoro Corella.

“A las 7 de la noche, el mal venció su fuerza de voluntad y tuvo que ponerse en cama. Dese ese momento fue empeorando progresivamente”. Después apareció el ministro de guerra y marina, Ignacio Luis Antonio Mejía Fernández de Arteaga, a quien preguntó si había alguna novedad, Mejía respondió en negativo, al tiempo que le preguntaba “¿Como te sientes?” y Juárez respondió –Mejor, gracias. Será cualquier cosa. Anda, vete a tu despacho”. Para las nueve, el doctor Alvarado ya había advertido a Santacilia “está muy grave el presidente; desespero de la curación y creo que no le quedan tres horas de vida”.

Desde aquel momento fueron aumentando en intensidad los dolores, pero no había posibilidad de calmarlos por medio de pociones internas, porque el Sr. Juárez tenías continuamente violentas nauseas”. Los médicos, ya habían retornado Barreda y Lucio, recurrieron a inyectar morfina sobre la parte adolorida en el pecho, al igual que compresas de agua hirviendo.

“A las diez y media, siendo inminente el peligro, mandó llamar a los ministros Lafragua [de relaciones exteriores], Francisco Mejía Escalada [de hacienda] y [Blas] Balcarel [de fomento, colonización, industria y comercio]”. El último nunca llegó porque el portero d su casa, desconfiado, no quiso abrir la puerta.

“Poco antes de las once, el presidente llamó a su criado de confianza, Camilo, y “le dijo que oprimiera con la mano el lugar donde sentía un intenso dolor. Obedeció el buen hombre, pero no pudo contener las lágrimas”.

Acorde al relato del doctor Alvarado, desde el mediodía, al quedarse solo con Juárez este le preguntó: “¿Es mortal mi enfermedad” La respuesta, tratando de ser lo más amable posible, fue: “no es mortal en el sentido de que ya no tenga usted remedio… Tiene usted una enfermedad de la que pocos escapan”.

“A las once y veinticinco minutos se recostó sobre su lado izquierdo, descansó su cabeza sobres su mano, no volvió a hacer movimiento alguno, y a las once y media en punto, sin agonía, sin padecimiento aparente, exhaló el último suspiro. Lo sucedido después es asunto de otros relatos.

En 66 años, 3 meses y 27 días de existencia, el estadista Benito Pablo Juárez García fue capaz de transitar desde el último escalafón en la escala social hasta convertirse en la fuerza aglutinadora que no solamente impidió se terminara de desgajar la patria, sino que fue capaz de transformar lo que era un conglomerado de feudos en una Nación y sentar las bases para que México empezara a salir del atraso en que lo tenían sumido supercherías y supuestas auras divinas. Quienes las promovían creyeron que todo había terminado aquel 18 de julio.

En lo personal, el 18 de julio, es una fecha que, desde hace una década, nos es difícil de transitar. Fue en ese día cuando nuestra madre, doña Estela Ríos Schroeder partió a la cita inexorable que todos tendremos que atender para acudir ante El Gran Arquitecto. En el transcurso de este decenio, nuestras investigaciones nos llevaron a enteramos de que, por esas cosas escritas en el Libro de los Tiempos, el 18 de julio de 1929, su abuelo paterno, Francisco Ríos Mora, y el, 18 de julio de 1950, su abuelo materno José Fernando Federico Francisco del Corazón de Jesús Schroeder Ramírez del Coy, partieron con rumbo similar.  Le ofrecemos una disculpa a usted, lector amable, por concluir con la invocación de asuntos personales, pero no era factible dejar de apuntarlo, no podemos olvidarnos que hace unos diez años era lunes y el alba apenas despuntaba y, como hoy, el calendario marcaba que era 18 de julio…. vimarisch53@hotmail.com

Añadido (26.28.90) Agradecemos al periodista Rafael Cardona Sandoval la mención que hace en su artículo “EU-México, la raíz del problema” (La Crónica de Hoy, 15-07-2026), acerca del contenido de nuestro libro Un espía recorría los pasillos de la embajada estadunidense en México.

Añadido (26.28.91) Cuando un argentino idiota sale a decir estupideces en contra de los mexicanos no faltan los “agraviados” que claman nos pida disculpas de rodillas. Eso sí, al momento en que algún mexicano cretino derrama babosada y media en contra de los estadunidenses, los mismos que critican a otros, por hacer eso con nosotros, casi lo convierten en héroe nacional….

Añadido (26.29.92) Una muestra de su creencia de que el país les fue escriturado, los adalides del retraso del reloj de la historia claman, por boca de su líder en Colima, que todo aquel quien no comparta su perspectiva se marche de la patria.  Vaya con estos paladines de la democracia, aun cuando utilicen el lábaro nacional como cobertor, éste no alcanza para cubrirles el rabo que los delata como hijos… del tal Iósif.

Añadido (26.29.93) Es inútil tratar de negociar con esa recua de mullahs. La única forma para lograr que Irán retome el camino de la civilización es, aun cuando suene barbárico, a punta de ca…ñonazos.

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