Publicidad
← Portada

Columna de opinión

Ellos sí tienen un México

Juan Luis Parra

11 visitas
Publicidad

Juan Luis Parra

 

“China no tiene un México. Europa no tiene un México. Nosotros sí”. La frase la pronunció Ross Perot Jr., uno de los empresarios más importantes de Texas, durante el Bloomberg Invest Dallas, y debería provocar entre los mexicanos algo más que orgullo. Porque mientras aquí seguimos discutiendo nuestra relación con Estados Unidos como si pudiéramos escoger entre la soberanía absoluta y la subordinación, allá hay empresarios que contemplan a México como una de sus mayores ventajas para competir con el resto del mundo. Lo interesante no es que un multimillonario estadounidense hable bien de nuestro país, sino que parezca tener bastante más claro para qué lo necesita, que nosotros mismos.

La historia tiene una ironía familiar. Su padre, Ross Perot, fue candidato presidencial estadounidense en 1992 y uno de los enemigos más conocidos del Tratado de Libre Comercio. Advertía que las empresas abandonarían Estados Unidos para aprovechar los bajos salarios mexicanos. Más de treinta años después, su hijo habla de México como una pieza indispensable para la prosperidad norteamericana.

Perot Jr. no está proponiendo anexar México ni formar un nuevo país. Habla de integración económica, recursos, industria y, especialmente, población. Su argumento es que México aporta juventud a una región que necesita trabajadores y consumidores para sostener su crecimiento. En 2025, aproximadamente una cuarta parte de los mexicanos tenía menos de quince años, aunque nuestra natalidad también está disminuyendo. No somos una reserva inagotable de jóvenes, pero seguimos representando una ventaja demográfica frente a economías que envejecen más rápidamente. Y ahí aparece la parte menos romántica del elogio: cuando un empresario dice que México mantiene joven a Norteamérica, también está hablando de nuestra gente como un recurso económico.

Tampoco es una relación que esté por comenzar. México fue el principal socio comercial de Estados Unidos en 2025, con un intercambio de bienes y servicios cercano al billón de dólares. Las fábricas, los proveedores y las cadenas de distribución ya funcionan como piezas de una misma economía, aunque los políticos de ambos lados de la frontera prefieran hablar de independencia cuando tienen un micrófono enfrente. La revisión del T-MEC este año recordó que esa integración también está llena de disputas.

Washington quiere mejores condiciones y mayor control sobre las cadenas de suministro; México necesita conservar el acceso al mercado del que depende buena parte de sus exportaciones. La relación es indispensable, pero nadie debería confundir la necesidad mutua con una negociación entre iguales.

En Sonora esto tendría que entenderse sin demasiadas explicaciones. Basta mirar la industria de Hermosillo, las operaciones manufactureras de Nogales o el comercio que cruza diariamente hacia Arizona. Nuestra economía lleva décadas relacionada con la estadounidense, y ahora se habla de semiconductores, electromovilidad y nuevas inversiones. El potencial existe, pero también la vieja costumbre de celebrar anuncios como si fueran resultados. Una planta industrial puede generar empleos, aunque eso no significa necesariamente que estemos desarrollando tecnología propia, formando suficientes especialistas o creando empresas mexicanas capaces de competir por algo más que el costo de su mano de obra.

Y ese es el asunto que me preocupa. México puede convertirse en una pieza cada vez más valiosa para la economía norteamericana sin que los mexicanos necesariamente recibamos la parte que nos corresponde de esa prosperidad. Podemos aportar trabajadores, territorio, energía y cercanía geográfica mientras las decisiones estratégicas, las patentes y las mayores ganancias se quedan en otra parte. La integración ofrece oportunidades reales, pero aprovecharlas exige educación, infraestructura, seguridad y una política industrial que piense más allá de inaugurar parques industriales o presumir cifras de inversión. No basta con estar al lado del país más rico del mundo. Hay que saber qué hacer con esa posición.

La frase de Perot Jr. probablemente seguirá circulando como un cumplido hacia México, y entiendo por qué resulta agradable escucharla. Durante demasiado tiempo nos han descrito desde el norte principalmente como un problema de migración, narcotráfico o seguridad. Que ahora nos presenten como una ventaja resulta refrescante, aunque los intereses económicos detrás del reconocimiento sean bastante evidentes. Lo que no quisiera es que termináramos conformándonos con ser importantes para el futuro de Estados Unidos mientras seguimos posponiendo el nuestro. Porque Ross Perot Jr. tiene razón en algo: China no tiene un México, Europa tampoco y Estados Unidos sí. La pregunta incómoda es si nosotros estamos aprovechando el México que tenemos.

Publicidad

Más columnas de Juan Luis Parra

Juan Luis Parra

Porrista con expediente

Juan Luis Parra   Hay funcionarios que administran instituciones y otros que administran propaganda. Jenaro Villamil decidió hace tiempo, al igual que…

Leer columna →