InicioRodolfo González FernándezEnvejacimiento de la población y sus efectos en la educación

Envejacimiento de la población y sus efectos en la educación

ÍNDICE POLÍTICO

COLABORACIÓN 6 

Por Rodolfo González Fernández

 

México tiene una población de casi 131 millones de personas, según los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI. El crecimiento poblacional anual disminuyó a 0.7 por ciento y el índice de envejecimiento llegó a 68.2, hay aproximadamente 68 personas de 60 años o más por cada 100 menores de 15 años. Estos cambios plantean nuevas condiciones y necesidades a México y las relacionadas con la educación se tiene que empezar a atender ya.

Una de las consecuencias previsibles de la disminución de los nacimientos es la menor demanda de educación preescolar. Con el paso de los años, esa tendencia llegaría a la primaria, la secundaria y la educación media superior.

La situación exige que las autoridades revisen desde ahora sus planes —si los hay— o, cuando menos, anticipen los escenarios que deberán enfrentar. Podría ser necesario fusionar, reubicar o cerrar planteles; reorganizar presupuestos; ajustar el número de grupos y redistribuir e incluso reducir plazas docentes.

Al mismo tiempo, se abriría la oportunidad de optimizar la atención por alumno, mejorar las instalaciones y el equipamiento de las escuelas, y las prestaciones laborales de los profesores.

Estas implicaciones son deducciones a partir de las tendencias que muestran los datos del INEGI. La magnitud de sus efectos dependerá de la visión del actual gobierno federal, aunque este no lo vea así. Sus decisiones tendrán consecuencias sobre las condiciones económicas y sociopolíticas del país durante los próximos 25 o 30 años. Atender los requerimientos actuales es también decidir cómo se prepara el futuro nacional y mostrar un verdadero compromiso de largo aliento con México. De no hacerlo, además de asumir una posición mezquina, se mostraría interés en impulsar un proyecto político personal o de un sector político.

En la educación superior, quienes nacieron en 2025, año de referencia de la encuesta, estarían buscando un lugar en las universidades públicas en 2043. Ese horizonte ofrece tiempo para hacer proyecciones, revisar planes y programas de estudio y replantear las estrategias de desarrollo institucional. Cada área de conocimiento, facultad, región y especialidad necesita ser analizada para definir el camino a seguir.

El cambio demográfico también plantea necesidades inmediatas. La población adulta enfrenta el reto de actualizarse profesionalmente, reconvertirse en el ámbito laboral, incorporar nuevas tecnologías y adaptarse a otros modelos de aprendizaje. Algunas universidades e institutos públicos ya ofrecen respuestas incipientes, aunque todo indica que no avanzan con la velocidad necesaria.

Asimismo, la revisión institucional también debe analizar qué hacer con los programas con baja o nula demanda. La aparición de nuevos empleos y especialidades, junto con el escaso interés de los jóvenes en áreas que consideran “poco atractivas o no muy populares”, obliga a revisar la pertinencia y posibilidades de desarrollo en todas las áreas del conocimiento.

Sin embargo, menos nacimientos no significan automáticamente menos demanda de espacios universitarios. Según los datos del INEGI, la asistencia escolar de las personas de 15 a 24 años aumentó de 44.4 a 47.3 por ciento, entre 2020 y 2025. La educación superior debe considerar ambas tendencias al proyectar su crecimiento.

De persistir la baja natalidad, también habrá que evitar que disminuya la incorporación de profesionales bien preparados a la docencia universitaria. Si las instituciones no cuentan con financiamiento suficiente para enfrentar sus desafíos presupuestales y mejorar las prestaciones de los profesores, el panorama del desarrollo nacional podría oscurecerse.

El relevo generacional merece atención desde ahora. Formar a los futuros docentes y abrirles oportunidades con tiempo no debe estar a discusión si se quiere evitar el deterioro de la calidad académica y aprovechar la experiencia de quienes llevan décadas en las aulas.

Investigar y producir más conocimiento sobre el envejecimiento y sus consecuencias es urgente dentro y fuera del sector educativo. Se requiere mayor conocimiento sobre los cuidados de los adultos mayores, el diseño de espacios accesibles, los servicios de salud indispensables, las pensiones, la movilidad, el acercamiento a las tecnologías para que vayan a su favor y no en su contra, así como la reorganización de las comunidades. Se requieren nuevas respuestas.

La nueva realidad demográfica y sus necesidades presentan a las universidades muchas oportunidades de servicio y de vinculación con la sociedad y el mundo laboral. NO deben desaprovecharlo.

No hay una fecha fatal para el retiro de los profesores. Esa decisión individual no puede conocerse con exactitud ni deducirse de las cifras del INEGI. Las universidades, en cambio, pueden hacer estimaciones sobre qué ocurriría durante los próximos diez años si analizan las edades de sus docentes por facultad, centro e instituto. Las herramientas tecnológicas y la inteligencia artificial pueden ayudar a identificar dónde es más urgente preparar el relevo.

El envejecimiento de la población ya plantea decisiones educativas. El tiempo disponible para anticiparlas será útil solo si las autoridades y las instituciones empiezan a actuar ya.

Artículo anterior
Artículo siguiente
ARTÍCULOS RELACIONADOS

LO MÁS LEÍDO