Columna de opinión
El ruido también contamina
Denise Díaz Ricardez
Fuera de todo
Denise Díaz Ricárdez
El derrame de crudo extendido en el litoral del Golfo de México desde mediados de febrero sigue con la atención de instancias gubernamentales, académicas y sociales por determinar no solo el origen sino sus consecuencias en la ecología marina.
Hasta ahora hay indicios de que frente a las costas de Campeche pudo apreciarse una enorme mancha en cuyo alrededor estaba una embarcación y la plataforma petrolera Abkatúm en Campeche, desde donde las corrientes lo fueron dispersando hacia las costas de esa entidad, Tabasco, Veracruz, Tamaulipas e incluso en la Isla del Padre en Brownsville, Texas.
Así que las manchas de crudo de diversos tamaños han recorrido -según datos recopilados- unos 600 kilómetros y más concentraciones visibles en 230 kilómetros.
Hay un evidente interés de autoridades de los tres niveles de gobierno y desde luego Petróleos Mexicanos por determinar con precisión de donde provienen esas toneladas de crudo que las corrientes han dispersado en playas y han dañado ecosistemas marinos, de paso a actividades pesqueras del litoral.
Hasta ahora se sabe por imágenes satelitales que durante el inicio del derrame durante el mes de febrero alcanzó una superficie de aproximadamente 50 kilómetros cuadrados.
Lo importante ahora es la continuidad urgente en la atención a las playas, lagunas, arrecifes, fauna, por parte de autoridades y de manera relevante con los centros de investigación marina de la UNAM y de sus afines en las entidades afectadas, que tienen personal altamente calificado para contribuir mediante el plan de acción que se determine, la recuperación de los daños causados a las ciudades y comunidades ribereñas desde Campeche hasta Tamaulipas.
Determinar responsabilidades si las hay y unir esfuerzos materiales y científicos en pro del Golfo de México.
Sin exagerar, es una amenaza seria para los ecosistemas marinos y la biodiversidad local, afectando manglares, especies y la calidad del agua; sin embargo, el impacto mediático del incidente ha caído en una narrativa alarmista que, lejos de contribuir a la solución o a la correcta información, amplifica el daño social y económico.
La difusión de imágenes fuera de contexto y generalizaciones sobre toda la región generan una percepción de desastre total que ahuyenta al turismo y golpea directamente a quienes dependen del mar para subsistir, como pescadores, palaperos y restauranteros, quienes enfrentan no solo las consecuencias ambientales, sino también una crisis de confianza que reduce su actividad y sus ingresos.
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