Columna de opinión
El espejo de Sheinbaum
José Luis Parra
Por: José Luis Parra
Donald Trump encontró en las urnas a un adversario que no pudo doblegar: el electorado estadounidense. Y de paso dejó una lección que debería estudiarse con mucho cuidado en Palacio Nacional, donde despacha Claudia Sheinbaum y se prepara la elección intermedia de 2027.
Los estadounidenses salieron a votar el martes y le cambiaron el escenario político a Trump. Los demócratas recuperaron el Senado y la Cámara de Representantes. Y lo hicieron arrebatando posiciones a los republicanos incluso en territorios tradicionalmente conservadores.
El mensaje fue contundente. Los electores tienen la última palabra.
El diario The New York Times publicó un editorial titulado Trump encontró un rival a su altura, donde destaca que trabajadores electorales, abogados y jueces resistieron las presiones presidenciales y defendieron las reglas democráticas.
Interesante lección.
Sobre todo para México, donde el movimiento de la Cuarta Transformación enfrenta en 2027 su primera elección intermedia bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum. Una prueba para medir el respaldo popular al gobierno y la capacidad de sus adversarios para disputar espacios de poder.
Obviamente hay diferencias.
En Estados Unidos el sistema federal permite a los estados administrar sus elecciones con amplios márgenes de autonomía. Y los tribunales demostraron que podían frenar decisiones presidenciales contrarias a las normas electorales.
En México el INE organiza las elecciones federales y comparte responsabilidades con los organismos electorales locales. Pero las reformas institucionales, la nueva integración del Poder Judicial y el debate sobre los contrapesos han colocado bajo discusión las condiciones de la competencia democrática.
Y aquí viene lo interesante.
En junio de 2027 se renovarán las 500 diputaciones federales, estarán en disputa 17 gubernaturas y miles de cargos locales. Morena y sus aliados tendrán que defender su mayoría legislativa, mientras PAN, PRI, Movimiento Ciudadano y otras fuerzas buscarán ampliar su representación.
¿Podría repetirse el fenómeno estadounidense?
No necesariamente.
Trump y Sheinbaum gobiernan países distintos, con estructuras partidistas diferentes y circunstancias políticas que no permiten trasladar mecánicamente los resultados electorales de una nación a otra.
Pero ambos procesos tienen un punto de comparación: las elecciones intermedias permiten medir la relación entre el poder presidencial, la ciudadanía y los contrapesos legislativos.
En México la interrogante es doble.
Primero, si Morena logrará conservar el respaldo electoral que lo llevó a dominar buena parte del mapa político nacional.
Y segundo, si la oposición tendrá capacidad para construir una alternativa que vaya más allá de los discursos contra el oficialismo.
Porque una cosa es capitalizar el desgaste del gobierno y otra muy distinta convencer al electorado.
El ejemplo estadounidense tampoco significa que los demócratas hayan resuelto sus problemas internos. Recuperar el Congreso no equivale a recuperar automáticamente la confianza de todos los ciudadanos.
Aquí la oposición mexicana tendría que tomar nota.
El antipresidencialismo, por sí solo, no constituye un programa de gobierno.
Y Morena tampoco debería confundir una mayoría legislativa con un cheque en blanco para toda la vida. Los votos tienen fecha de caducidad. Se renuevan o se pierden.
En Sonora la elección tendrá ingredientes adicionales. Se disputarán la gubernatura que dejará Alfonso Durazo, las diputaciones y las alcaldías. Será también un examen para la estructura política del gobernador saliente y para los grupos que aspiran a sucederlo.
Pero falta conocer candidatos, alianzas y, sobre todo, el ánimo ciudadano cuando llegue la hora de acudir a las urnas.
Hay otro elemento que no puede quedar fuera: la violencia y la posible intervención del crimen organizado en los procesos electorales mexicanos. Un problema que introduce riesgos adicionales para candidatos, funcionarios y votantes.
La democracia no consiste solamente en contar votos. También requiere garantizar que puedan emitirse libremente.
Por lo pronto, los resultados estadounidenses ofrecen una advertencia para cualquier partido que ejerza el poder: las mayorías electorales no son eternas y las instituciones importan cuando llega el momento de disputar el mando.
Claudia Sheinbaum enfrentará su examen legislativo el 6 de junio de 2027.
La oposición también.
Y los mexicanos tendrán la oportunidad de evaluar a unos y otros.
Porque en política los gobiernos pueden controlar muchas cosas. Pero el comportamiento de millones de electores en la intimidad de las urnas sigue siendo una variable difícil de dominar.
Trump acaba de comprobarlo.
¿Tomarán nota en México?
Ya veremos.
Por lo pronto, el bisturí electoral estadounidense dejó una herida política que tardará en cicatrizar.
En México todavía falta saber quién terminará en la mesa de operaciones.
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