Enaela García CEO de CYCSAS
El sector asegurador enfrenta una transformación ambivalente: la misma Inteligencia Artificial (IA) que agiliza procesos y mejora la experiencia del cliente también se ha convertido en una herramienta para sofisticar el fraude. Es la llamada “Paradoja de la IA”: mientras las empresas incorporan tecnología para ganar eficiencia, los ciberdelincuentes la utilizan para hacer sus ataques más convincentes y difíciles de detectar.
En 2026, 80% de los ataques de identidad contra el sector asegurador ya incorporan algún componente de IA generativa, según datos citados por la industria. El phishing tradicional, con errores ortográficos o mensajes genéricos, está evolucionando hacia comunicaciones hiperrealistas capaces de imitar el lenguaje y contexto de empresas, directivos y proveedores. Correos, facturas, audios y videollamadas pueden ser manipulados mediante deepfakes.
El riesgo también alcanza al fraude en siniestros. La IA permite generar imágenes de accidentes, robos o daños materiales que nunca ocurrieron, poniendo a prueba los mecanismos tradicionales de peritación y validación.
La respuesta, sin embargo, no puede limitarse a adquirir más software. Firewalls, autenticación multifactor y sistemas de detección siguen siendo indispensables, pero el factor humano continúa siendo crítico. Un atacante no necesita vulnerar técnicamente un sistema si consigue que un empleado autorice una transferencia o entregue sus credenciales.
Por ello, la gestión del riesgo debe combinar diagnóstico técnico, cultura de ciberseguridad y transferencia del riesgo, mediante coberturas que contemplen tanto daños tecnológicos como interrupciones operativas y responsabilidades frente a terceros.
La nueva frontera de la ciberseguridad es la confianza. Si la IA puede replicar una voz, generar una imagen o redactar una comunicación prácticamente indistinguible de la legítima, las organizaciones deberán aprender a verificar incluso aquello que parece auténtico.
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