Columna de opinión
Washington resucita a Fidel Castro y al Che Guevara
Pablo Gato
Pablo Gato
Solo en Washington.
En una ciudad como Washington no hace falta tener imaginación para crear una historia de espionaje.
Washington es lo que en su momento fue la Roma imperial y la ciudad esconde muchísimo más de lo que muestra. Hay una infinidad de mundos frente a nosotros pero que no vemos. Una catarata de historias y secretos a los que solo puedes acceder cuando te dan la llave para abrir la puerta.
Igual que fue Roma, Washington es ahora la capital del imperio, ahora el imperio americano.
Ha estado involucrada en todo alrededor del planeta y mucha de esa evidencia acaba de nuevo aquí. Desde documentos secretos hasta todo tipo de recuerdos físicos pasando por testimonios de primera mano de los que han hecho historia. Todo está aquí.
La inmensa mayoría no se ve, pero esta frente a nuestros ojos.
Un ejemplo. Digamos que se llama “Frank”. Es un ex militar de EEUU con mucha experiencia internacional. Tiene infinidad de historias.
Aunque no me lo confeso, sospecho que trabajo para los servicios de inteligencia de EEUU.
Le interesa el tema de Cuba y el del asesinato del presidente Kennedy. Me cuenta que en una ocasión fue a ver a un ex alto funcionario de la CIA y le pregunto quién pensaba que lo había matado más allá de lo que ya sabemos.
“Señor, si valora su vida, no prosiga esa línea de preguntas”, le respondió el ex agente. La conversación finalizo ahí.
“Frank” me habla de “casas seguras” de la CIA en Washington, donde la CIA llevaba a los desertores y disidentes en especial soviéticos que llegaban a EEUU. Allí revelaban a la CIA la información que tenían y por la que obtenían protección, dinero y una nueva identidad para vivir en EEUU. Muchos eran ex agentes de la KGB.
“Frank” conoce muchas historias de espías que se desarrollaron en Washington.
Y como ya adelanté, está interesado en el tema cubano.
Tuvo mucho contacto con disidentes en especial soviéticos. Muchos fueron a Cuba y trajeron recuerdos de allí. Como sabían que “Frank” estaba interesado en Cuba, le regalaron muchas cosas. Otras las compró.

Me ensena dos.
Una es un ejemplar del libro que escribió Fidel Castro “La historia me absolverá”. Es parte de un pequeño libro tipo el libro rojo de Mao que se repartió en un congreso del Partido Comunista Cubano en 1975. Sin embargo, lo más curioso es que está firmado por el mismísimo Fidel.
“Frank” también me enseñó un billete cubano bastante maltratado con una dedicatoria y la firma del Che Guevara. El Che se lo regalo a un combatiente cubano que peleó con él en la sierra antes del triunfo de la revolución. Un ejemplar único, no solo por la firma sino por la dedicatoria.
Y la otra cosa que me enseno “Frank” es una tarjeta personal del propio Fidel.
“Frank” está convencido de que todo es auténtico y así lo parece.
“Frank” no simpatiza con la revolución, pero si con el país y es un aficionado a la historia así que tiene estos y muchos más recuerdos relacionados a Cuba.
Todos son ejemplares de museo.
Otra muestra más de que si uno se pone a excavar en Washington, encuentra lo que sería muy difícil o imposible en otras ciudades.
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