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El Almirante Padilla

México y Colombia cuentan con un pasado orgulloso, una herencia virreinal que forjó una raza y el recuerdo de las luchas épicas de libertadores. La cultura, es otro sólido bastión en la fraternidad colombo-mexicana. Gabriel García Márquez tuvo en México su segunda patria, aquí vivió y escribió. Pero el natural de Aracataca, no sólo frecuentó los afamados círculos intelectuales mexicanos, sino que fue querido por todos. En el Estado de Morelos, los cuernavacenses se sentían orgullosos de que “Gabo” fuera un vecino más del centenario barrio de Acapantzingo. A su muerte, fue despedido con un emotivo homenaje en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. La música también nos une, y no es extraño encontrar a un grupo de mariachis amenizando un festejo familiar en Colombia. No existe mejor referente de nuestra bicentenaria amistad y mutuo reconocimiento, que el hecho de que el congreso colombiano, haya designado al Presidente Benito Juárez como el “Benemérito de las Américas”.

Pero a los lazos de hermandad, se unen también las rondas de la historia, en este caso con asombrosas similitudes alrededor de la consumación de nuestros procesos de independencia. Aquí es donde emerge la figura del primero de los marinos de guerra colombianos: el Almirante José Prudencio Padilla López.

La independencia en México, se logró en septiembre de 1821, gracias a Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero. Sin embargo, España retuvo un último reducto en San Juan de Ulúa, frente a las murallas de Veracruz. La fortaleza fue entonces recuperada en noviembre de 1825 por el Capitán de Fragata Pedro Sainz de Baranda, de la naciente Armada de México. Baranda fue un criollo campechano, quien previamente sirvió en la Armada Española y tuvo su bautismo de fuego en la Batalla de Trafalgar. Vicente Guerrero a su vez, fue el notable guerrillero de ascendencia afromexicana, que sostuvo la llama de la insurgencia tras la muerte del General Morelos y más tarde en el México independiente, fue también Presidente de la República. Guerrero murió fusilado en 1831, trás ser depuesto en una de las recurrentes disputas internas, que fueron acento en los primeros años de vida de las naciones hispanoamericanas.

José Padilla López, el “Nelson Colombiano” como lo llegó a llamar Bolívar, nació en 1778, en el seno de una familia de pardos, igual que Guerrero, en Riohacha, Guajira, en el Virreinato de la Nueva Granada. Su padre fue un modesto constructor de canoas. Su condición de afrocolombiano, por lo que también era llamado mulato, no fue fácil en el complejo sistema de castas existente en las posesiones españolas, por lo que Padilla libró con éxito su primera batalla, imponiendo su talento a los prejuicios raciales de la época.

A los 14 años se embarcó como grumete en un buque. Cinco años después volvió a su tierra natal y casi de inmediato se alistó en la Armada Española mostrando notables aptitudes para el servicio naval. Participó al igual que Baranda, en la Batalla de Trafalgar donde fue hecho prisionero. Los británicos entonces lo destinaron a trabajos forzados en un pontón, pero afortunadamente fue canjeado con otros prisioneros tres años más tarde. Volvió a la Nueva Granada para continuar trabajando en labores marinas, pronunciándose por la independencia de su patria en 1811. A partir de entonces comenzó una brillante carrera naval, donde se distinguió no sólo por su pericia sino por su arrojo. Fue ascendiendo en el escalafón por rigurosos méritos en campaña. En 1815, al mando de una cañonera, venció a la fragata española “ Neptuno” ahí capturó al Mariscal Hore, con cerca de 300 hombres, 2000 fusiles y pertrechos de guerra. Por está acción Bolívar, lo hizo Comandante de Fragata. Destacó en el asedio de Cartagena y las victorias continuaron, pero su momento estelar se dio en la Batalla del Lago de Maracaibo, librada el 24 de julio de 1823. En Maracaibo, Padilla destruyó a la escuadra realista y logró la rendición de la guarnición de Puerto Cabello. Con esta vibrante victoria naval, el también conocido como Almirante de Cartagena, aseguró la independencia de la Gran Colombia.

Trás la independencia, Padilla fue acusado injustamente de participar en la Conspiración Septembrina de 1828, cuando el Libertador estuvo a punto de ser asesinado en el Palacio de San Carlos en Bogotá, pero pudo huir ayudado por Manuela Saenz. El Almirante, enfrentó el juicio con entereza y rechazó un intento de rescate. Padilla a pesar de su trayectoria, popularidad y ascendencia entre los pardos, fue fusilado el 2 de octubre de 1828. Poco después, Bolívar manifestó su arrepentimiento por la muerte del bravo marino.

Las gestas de los héroes, hombres de carne y hueso al fin, no se deben ceñir solo a las ceremonias oficiales, a los bronces o a los mausoleos de mármol, sino que su legado debe difundirse y mantenerse vivo. Esto último es lo que hace la Armada de Colombia. Entre otras acciones, ha realizado, en colaboración con otras entidades, la gran producción “Padilla”, película épica y biográfica que será estrenada el próximo verano. Ya con anterioridad y con motivo del bicentenario de la Batalla del Lago de Maracaibo, la marina de guerra colombiana, publicó con Grupo Planeta, una extraordinaria edición sobre la acción naval titulada “La Batalla Decisiva”. Hoy con enorme satisfacción se puede constatar que la Armada de Colombia, no solo protege el azul de la bandera, como reza su lema institucional, sino que también es una destacada centinela del pasado colombiano, promoviendo y divulgando en diversos medios, la memoria histórica e identidad de la nación hermana.

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