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Columna de opinión

¿Cómo afectan a México las elecciones en EE. UU.?

Rodolfo González Fernández

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Rodolfo González Fernández
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ÍNDICE POLÍTICO 11

Por Rodolfo González Fernández

 

Con las primeras señales favorables a los demócratas en los comicios de ayer, hasta las 20:00 horas, considero que el presidente Donald Trump volteará a ver y a apretar más a la presidenta Claudia Sheinbaum con los temas que han sido ejes de presión en 2026: seguridad y narcotráfico, comercio, agua y, en menor medida, migración.

La revisión de la información de los diez meses transcurridos del año muestra que el mandatario estadounidense ha utilizado dos formas de “arrimar el caballo” a la mandataria mexicana y a su equipo: las descalificaciones personales y las exigencias formales de su administración. En algunos momentos ha recurrido a ambas al mismo tiempo.

Ahora enfrenta un escenario en el que podría perder el control de una o ambas cámaras del Congreso, aunque al corte de esta columna todavía no se podía asegurar cuál sería su composición a partir de enero de 2027. La jornada estuvo precedida, además, por nuevos ataques estadounidenses contra Irán. Por su cercanía con las elecciones, cabe preguntarse si Trump también buscó recuperar terreno político; afirmarlo como propósito demostrado requeriría más elementos.

Los resultados conocidos hasta la hora señalada incluían la victoria proyectada del demócrata Roy Cooper en Carolina del Norte, en un escaño hasta ahora republicano. Ese avance puede representar un pequeño respiro para el gobierno morenista en el tema comercial, si se traduce en un fortalecimiento de los contrapesos y, con ello, de los espacios de negociación. Tampoco hay que exagerar: no desaparecerían las exigencias comerciales contra México y Trump conservaría instrumentos ejecutivos para ejercer presión.

En ese terreno, la negociación podría transitar en condiciones un poco menos radicales, si los sectores empresariales cercanos a los demócratas impulsan acuerdos que los beneficien y les permitan recuperar parte del terreno que consideran perdido durante el segundo mandato de Trump.

Es de esperarse, dado el perfil mostrado por Donald Trump, que un revés electoral lo encamine a intensificar las decisiones ejecutivas o el discurso virulento contra México. El debilitamiento electoral no significa necesariamente que los aires de la moderación lleguen a su estrategia política.

También podría exigir mayor determinación del gobierno mexicano y de sus fuerzas policiales y de seguridad contra el narcotráfico. Esa presión podría incluir nuevas demandas de detención y entrega de personajes significativos. En ese escenario, nombres como el de Rubén Rocha Moya podrían aparecer en la discusión política; se trata de una hipótesis, no de una solicitud estadounidense que aquí pueda dar por confirmada. Creo, además, que aumentaría el número de “personalidades” a las que les sería retirada la visa.

Incluso, no tendríamos que descartar que, de manera políticamente hábil y hasta perversa, algún sector demócrata deje correr la actitud agresiva del mandatario estadounidense, siguiendo la máxima de que, cuando tu enemigo se esté equivocando, no lo distraigas.

Si se confirma que el Partido Republicano pierde el control de una sola cámara, la administración federal estadounidense enfrentará mayor supervisión y más dificultades para aprobar cambios legislativos impulsados por el presidente o su partido. Si los demócratas dominan el Senado, también tendrán mayor influencia sobre la aprobación de nombramientos.

Podría esperarse más vigilancia sobre la actuación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, el ICE, así como intentos de limitar o condicionar su presupuesto. Eso no significaría que se suspendieran las deportaciones.

El agua añade un interés específico para Texas y sus agricultores, al que se suman las reclamaciones estadounidenses sobre el cumplimiento de las entregas mexicanas conforme al Tratado de 1944. El resultado electoral podría modificar la intensidad de algunas reacciones, pero difícilmente borrará el fondo de una relación marcada por disputas y negociaciones anteriores.

Es razonable pensar que una parte del gabinete morenista vea con buenos ojos un avance demócrata, por los contrapesos que podría generar en las negociaciones del T-MEC.

Eso no significa que la oposición estadounidense vaya a abandonar sus propias exigencias hacia México.

En cuanto al trato directo hacia Sheinbaum, el punto más delicado ha sido cuestionar su capacidad para enfrentar a los cárteles y su negativa a permitir la participación de fuerzas estadounidenses en operaciones contra el narcotráfico dentro de México.

Sin embargo, Trump también ha reconocido resultados de su gobierno: el documento presidencial de septiembre destacó decomisos, destrucción de laboratorios y despliegues fronterizos, aunque enseguida pidió más acciones. La relación ha combinado presión, descalificaciones y cooperación.

Las urnas pueden modificar los contrapesos en Washington; no necesariamente la manera en que Trump presiona a México. Para Sheinbaum, un Congreso menos alineado con él podría abrir espacio de negociación, pero no sería un cheque en blanco ni una garantía de moderación.

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